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Parry: La deuda con Gary Webb
Submitted December 14, 2004 - 3:16 pm by Luis GomezPero seguía preocupado porque la muerte de un amigo como ése quedara en manos de los medios que lo atacaron hasta dejarlo sin trabajo. Pensé en escribir yo mismo una nota para dejar las cosas en claro frente a las infamias de agencias como Reuters o Associated Press, de medios como el New York Times, Los Angeles Times y el San Jose Mercury News (donde publicó su legendaria serie sobre la relación de la Contra nicaragüense y el tráfico de cocaína en Estados Unidos)... pero ya alguien, con elegancia y mucho más conocimiento del tema, lo había hecho en inglés.
La nota de Robert Parry en Consortiumnews es para mí, con todo respeto a Mike Ruppert y otros talentosos colegas, la mejor pieza de recuento y homenaje a Gary Webb... por ello la he traducido y la pongo acá. Para que Laura y mis otros camaradas que no hablan inglés puedan leerla y estar al tanto...
Parry es un veterano periodista que lanzó muchas de las historias del caso Irán-Contras en los años ochenta para Associated Press y Newsweek... y eso, como a Gary, le costó el trabajo y ser atacado desde varias trincheras en los medios comerciales. Quiero agradecerle profundamente haber accedido a la publicación en esta página de la versión en español de su nota...
La deuda de América con el periodista Gary Webb
por Robert Parry
Diciembre 13, 2004
En 1996, el periodista Gary Webb escribió una serie de artículos que forzaron una investigación muy amplia sobre un capítulo muy oscuro en la política exterior reciente de los Estados Unidos la protección dada por los gobiernos de Reagan y Bush a traficantes de cocaína que operaban bajo la cobertura de la Contra nicaragüense en los años ochenta.
Por su valiente reporteo para el San Jose Mercury News, Webb pagó un precio alto. Fue atacado por colegas en el New York Times, el Washington Post, el Los Angeles Times, la American Journalism Review e inclusive en la revista The Nation. Bajo esta presión mediática, su editor Jerry Ceppos saldó la historia y removió a Webb, llevándolo a renunciar al Mercury News. Hasta el matrimonio de Webb se quebró.
El viernes 10 de diciembre, Gary Webb, de 49 años, murió de un aparente suicidio, una herida de bala en la cabeza.
Sin importar los detalles de la muerte de Webb, la historia estadounidense tiene con él una enorme deuda. Aunque denigrado por muchos de los medios noticiosos nacionales, la serie de Webb sobre la Contra y la cocaína provocaron investigaciones internas en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Justicia, pruebas que confirmaron que miembros de unidades de la Contra e individuos conectados con ella estaban implicados en el comercio de drogas. Las pruebas también mostraron que el gobierno de Reagan y Bush frustró investigaciones sobre esos crímenes por razones geopolíticas.
Medios fallidos
Sin intención, Webb también expuso la cobardía y conducta antiprofesional que se volvieron las nuevas marcas de los grandes medios noticiosos de Estados Unidos a mediados de los noventa. Los grandes centros noticiosos siempre estuvieron a la caza de algún cintilante escándalo el caso de O.J. Simpson o el escándalo de Monica Lewinsky- pero los grandes medios ya no podían confrontar serios crímenes de estado.
Inclusive luego de que el inspector general de la CIA presentó sus hallazgos en 1998, los grandes diarios no pudieron hallar el coraje o el talento para explicar esas extraordinarias admisiones del gobierno ante el pueblo estadounidense. Ni tampoco se disculparon por el injusto trato que dieron a Gary Webb. Ensombreciendo la incompetencia de los medios que fallaría en refutar el caso de George Bush en la guerra contra Irak cinco años más tarde, las grandes organizaciones de noticias efectivamente escondieron la confesión de la CIA al pueblo estadounidense.
El New York Times y el Washington Post nunca dieron mucho espacio al resumen ejecutivo de la CIA, que intentaba dar el mejor giro a los hallazgos del Inspector General Frederick Hitz. El Los Angeles Times ni siquiera escribió una nota luego de que fuera publicado el documento final del informe de la CIA, aunque la nota inicial de Webb se enfocaba justamente en los embarques de cocaína al sur y al centro de Los Angeles que involucraban a la Contra.
El encubrimiento del Los Angeles Times continúa después de la muerte de Webb. En un cruel obituario sobre Webb, el reportero del Times, que llamó para entrevistarme, ignoró mis comentarios acerca de la deuda que la nación tiene con Webb y la importancia de los hallazgos del inspector general de la CIA. En vez de usar la muerte de Webb como una oportunidad para finalmente corregir esa historia, el Times actuó como si nunca hubiera existido una investigación oficial que confirmaba los muchos alegatos de Webb [Los Angeles Times, Diciembre 12, 2004].
