El periodista Frank Smyth redactó un interesante reportaje en
el Texas Observer (versión en español
aquí) titulado El narco-Estado intocable: Militares guatemaltecos desafían a la DEA.
La premisa básica de este artículo, el cual está muy bien redactado, es que los militares guatemaltecos y el aparato de inteligencia están involucrados con los narcotraficantes y que algunos de sus actuales oficiales a menudo actúan como líderes de dichas organizaciones de tráfico de drogas.
Esto ha puesto de cabeza a las operaciones de la DEA en el país y llevó a que la administración Bush eliminara la asistencia económica hacia dicha nación. Además de eso, ni una sola acusación importante se ha efectuado en la memoria reciente, ni en Guatemala ni en los Estados Unidos, contra alguien de alto rango en este complot militar que se lleva a cabo en el pequeño país centroamericano, gracias a la extendida corrupción.
Del reporte:
Alrededor de 30 sospechosos, que alguna vez fueron parte de una unidad elite de las fuerzas especiales guatemaltecas estaban entrenando a narcotraficantes en tácticas paramilitares cerca de la frontera de McAllen. La unidad, llamada los kaibiles, en memoria de el príncipe maya Kaibil Balam, es una de las más temibles fuerzas militares de Latinoamérica, acusada de muchas de las masacres que ocurrieron en Guatemala durante su guerra civil de 36 años. Alrededor de septiembre, autoridades mexicanas anunciaron que habían arrestado a siete kaibiles guatemaltecos, entre ellos cuatro "desertores", activos según los registros del ejército de Guatemala.
Las autoridades mexicanas dicen que los kaibiles pretendían incorporarse a Los Zetas, una banda de soldados convertidos en delincuentes salidos de las fuerzas especiales de México. Es lógico pensar que Los Zetas contactaran a su contraparte guatemalteca. Además de ser un vecino, "Guatemala es el punto en Centroamérica preferido para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos", según lo ha reportado consistentemente el Departamento de Estado al Congreso, desde 1999. A principios de noviembre, las autoridades antidrogas asignadas en la embajada de Estados Unidos en Guatemala dijeron a la Associated Press que el 75 por ciento de la cocaína que llega a América pasa por la nación centroamericana.
Todo bien hasta el momento. Pero el reportaje de Smyth, elaborado en su mayoría con documentos de hace 15 años o más, falla al tratar de explorar algunas conexiones obligadas que podrían explicar porqué la nación más poderosa de la tierra, los Estados Unidos, no ha podido enfrentarse a la corrupción en un pequeñito país como Guatemala.
Entre las primeras conexiones que merecen señalarse está aquella que demuestra que los Zetas recibieron entrenamiento paramilitar en los Estados Unidos.
De un reportaje pasado de Narco News:
Una razón importante de su profesionalismo en esta área es que muchos de los Zetas han recibido algún tipo de entrenamiento táctico o militarizado de las agencias de Estados Unidos, incluidas la DEA, el FBI y los militares de EEUU.
Un ex funcionario de la DEA, que trabajó extensivamente al sur de la frontera durante su carrera, explica:
Muchos Zetas llegaron a su actual posición al haber sido oficiales de policía o militares, y hasta existen algunos estudiantes de universidades en Texas que trabajan medio tiempo proveyendo seguridad a los Zetas. Así que todos tienen antecedentes diversos. Algunos de ellos primero recibieron entrenamiento de la DEA, del FBI y de los militares de Estados Unidos, así como de otras agencias. Exageraríamos si afirmáramos que, antes de ser entrenados, no estaban involucrados en actividades criminales, pero más adelante podrían ser atraídos por el dinero hacia el negocio de las drogas. Suele suceder. Y ellos (los Zetas) están muy bien organizados y tienen reclutadores que constantemente se encuentran ingresando y entrenando a nuevas personas.
Al conocer este hecho que no se analiza directamente en el artículo de Smyth, ¿es ilógico preguntarnos dónde fueron entrenados los Kaibiles?
Gracias a la larga historia de intervenciones de Estados Unidos en Guatemala, ¿sería descabellado sospechar que los agentes estadounidenses también entrenaron a los Kaibiles en estrategias paramilitares?
