Bogotá no es el único rastro oscuro dentro del Sistema de Justicia de los Estados Unidos

El memorándum del abogado del Departamento de Justicia alegando amplia corrupción en la oficina de Bogotá, Colombia, de la Oficina de Control de Drogas (Drug Enforcement Administration, DEA) está recibiendo ahora recién la luz del día.

Pero los agentes de la DEA en Bogotá no son los primeros en ser acusado por traicionar informantes o de participar en conspiraciones de narcotráfico. Historias similares de corrupción que involucran a agentes de la DEA en el exterior han aparecido en el pasado.

Uno de esos casos se centra en un criminal encarcelado, un hombre llamado Gaetano DiGirolamo. De acuerdo con los registros de la DEA, DiGirolamo es un “conocido asociado de la familia Cotroni del crimen organizado con sede en Canadá, y tiene un amplio prontuario en narcóticos”.

Y DiGirolamo ha pagado el precio por la carrera elegida. Pasó gran parte de los años ochenta (1984-1990) en una prisión federm en Danbury, Connecticut.

Así que no debería sorprender mucho a la mayoría de la gente que se encontrará de nuevo en el lado errado de la ley a principios de los años noventa, poco después de su salida de la cárcel.

El correteo con el sistema —específicamente con la DEA— llevó a su acusación en 1991 y a su condena en 1994 por cargos de conspiración en drogas por parte de la Corte de Distriro del Este de Nueva York.
Los cargos de conspiración contra DiGirolamo surgieron de un encuentro que él arregló entre un informante de la DEA y otro individuo que eventualmente compraría heroína del informante.

Como sea, DiGirolamo afirma que no tuvo nada que ver con el negocio de la droga. Pese a lo que la gente puede asumir sobre él, refuta que no es culpable de los cargos que le imputaron en 1991. De hecho, afirma que los agentes de la DEA lo engañaron buscando utilizar su caso como una cobertura para sus propias actividades ilegales de contrabando de droga.

DiGirolamo apeló su sentencia, solamente para perder nuevamente en 1995. Hasta este punto, Steven B. Duke, un profesor de la Escuela de Leyes de Yale en New Haven, Connecticut, hizo su aparición y tomó el caso de de DiGirolamo gratuitamente. En 1997, Duke hizo una petición post sentencia a una corte federal, buscando eliminar el encarcelamiento de DiGirolamo.

Entre las afirmaciones hechas en la petición post sentencia estaba que DiGirolamo fue sentenciado “con base en perjurio de tres agentes de la DEA” y que su abogado designado por corte lo representó en forma inadecuada.

“[Los agentes de la DEA] testificaron que estaban involucrados en la importación de drogas para utilizarlas en ‘emboscadas’ contra mí y otros, cuando la verdad y de hecho estaban haciéndolo para su enriquecimiento personal y criminal”, señala DiGirolamo en su petición post sentencia.

De acuerdo a los alegatos de corte, los agentes de la DEA transportaron la heroína de Paquistán a la ciudad de Nueva York, por aerolíneas comerciales, supuestamente con el propósito de realizar emboscadas encubiertas.

La petición plantea grandes dudas acerca de la veracidad de la supuesta emboscada de los agentes de la DEA contra DiGirolamo —tales como el hecho de que la supuesta heroína traída de Paquistán no fue nunca analizada para asegurar que era la misma utilizada para la emboscada, ni si era la heroína entregada en el juicio.

En suma, pese a las afirmaciones de los agentes de la DEA involucrados en el transporte de heroína, de que su operación había sido sancionada por el cuartel general de la DEA en Washington DC, así como por los gobiernos francés y paquistaní, Duke dice que esas aprobaciones no se produjeron.

“¿Dónde están?”, pregunta Duke en un documento de corte. “¿Dónde están las solicitudes para dichas aprobaciones? ¿Dónde está la evidencia de que cualquiera de esas aprobaciones fue buscada, mucho menos obtenida?”.