Al mantener el encubrimiento sobre la cocaína y la Contra inclusive luego de que la CIA admitiera los hechos-, los grandes diarios parecen haber comprendido que podrían evitar cualquier consecuencia por su egregia conducta en los noventa, o por su negligencia hacia el tema Contras-cocaína cuando apareció por vez primera en los ochenta. Después de todo, los medios conservadores el principal competidor de los grandes medios- no van a pedir una revisión de los crímenes de los años de Reagan y Bush.
Esto quiere decir que sólo unos cuantos medios pequeños, como nuestro Consortiumnews.com, regresarán a los hechos ahora, al igual que solamente unos cuantes de nosotros explicamos el significado de las admisiones del gobierno a fines de los noventa. He compilado y explicado los hallazgos de las investigaciones de la CIA y el Departamento de Justicia en mi libro de 1999, Lost History: Contras, Cocaine, the Press & Project Truth. [La historia perdida: los Contras, la cocaína, la prensa y el Proyecto Verdad]
El caso Contra-Cocaína
La historia perdida, que tomó su nombre de una serie publicada en este sitio web, también describe cómo la historia de la Contra y la cocaína llegó por primera vez al público en una nota que escribimos Brian Barger y yo para Associated Press en diciembre de 1985. Aunque los grandes diarios abuchearon nuestro descubrimiento, el Senador John Kerry siguió nuestra historia con su propia investigación de campo. Gracias a sus esfuerzos, Kerry también encontró el rídiculo de los medios. Newsweek tachó al senador por Massachusetts de ser un cachondo entusiasta de la conspiración [Para más detalles, vean en inglés Consortiumnews.coms Kerrys Contra-Cocaine Chapter.].
Así que cuando Gary Webb revivió el tema de la Contra y la cocaína en agosto de 1996 con una serie en tres partes de 20 mil palabras, titulada La alianza oscura, los editores de los grandes diarios ya tenían un poderoso interés en dejar caer una historia que ya habían desechado la década pasada.
El reto a sus juicios previos era doblemente doloroso porque el sofisticado sitio web del Mercury News hizo posible que la serie deWebb hiciera un gran ruido en Internet, que estaba apenas surgiendo como una amenaza para los medios tradicionales. También, la comunidad afroamericana estaba furiosa con la posibilidad de que las políticas del gobierno de Estados Unidos hubieran contribuido a la epidema del crak y la cocaína.
En otras palabras, los editores, casi todos hombres y blancos, de los grandes diarios vieron su preminencia para juzgar noticias disputada por un creciente periódico regional, por Internet y por ciudadanos estadounidenses comunes, que también por cierto eran negros. Así que, aunque la CIA estaba lista para llevar a cabo una relativamente completa y honesta investigación, los grandes diarios parecían más dispuestos a proteger su reputación y sus bases.
Sin duda, la serie de Webb tenía sus limitaciones. Rastreaba primariamente una red de traficantes contras de cocaína en la Costa Oeste de principios a mediados de los ochenta. Webb conectaba la cocaína a una temprana red de producción de crack que proveía a las pandillas callejeras de Los Angeles, los Crips y los Bloods, llevando a la conclusión de Webb de que la cocaína alimentó la temprana epidemia de crack que devastó Los Angeles y otras ciudades de Estados Unidos.
Contrataque
Cuando los líderes negros comenzaron a demandar una investigación a fondo sobre estos cargos, los medios de Washington se unieron al establishment político como en vagones enganchados. Cayó en el derechista Washington Times del reverendo Sun Myung Moon el turno de iniciar el contrataque contra la serie de Webb. El Washington Times volteó hacia algunos ex funcionarios de la CIA, que habían peleado en la guerra de la Contra, para refutar los cargos de drogas.
Pero en un patrón que se repetiría a sí mismo en otros temas en los años por venir- el Washington Post y otros grandes medios rápidamente se alinearon detrás de los medios conservadores. En octubre 4 de 1996, el Washington Post publicó un artículo en primera plana tirando abajo la historia de Webb.
El acercamiento del Post tenía dobleces: primero, presentaba los alegatos sobre la Contra y la cocaína como noticia pasada inclusive el personal de la CIA testificó ante el Congreso que sabía de esas operaciones encubiertas que involucraban a narcotraficantes, informaba el Post- y segundo, el Post minimizaba la importancia de un canal de contrabando Contra que Webb había descubierto- que no había jugado un rol importante en la surgimiento del crack. Un recuadro del Post desechaba a los afroamericanos como proclives a temores de conspiración.