Smyth considera ambiguamente esta posibilidad al señalar que dos altos generales guatemaltecos retirados, supuestamente envueltos por la espesura de la corrupción, fueron entrenados en la Escuela de las Américas.
Tal vez sea más importante el hecho que la institución dominante en el país, el ejército, está involucrado en el tráfico ilegal de drogas. Durante las pasadas dos décadas, la Drug Enforcement Administration (DEA) de Estados Unidos ha acusado silenciosamente a oficiales militares guatemaltecos, de todos los rangos y en todas las ramas, de estar al servicio del tráfico de drogas a Estados Unidos, de acuerdo con documentos oficiales conseguidos por The Texas Observer. Recientemente, la administración Bush ha sospechado que dos generales retirados del ejército de Guatemala, en lo más alto de la jerarquía militar, están envueltos en el tráfico de drogas y ha revocados sus visas, con base en tales sospechas.
Los generales retirados, Manuel Antonio Callejas y Callejas y Francisco Ortega Menaldo, son dos altos jefes de inteligencia. Están entre los fundadores de un club exclusivo y oscuro de la estructura de inteligencia que se autonombra "la cofradía", según informes de inteligencia de Estados Unidos.
De acuerdo con el cable de 1991, miembros bien conocidos de la no oficial cofradía eran los entonces coroneles Manuel Antonio Callejas y Callejas y Ortega Menaldo (quienes recibieron entrenamiento durante un corto periodo en la Escuela de las Américas, en 1970 y 1976, respectivamente).
Smyth también hace la siguiente aseveración en su reportaje:
Tan hay evidencias del involucramiento de militares de Guatemala en actividades ilegales que la administración Bush ya no proporciona ayuda militar a ese país, ni siquiera entrenamiento de oficiales. Entre esas evidencias están "un reciente resurgimiento de abusos supuestamente orquestados por oficiales y ex oficiales militares; y sospechas de corrupción y narcotráfico de parte de ex oficiales militares", según el informe de 2004 sobre Entrenamiento Militar en el Extranjero del Departamento de Estado.
Bien. Basándonos en el reportaje de Smyth sabemos que los Zetas están trabajando mano a mano con los Kaibiles para imponer sus operaciones de narcotráfico en Guatemala y México. También parece claro que Estados Unidos sí otorgó entrenamiento militar a las unidades militares y de inteligencia guatemaltecas, si tomamos en cuenta el hecho de que hace poco la administración Bush supuestamente suspendió dicho apoyo. (Así que ese fue un reconocimiento de que si hubo apoyo en algún punto, ¿correcto?).
Ahora, si asumimos que tanto los Zetas como los Kaibiles tienen tentáculos de capacitación militar que los conectan hacia las agencias de los Estados Unidos, podremos ver cómo la inteligencia estadounidense, en concreto la CIA, pudo haber ensuciado un poco el juego.
Entierren sus colmillos en este fragmento de información del reporte de Smyth:
El ejército de Guatemala no es el primero corrompido por las drogas; se han descubierto los nexos con el crimen organizado de altos funcionarios de inteligencia y de apoyo a la ley, en muchas naciones de América Latina. Pero lo que distingue a Guatemala de la mayoría de las otras naciones es que algunos de sus militares sospechosos son acusados no solamente de proteger a grandes sindicatos criminales, sino también de dirigirlos.
Las autoridades de inteligencia militar de Guatemala desarrollaron un código de silencio durante estas operaciones sangrientas, lo cual es una razón por la que ningún oficial fue perseguido por violaciones a los derechos humanos durante la Guerra Fría. Desde entonces, las mismas autoridades de inteligencia han transformado sus estructuras clandestinas para actividades del crimen organizado, según informes de la DEA y otros servicios de inteligencia estadounidenses, que van de la importación de autos robados en Estados Unidos al tráfico de drogas hacia ese país. Sin embargo, ningún oficial ha sido perseguido por un crimen internacional, ni en Guatemala ni en Estados Unidos.
