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BOLIVIA EXIGE JUICIO DE RESPONSABILIDADES PARA EXP
Submitted May 13, 2005 - 12:00 pm by Gissel GonzalesEl pueblo salió a las calles a defender los recursos naturales y hacer escuchar su voz de protesta, pero fueron acallados con balas, gases y golpes por los militares y policías, quienes habían recibido órdenes de Sánchez de Lozada de hacer prevalecer el libre transito a costo de cualquier método. Esa fue la democracia que Bolivia vivió hace más de 18 meses, producto de las imposiciones económicas del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo que dejó sangre, luto y dolor en nuestras tierras del altiplano.
En la ciudad de El Alto, una mujer corría por su vida y por la de su niño que llevaba en el vientre desde hace ya 7 meses, cuando los militares empezaron a disparar a quema ropa y lanzar gases lacrimógenos para resguardar el convoy que abastecería de gasolina a los vehículos de la ciudad de La Paz. ¿Cuántos esposos regresaron del trabajo y no encontraron a su amada en la casa? ¿Cuántos padres pierden a su hijo en un frió hospital a causa de un parto prematuro y falta de una atención médica?
Ese día fue una mujer de 20 años, Crisma Leticia; quien bautizó a su niño con el nombre de Félix Ángel para enterrarlo en el cementerio sólo horas después. Fue un año más tarde que conocí a la joven madre, cuando presencié la exhumación y necropsia de los caídos de octubre, cuando los padres, madres, hijos, hermanos y amigos desenterraban los cuerpos de sus seres queridos, con lágrimas y bronca exigiendo al parlamento se apruebe el juicio de responsabilidades al expresidente Sánchez de Lozada.
Como esta historia de represión podríamos encontrar miles en el mundo. Sin embargo, pocas de las víctimas tendrán la oportunidad de encontrar justicia para los responsables. Muchos ya sabemos como terminan estos casos: pasaron más de 32 años para enjuiciar al dictador chileno Augusto Pinochet, otros simplemente cumplen arresto domiciliario como Jorge Videla, dictador en Argentina, pero lo mas probable es que termine en la impunidad como ocurrió con el exdictador de Bolivia, Hugo Bánzer Suárez.
Ahora muchos líderes de los movimientos sociales son acusados de sedición, terrorismo, entre otros delitos. Son perseguidos por la justicia boliviana como unos simples ladrones o asesinos; su única ofensa ha sido defender nuestros derechos y los bienes naturales de nuestro país.
Nosotros vivimos en una nación donde la justicia encarcela en menos de 24 horas a un campesino que defiende el gas y el petróleo de las manos de las transnacionales pero no juzga a los militares y policías que disparan a matar. El expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada es responsable por las muertes de más de 63 bolivianos de las sangrientas jornadas de octubre del 2003 y de 34 más del febrero anterior, asesinados durante manifestaciones contra una propuesta de aumentar los impuestos a los sueldos. Entre las víctimas había una enfermera de 32 años que sólo cumplía su misión de rescatar un herido.
En Bolivia el juicio de responsabilidades contra el expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada y sus ministros se encuentra paralizado por juegos judiciales que truncan las esperanzas de todos los bolivianos que quieren encontrar justicia. Mientras tanto Sánchez de Lozada se encuentra feliz y gozando en las playas de Miami junto a toda su familia, recorriendo las calles de EEUU en autos lujosos, y asistiendo a cenas con parlamentarios. El presidente que asesinó a su propio pueblo participa en seminarios sobre democracia y participación ciudadana en universidades estadounidenses, educando a muchos jóvenes que desconocen su legado verdadero como líder de nuestro país.
En cambio en Bolivia; encontramos a una familia almorzando, con un plato menos en la mesa, porque el hijo mayor nunca más volverá; vemos a una madre vestida de negro, llorando los domingos cuando lleva flores al cementerio; descubrimos a un niño que empieza a caminar buscando por todos lados al padre que solo conocerá en una fotografía; al hermano que mira en su cuarto y encuentra una cama vacía y siempre tendida; al equipo de fútbol del barrio, que se quedó sin su mejor jugador; ya que el mismo alienta a su gente a orillas de la cancha, solo que ahora con muletas. Surge el grito del pueblo boliviano sediento de justicia, con el puño en alto, mordiendo los dientes y con los ojos de ira y dolor, aquel pueblo que no se rinde y que luchara hasta encontrar justicia, techo, pan, trabajo, dignidad y soberanía.
Las muertes no pueden quedar impunes, se debe castigar a los responsables. En Bolivia y alrededor del mundo, tenemos que romper el esquema donde el rico sale en libertad y el pobre ingresa a la cárcel. Está en cada uno de nosotros el ayudar que se haga justicia en el caso de Sánchez de Lozada, sólo así, un nuevo mundo es posible.