Pronto, el New York Times y el Los Angeles Times se unieron al montón contra Gary Webb. Los grandes diarios hicieron mucha cosa de las revisiones internas de la CIA en 1987 y 1988, que supuestamente liberaban a la agencia de espionaje de un rol en el contrabando Contra de cocaína.
Pero la cobertura de una década de la CIA comenzó a quebrarse el 24 de octubre de 1996, cuando su Inspector General Hitz concedió ante el Comité de Inteligencia del Senado que la primera investigación a la CIA duró solamente doce días y la segunda solamente tres. Prometió una revisión más completa.
Burlándose de Webb
Mientras tanto, como sea, Gary Webb se convirtió en blanco de los ridículos e incorrectos medios. El influyente crítico de medios del Post Howard Kurtz se burló de Webb por decir en una propuesta de libro que exploraría la posibilidad de que la guerra de la Contra fuera primeramente un negocio para sus participantes. Oliver Stone, chequea tu correo de voz, ser reía entre dientes Kurtz [Washington Post, octubre 28, 1996].
La sospecha de Webb, sin embargo, no carecía de fundamento. El emisario del asistente de la Casa Blanca Oliver North, Rob Owen, señaló el mismo punto una década antes en un mensaje, en marzo 17 de 1986, sobre los chicos sobre el terreno. Pocos de los así llamados líderes del movimiento... realmente se preocupan sobre los chicos sobre el terreno, escribió Owen, ESTA GUERRA SE HA CONVERTIDO EN UN NEGOCIO PARA MUCHOS DE ELLOS [mayúsculas en el original].
Sin embargo el empalamiento de Gary Webb estaba en marcha, iba en serio. El ridículo tuvo también un efecto predecible en los ejecutivos del Mercury News. A principios de 1997, el editor Jerry Ceppos iba en retirada.
El 11 de mayo de 1997 Ceppos publicó una columna en primera plana diciendo que la serie se quedaba corta para mis parámetros. Criticó las notas porque implicaban con fuerza un conocimiento de la CIA de las conexiones de la Contra con los negociantes de drogas en Estados Unidos que estaban fabricando crack. No tenemos pruebas de que altos funcionarios de la CIA supieran de dicha relación.
Los grandes diarios celebraron la retirada de Ceppos como una vindicación de su propia desestimación de las notas sobre la Contra y la cocaína. Ceppos detuvo la investigación continuada del Mercury News sobre la Contra y la cocaína y reasignó a Webb a una pequeña oficina en Cupertino, California, lejos de su familia. Webb renunció al periódico en desgracia.
Por cortar el trabajo de Webb y otros reporteros en la investigación sobre la Contra, Ceppos fue alabado por la American Journalism Review y recibió en 1997 el Premio de la Ética en Periodismo de la Sociedad de Periodistas Profesionales. Mientras Ceppos recibía aclamaciones, Webb miraba su carrera colapsar y a su matrimonio romperse.
El avance en las investigaciones
Igual, Gary Webb puso en movimiento investigaciones internas que sacarían a la superficies hechos largamente escondidos sobre cómo el gobierno de Reagan y Bush había manejado la guerra de la Contra. La línea defensiva de la CIA contra los alegatos sobre la Contra y la cocaína comenzó a romperse cuando la agencia de espionaje publicó el primer volumen de los hallazgos de Hitz el 29 de enero de 1998.
Pese al extenso comunicado de prensa exculpatorio, en el primer volumen de Hitz se admitía que no solamente muchos de los alegatos de Webb eran ciertos sino que de hecho había subestimado la seriedad de los crímenes de la Contra y la droga, así como el conocimiento de la CIA. Hitz reconoció que los contrabandistas de cocaína juraron un temprano y significativo rol en el movimiento Contra en Nicaragua y que la CIA intervino para bloquear una investigación federal que amenazaba su imagen en 1984 sobre un círculo de drogas con sede en San Francisco del que se sospechaban sus vínculos con los contras [para más detalles, ver el libro de Robert Parry Lost History: Contras, Cocaine, the Press & Project Truth].