¿Ni un solo crimen? ¿Cómo puede ser posible? Sin duda los Estados Unidos tienen el poder para lanzar su autoridad y dinero sobre Guatemala, igual como lo está haciendo con México y Colombia. ¿Cuál es la pieza del rompecabezas que hace falta?
En una conversación reciente que tuve con un funcionario de inteligencia estadounidense, me señaló que las operaciones altamente clasificados muchas veces ni son mencionadas entre documentos públicos. Aun los reporteros tenaces como Smyth no suelen encontrarse con los cables de la CIA que revelan la existencia de compañías fantasmas listas para hacer negocios con un bien del mercado negro tan lucrativo como el de las drogas; las armas.
Se me explicó, de hecho, que tales operaciones encubiertas de los Estados Unidos están en el mismo grupo de las que realizan los jugadores del mercado negro de las armas. En otras palabras no es posible distinguir a los chicos malos de los buenos en la densidad del juego.
¿A dónde quiero llegar con esto? Bueno, pregúntenselo ustedes mismos. ¿Cómo puede ser que los militares guatemaltecos puedan estar tan envueltos en el narcotráfico y aparentar ser tan intocables, aún por un mega súper poder como los Estados Unidos, a menos que esto estuviera diseñado de antemano.
El comercio de las drogas y los millones de dólares que reditúa para la compra de armas seguramente podría servir para fortalecer a un régimen militar en un pequeñito país localizado en la intersección de Latinoamérica. Una junta militar tan cruel podría servir a los intereses de los EEUU en la región de formas menos obvias como se pudieron descubrir a través de documentos de hace quince años y entrevistas con agentes de relaciones públicas de la DEA.
Consideremos el caso del agente de la DEA, Richard Horn, quien fue el primero que se topó con las operaciones de la CIA, cuando trataba de hacer su trabajo en un país extranjero:
Horn prestó sus servicios a principios de la década de los noventas como el agregado de su país en Birmania, que se encuentra entre los países con mayor producción de amapola en el mundo.
Desde el comienzo Horn se metió en problemas con el alto oficial del Departamento de Estado de EEUU en Birmania, el Chargé dAffaires Franklin Huddle Jr., y con el jefe de la estación de la CIA en Birmania durante esos días, Arthur M. Brown.
Al final Huddle se las arregló para expulsar a Horn de Birmania a través de las maquinaciones del Departamento de Estado
pero sólo después de que Horn descubrió que la CIA había plantado equipo de espionaje en su cuartel privado de Birmania.
Entonces en el juego de la inteligencia en la región, de acuerdo a algunas fuentes, se requiere penetrar ambos mundos y utilizar información para manipular la política y las fuerzas de la región. Como resultado la CIA pudo haber plantado su gente tanto en el gobierno como en las principales organizaciones del narcotráfico, con algunos de esos agentes probablemente trabajando para ambos bandos. Los funcionarios de la CIA que manejan esta gente han construido sus carreras por medio de la información obtenida a través de este juego de espías, y en algunos casos pudieron haber estado envueltos en la misma corrupción del sistema, según las fuentes en la comunidad de inteligencia.
Si uno quiere obtener gente leal dentro del comercio de drogas para obtener información, entonces uno debe dejar que el tráfico continúe y por eso uno no quiere a un agente ruidoso de la DEA metiéndose en medio, explica una fuente que realiza trabajos de consultoría en el campo de la inteligencia. La razón por la cual la economía del opio no se detendrá es que la CIA no considera valioso detenerla cuando lo que quieren es inteligencia. No tenemos una política antidrogas, tenemos pretextos antidrogas.
Y dada la experiencia de agentes honestos como Horn, quien fue expulsado del sudeste de Asia después de encontrarse con las operaciones encubiertas de la CIA en esa región productora de heroína, no debería sorprendernos que la DEA se encontrara a sí misma tan aislada de una nación como Guatemala. Esa podría ser la única explicación posible sobre las razones de este escándalo, como dice Smyth en su articulo: La DEA ha sido básicamente impotente en Guatemala. Sólo es una reflexión y nada más. Pero no creo que podamos hablar sobre este tema sin considerar el pretexto de la guerra contra las drogas.