Cerca del final de una sesión de dos días en la Organización de Estados Americanos (OEA) en Fort Lauderdale, Florida, el embajador de los EEUU en el organismo, Roger Noriega, hizo una rabieta.
Y es que a final de cuentas Washington acababa de recibir una reprimenda contundente de los países en la mesa de negociación contra su propuesta de crear mecanismos para que haya una mediación extranjera en los asuntos de otros países (léase Venezuela), y el presidente boliviano Carlos Mesa acababa de presentar su renuncia en la víspera de un movimiento popular masivo para nacionalizar la industria del gas boliviana.
Noriega, poco acostumbrado a perder con dignidad, simplemente perdió la cabeza y recriminó fuertemente que el presidente venezolano Hugo Chávez era el culpable de la crisis en Bolivia.
Noriega tiene razón pero no en el sentido en que lo piensa...
Revisemos esta crónica en el Diario de la Oligarquía, er, el The Miami Herald:
Mientras Bolivia se desplazaba hacia el caos político el martes, un alto funcionario de Washington encargado de Latinoamérica insinuó que el izquierdista venezolano Hugo Chávez era en alguna medida responsable por la cada vez peor situación.
La relación de Chávez en Bolivia ha sido muy clara desde el principio, el Asistente del Secretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, dijo al responder una pregunta sobre la influencia de Chávez en la conmoción de Bolivia.
Sus antecedentes son muy claros y hablan por sí solos, Noriega dijo a los reporteros en la asamblea general de la Organización de Estados Americanos, en Fort Lauderdale. También agregó que la situación era preocupante.
Noriega no tenía evidencias contundentes para respaldar su acusación algo que reconoció el agresivo antichavista Herald y Venezuela emitió una réplica contundente (citada aquí, a final del texto), pero puedo traducirles lo que Noriega en verdad trató de declarar: Noriega está enojado porque las Fuerzas Armadas Bolivianas se negaron a reprimir violentamente a los manifestantes y acusa que el ejemplo lo puso Chávez al haber creado un ejercito no represiva y a favor de la gente en Venezuela
que obtiene cada vez más admiradores entre el gremio militar en otros países.
El Herald continúa:
En respuesta, el Ministro del Exterior venezolano Alí Rodríguez rechazó indignadamente las acusaciones circuladas por los funcionarios de Estados Unidos durante varios meses, sobre la asistencia financiera del gobierno a uno de los líderes de la oposición boliviana, Evo Morales.
Al preguntársele sobre el comentario de Noriega, Rodríguez dijo parecería que él se la pasa buscando cómo arrojar gasolina sobre el fuego y agregó que los diplomáticos deberían apagar los fuegos, no avivar sus llamas.
Los problemas de Bolivia son problemas que le pertenecen a Bolivia y será responsabilidad de los bolivianos resolverlos, añadió Rodríguez. Venezuela es escrupulosamente respetuosa de la soberanía de todos los países. Los funcionarios bolivianos de gobierno y los diplomáticos occidentales de la región le comentaron al Herald que aunque las acusaciones de un apoyo financiero a Chávez son generalizadas, no existen evidencias concretas que sustenten los cargos.
En un comunicado simultáneo de las agencias de prensa francesas y alemanas, el diario mexicano La Jornada ayudó a llenar algunos espacios vacíos esa mañana.
Bajo fuego para aportar evidencias de la bombástica acusación de Noriega, el Departamento de Estado de los EEUU emitió una declaración más tarde durante ese día:
Al final de la tarde, el Departamento de Estado distribuyó un comunicado de prensa para justificar sus alegatos. En el documento se encontraba una entrevista publicada por el diario conservador La Nación el pasado 16 de mayo, titulada Evo Morales: Queremos unirnos a Fidel y a Chávez.
También distribuyeron reportes que anunciaban que Morales había invitado a Chávez a Bolivia, o que el partido de Morales, el Movimiento Al Socialismo, apoyaba al presidente Chávez.
Estos indicios apenas demuestran algo, a diferencia del reporte de hace días de Julio Mamani Conde sobre la intervención de los Estados Unidos en los asuntos bolivianos en esta semana
¡y ciertamente tampoco se coloca entre las evidencias contundentes, fundadas en los propios documentos clasificados del gobierno de los EEUU, sobre la intervención directa de la unión americana para provocar inestabilidad en Venezuela!
Ante todo esto, pienso que Roger Noriega tiene algo de razón, aunque su lógica esté un poco torcida. Déjenme explicarles:
De acuerdo a fuentes bien colocadas en La Paz, ayer, antes de la renuncia del presidente de Bolivia la rama militar contaba con un plan escrito de antemano donde se establecería cómo los militares declararían Estado de sitio y cómo aplastarían sin misericordia los movimientos sociales cuando Vaca Diez se convirtiera en presidente. (¿Quién redactó dicha estrategia? ¿El señor Noriega?).
Pero los generales bolivianos mandaron a Vaca Diez a comer arena: le dijeron, de acuerdo a nuestras fuentes, que estaban cansados de ser los villanos de la historia, generando golpe tras golpe, masacrando a su propia gente. (Esto y quizás a una considerable cantidad de alcohol explique la voz cabizbajo de Vaca Diez durante la conferencia de prensa del lunes por la noche, escuchada en todo el mundo por Radio Erbol).
El embajador de los EEUU, Roger Noriega, tiene el rostro enrojecido por el coraje de que los militares bolivianos no asesinarán a Evo Morales, Felipe Quispe, Óscar Oliveira, a toda la ciudad de El Alto y a los Periodistas Auténticos que están cubriendo esta noticia. ¡Y Noriega le está echando la culpa a Chávez!
Noriega culpa a Chávez porque Chávez un soldado militar admirado por muchas personas como él a lo largo del hemisferio ha marcado la pauta sobre cómo deberían de trabajar las Fuerzas Armadas a favor de la gente en vez de en su contra. Y simplemente al sobrevivir el intento de golpe en su contra y continuar con su más gentil y amable modelo militar no represivo, Chávez le ha enseñado un ejemplo a Latinoamérica de que las organizaciones militares no necesitan ser represoras como lo han sido históricamente.
Eso explica porqué, estimados lectores, Noriega y Washington están culpando a Chávez: no es porque tengan alguna evidencia de su entrometimiento, sino porque los militares bolivianos se han negado (hasta el momento) a asesinar a su propio pueblo. ¡Maldito Chávez! ¡Si dejamos a un presidente latinoamericano reformar a sus ejércitos y antes de que nos demos cuenta otros querrán hacer lo mismo! Y luego la democracia estalla en todas partes y ¿qué le queda hacer a un imperio en decadencia?
In English, too, please.
Submitted June 12, 2005 - 11:06 am by Jules SiegelExcelente analysis, don Alberto. ¿Cuando lo traducirá al inglés? Quiero difundirlo a newsroom-l.