El 7 de mayo de 1988, otra desclasificación de la investigación del gobierno sacudió las debilitadas defensas de la CIA. La diputada Maxine Waters, demócrata de California, instrodujo al Registro Congresal una carta de entendimiento, de 11 de febrero de 1982, entre la CIA y el Departamento de Justicia. La carta, que había sido revisada por el director de la CIA William Casey, liberaba a la agencia de requerimientos legales para reportar debidamente el contrabando de drogas realizado por gente de la CIA, una previsión que cubría tanto a los Contras de Nicaragua como a los rebeldes afganos que habían peleado contra el régimen apoyado por los soviéticos en Afganistán.
El informe del Departamento de Justicia
Otra ruptura en el muro defensivo se abrió cuando el Departamento de Justicia entregó un informe de su inspector general, Michael Bromwich. Dado el clima hostil alrededor de la serie de Webb, el informe de Bromwich comenzaba criticando a Webb, Pero, como el primer volumen de la CIA, el contenido revelaba nuevos detalles sobre la inconducta del gobierno.
De acuerdo a evidencia citada en el informe, el gobierno de Reagan y Bush sabía casi desde el principio de la guerra de la Contra que los traficantes de cocaína permeaban la operación paramilitar. El gobierno tampoco hizo nada para exponer o detener las actividades criminales. El informe revelaba, ejemplo tras ejemplo, de pistas no seguidas, corroboraba a testigos desestimados, a investigaciones judiciales oficiales saboteadas e incluso el facilitamiento por parte de la CIA al trabajo de los traficantes de droga.
El informe Bromwich mostró que los Contras y sus simpatizantes realizaron muchas operaciones paralelas de contrabando de drogas, no solamente la que estaba en el centro de la serie de Webb. El informe también encontró que la CIA compartía muy poca información sobre las drogas de la Contra con las agencias de prosecución legal y en tres ocasiones desbarató investigaciones sobre tráfico de cocaína que amenazaban a los contras.
Aunque presentaba una operación más amplia de la Contra con la cocaína de lo que Webb había entendido, el informe del Departamento de Justicia también dio alguna importante confirmación acerca del traficante de drogas nicaragüense, Norwin Meneses, que había sido una figura clave en la serie de Webb. Bromwich citaba a informantes del gobierno de Estados Unidos que proveyeron detallada información acerca de la operación de Meneses y su ayuda financiera a los contras.
Por ejemplo, Renato Peña, un correo de drogas y dinero para Meneses, dijo que a principios de los ochenta la CIA permitió a los contras meter droga a Estados Unidos por aire, venderla y guardar las ganancias. Peña, que también era el representante en el norte de California para el ejército contra FDN [Frente Democrático Nacional] apoyado por la CIA, dijo que el tráfico de drogas fue impuesto a los contras a causa de los inadecuados niveles de asistencia del gobierno de Estados Unidos.
El informe también descubrió repetidos ejemplos de cómo la CIA y las embajadas estadounidenses en Centroamérica desalentaron investigaciones de la DEA, incluyendo uno sobre supuestos embarques de cocaína de la Contra hechos vía el aeropuerto en El Salvador. En una subestimada conclusión, el Inspector General Bromwich escribió: No tenemos duda de que la CIA y las embajadas estadounidenses no estaban ansiosas porque la DEA siguiera esta investigación en el aeropuerto.
El volumen dos de la CIA
A pesar de las notables admisiones en el contenido de estos informes, los grandes diarios no mostraron inclinación a leer más allá de los comunicados de prensa y sumarios ejecutivos. Para el otoño de 1998, el Washington oficial estaba obsesionado con el escándalo sexual de Monica Lewinsky, que hizo más fácil ignorar aún más los sorprendentes descubrimientos en el volumen dos de la CIA.
En el volumen dos, publicado el 8 de octubre de 1998, el Inspector General de la CIA Hitz identificó más de 50 contras y entidades relacionadas implicados en el comercio de droga. También detalló cómo el gobierno de Reagan y Bush había protegido estas operaciones de droga y frustrado investigaciones federales, que habían amenazado con exponer los crímenes a mediados de los ochenta. Hitz inclusive publicó evidencia de que el tráfico de drogas y el lavado de dinero llegaba hasta el Consejo de Seguridad Nacional de Reagan, donde Oliver North supervisaba las operaciones de la Contra.
Hitz reveló también que la CIA colocó y admitó a un lavador de dinero a cargo del Frente Sur de los contras en Costa Rica. También, de acuerdo a la evidencia de Hitz, el segundo al mando en las fuerzas contras en el Frente Norte en Honduras había escapado de una prisión colombiana donde cumplía una sentencia por tráfico de drogas.
