Movimiento por la Paz teje esperanza en Cuernavaca

Por Paco Gómez

En el Zócalo de Cuernavaca están ocurriendo muchas cosas. Discursos, poemas, oraciones, testimonios desgarradores, altares en los que las fotos de las víctimas de la llamada “Guerra contra el narcotráfico” se acumulan... Son los actos para conmemorar el primer año de vida de una organización que lucha contra la muerte: el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD). Quizá por eso estas dos mujeres de físico diminuto podrían pasar desapercibidas. Juntas abultan un suspiro. Hasta que miran a los ojos, hasta que hablan, hasta que cuentan su historia.

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Teresa Vera está tejiendo (en la foto). En un lateral de la plaza. Alfredo, del movimiento Fuentes Rojas, le ha acercado una pañoleta en bastidor en la que se habla del cuerpo sin identificar hallado cerca de la Universidad de Cuernavaca el 5 de marzo de 2012. “En menos de un año van 60 muertos sólo en esta ciudad. Los desaparecidos son más”. Alfredo anima a la gente a bordar una pañoleta, en una especie de tejido colectivo para poner nombre a los números. La pañoleta que borda Teresa tiene el número 826 de las 63.000 que se han propuesto hacer en todo el país. Las mismas que el número de víctimas mortales de esta guerra en los últimos 6 años. “Y llegan los gringos a decirnos que ni siquiera sabíamos cuántos muertos tenemos… ¡está cabrón!”, se queja Alfredo refiriéndose a la noticia conocida justo hoy según la cual Leon Panetta, secretario de Defensa de Estados Unidos, ha cifrado el número de muertes violentas de esta “guerra” en 150.000.

Teresa sigue tejiendo la pañoleta de un no identificado, aunque de lo quiere hablar es de Minerva, su hermana. Ella no figura en las estadísticas de muerte de Panetta. Su apartado es otro que Alfredo explica así: “Que te maten a alguien… eso es difícil, pero al menos puedes enterrar aunque sea un pedazo y hacer el duelo. Pero… un desaparecido… ¡eso está cabrón!”. La hermana de Teresa desapareció cuando tenía 60 años de edad en el municipio de Matías Romero Avendaño (Oaxaca) el 29 de abril de 2006. Su vida, su historia, quedaría reducida al Registro 297/EXT/2006 si no fuera porque Teresa no ha parado de buscarla en estos 6 años. “Fue en Oaxaca, pero he caminado por Guadalajara, Veracruz, Puebla, Morelos, Chihuahua… voy a todos lados, hablo con todas las instituciones, pero no hacen nada…”. Teresa va acompañada de Francisca Díaz. Ambas llegaron hoy a Cuernavaca desde México D.F. y ambas cargan, como todos los familiares de desaparecidos, la fotocopia con los datos del suyo.

El hijo de Francisca desapareció hace 9 años y se llama Genaro Palacios. Nadie habla de sus desaparecidos en pasado. “Una mantiene la esperanza. Hasta el final”. Llegaron a Cuernavaca con el MPJD. “Antes estábamos solas… ahora con el Movimiento es diferente. Esto es muy duro, pero al menos nos hemos conocido y nos ayudamos”, explica Francisca mientras agarra otra pañoleta para bordar. Si elige el hilo rojo estará haciendo vivir a un asesinado, si elige el verde estará dándole luz a un desaparecido.

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