En Cuernavaca, recordando las víctimas de la Guerra contra el Narcotráfico

Por Lela Singh

La Plaza de las Armas en la ciudad de Cuernavaca, Morelos hoy luce como una plaza típica donde se venden botanas, raspados y globos gigantes. Hay una manta que aún recuerda el Centenario de la Revolución cuelga sobre el puesto de un zapatero. Pero hoy se recuerda un aniversario diferente en México: se cumple un año desde que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad emergió demandando el fin de la Guerra contra el Narcotráfico y justicia para sus víctimas.

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En la tarde la gente se reúne para ver una presentación de bailarines indígenas. El ritmo del tambor retumba donde en el piso están dibujados los contornos de varios cadáveres como recuerdo de los más de 50,000 muertos en México. La gente sostiene fotografías de sus seres queridos y cientos de cruces decoran la Plaza en memoria de las víctimas.

En la multitud, la gente borda con hilo rojo sobre tela blanca. Las telas llevan los nombres de alguno de los muchos asesinados, la fecha en la que murieron y como murieron. Una mujer cuenta que en Guadalajara, las mujeres se reúnen todos los domingos para bordar estas telas, a pesar de la vigilancia e intimidación policiaca.

Después de las danzas, los oradores de las Iglesias por la Paz suben al escenario. “Dios traba con su gente para mejorar sus comunidad,” dice una mujer ministra citando la teología de la liberación. Ella convoca a todos los mexicanos a participar en este movimiento. Un banner que cuelga sobre ella declara: “Si existes protesta. La indeferencia tiene un nombre: complicidad.”

Estos miembros del movimiento no están dispuestos a ser cómplices en el dolor que sienten los que los rodean. Cuando la madre de un joven asesinado junto con el hijo de Javier Sicilia pierde su voz al llanto en el escenario, los protestantes empiezan a gritar: “¡No estás sola!” gritan juntos.

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