En el volumen dos, la defensa de la CIA contra la serie de Webb se había reducido a una hoja delgada: que la CIA no conspiraba con los contras para conseguir dinero a través del tráfico de cocaína. Pero Hitz dejó claro que la guerra de la Contra tenía precedencia sobre la aplicación de la ley y que la CIA retuvo evidencia de los crímenes de la Contra al Departamento de Justicia, el Congreso y hasta la división de análisis de la misma agencia.
Hitz encontró en los archivos de la CIA evidencia de que la agencia de espionaje sabía desde los primeros días de la guerra de la Contra que sus nuevos clientes estaban involucrados en comercio de cocaína. De acuerdo a un cable de septiembre de 1981 a los cuarteles de la CIA, uno de los primeros grupos de contras, conocido como ADREN [Alianza Democrática Revolucionaria de Nicaragua], había decidido usar el tráfico de droga como un mecanismo de financiamiento. Dos miembros de ADREN hicieron la primera entrega de drogas a Miami en julio 1981, informaba el cable de la agencia.
Los líderes de ADREN incluían a Enrique Bermúdez, quien surgió como principal comandante militar contra en los ochenta. La serie de Webb identificaba a Bermúdez dando luz verda al financiamiento a la Contra por parte del traficante de drogas Meneses. El informe de Hitz agregaba que la CIA tenía otro testigo nicaragüense que implicaba a Bermúdez en el comercio de droga en 1988.
Prioridades
Aparte de rastrear la evidencia del tráfico de drogas de la Contra a lo largo de la década de guerra, el inspector general entrevistó a importantes funcionarios de la CIA que reconocieron haber estado al tanto del problema de la Contra y la cocaína, pero no querían que su exposición minara la lucha para derrocar al izquierdista gobierno sandinista.
De acuerdo a Hitz, la CIA tenía una prioridad fundamental: terminar con el gobierno sandinista... [Los funcionarios de la CIA] habían determinado que las varias dificultados que encontraban no debían prevenir la implementación efectiva del programa de la Contra. Un funcionario de campo de la CIA explicaba: El enfoque estaba en hacer el trabajo, conseguir el apoyo y ganar la guerra.
Hitz también anotó quejas de analistas de la CIA sobre que los funcionarios operativos de la agencia a cargo de la guerra de la Contra escondieron evidencia del tráfico de droga contra aún de la división de análisis de la CIA. A causa de esta evidencia retenida, los analistas de la CIA conluyeron incorrectamente a mediados de los ochenta que solamente unos cuantos contras podrían haber estado involucrados en tráfico de drogas. Esta falsa afirmación fue pasada al Congreso y las grandes organizaciones de noticias siriviendo como una base importante para denunciar a Webb y su serie de 1996.
Aunque el informe de Hitz era una aceptación extraordinaria de culpa institucional por parte de la CIA, pasó casi sin notarse en los grandes diarios.
Dos días después de que fuera publicado el informe de Hitz en el sitio de Internet de la CIA, el New York Times hizo un artículo corto que contiuaba mofándose del trabajo de Webb, mientras reconocía que el problema de la Contra y la cocaína podría de hecho haber sido peor de lo que se entendía antes. Muchas semanas más tarde, el Washington Post entró a escena con un artículo similarmente superficial. El Los Angeles Times nunca publicó una nota sobre la publicación del volumen dos de la CIA.
Consecuencias
Hasta el día de hoy, ningún editor que se perdió la historia de la Contra y la droga ha sido castigado por su negligencia. De hecho, muchos de llos son ahora altos ejecutivos en sus organizaciones de noticias. Por otra parte, la carrera de Gary Webb nunca se recuperó.
Con la muerte de Webb, sin embargo, debe notarse que su gran regalo a la historia estadounidense fue que él junto a los enojados ciudadanos afroamericanos- forzó al gobierno a admitir algunos de los peores crímenes alguna vez consentidos por un gobierno estadounidense: la protección de contrabando de droga dentro de Estados Unidos como parte de una guerra encubierta contra un país, Nicaragua, que no representaba ninguna amenaza real para los estadounidenses.
La verdad era fea. Ciertamente, las grandes organizaciones de noticias podrían haberse autocriticado si hubieran hecho su labor y poner esta problemática historia a disposición del pueblo estadounidense. Los defensores conservadores de Ronald Reagan y George H. W. Bush seguramente hubieran aullado en protesta.
Pero la tragedia real del histórico regalo de Webb y de su vida cortada tempranamente- es a causa de la cobardía y la insensbilidad de los grandes medios, este capítulo oscuro de la era Reagan-Bush permanece ampliamente desconocido para el pueblo estadounidense.