Los agentes de la DEA, por supuesto, replican que las afirmaciones de Duke carecen de fundamento.

DiGirolamo y otros fueron perseguidos, de acuerdo con el testimonio de los agentes de la DEA, se creía que eran distribuidores para un grupo de tráfico de heroína más grande encabezado por una misteriosa figura paquistaní llamada Jan. Los veinte kilos de heroína importados desde Paquistán por los agentes fueron supuestamente adquiridos a través de compras encubiertas a la organización de Jan, según establecen documentos legales del caso DiGirolamo.

Desde el otoño de 1991 hasta el verano de 1992, hubo un total de nueve acusaciones más que se relacionaban con la emboscada al grupo de Jan. En cada uno de ellos, los agentes de la DEA dijeron la misma historia, de acuerdo a los documentos entregados a la corte por el equipo de defensa de DiGirolamo.

Pese a este hecho, los documentos de corte afirman, Jan y el grupo perseguidos por la operación de la DEA nunca se dieron cuenta de que las repetidas emboscadas y arrestos tenían lugar —incluso aunque la heroína ligada a las nueve acusaciones suma hasta 50 kilos, 30 más de lo que fue provisto por la organización de Jan.

“¿Cómo podría pensar cualquier organización que tenía algo de los 20 kilógramos de heroína para vender luego de los primeros arrestos?”, afirma Duke en un informe legal del caso DiGirolamo. “Más aún, Jan era un informante de la DEA”.

Duke pudo inclusive rastrear un testigo que afirma haber comprado heroína de individuos que se ajustan a la descripción de los agentes de la DEA en el caso DiGirolamo. El testigo, que cumple sentencia de por vida por cargos de conspiración de drogas en una prisión federal en Pensilvania, afirma que las drogas que él y su socio compraron en operaciones en Queens, Nueva York, (unas 40 onzas por semana a 6 mil dólares la onza) fueron vendidas en las calles de Filadelfia.

Duke hizo numerosas solicitudes a los fiscales, tanto en Filadelfia como en Nueva York, de registros varios que ayudarían a substanciar o desechar las afirmaciones hechas por ese testigo, pero “todos esos pedidos fueron ignorados”, afirma.

En una carta al juez en el caso DiGirolamo, Duke alega que los agentes de la DEA estaban en realidad metidos en su propia operación de contrabando “con la intención de vender las drogas y usar las ‘emboscadas’ como cobertura para su operación”.

Los agentes de la DEA caracterizaron las afirmaciones hechas por Duke como “falsas y absurdas”, de acuerdo a los registros de la corte.

El juez en el caso también desechó los argumentos de Duke, diciendo en cambio que DiGirolamo estaba sentenciado bajo abrumadora evidencia de que conspiró para poseer heroína.

Además, de acuerdo con los registros de la corte, el juez encontró que la evidencia era insuficiente para apoyar la afirmación de que los agentes de la DEA estaban importando ilegalmente heroína para su propia operación de narcotráfico. Y aún si esos alegatos eran verdad, el juez razonó, eso haría a DiGirolamo simplemente un conspirador junto a los agentes de la DEA.

“En diciembre de 1999, [el juez] desechó todo el caso en una de las opiniones más bizarras que he visto jamás”, dice Duke, “…esencialmente, [el juez] dijo que no importaba si los agentes de la DEA era contrabandistas corruptos”.

¿Más conexiones?

Duke continuó con el caso de DiGirolamo, y en 2002 descubrió una posible conexión entre su caso y los alegatos de corrupción centrados en operaciones de la Aduana de Estados Unidos en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy (JFK) de la ciudad de Nueva York. Esos alegatos ligados a la aduana fueron presentados por Diane Kleiman, una ex agente federal devenida en confidente. Kleiman afirma que fue perseguida en venganza y finalmente despedida luego de intentar exponer las supuestas prácticas corruptas en la oficina de aduanas del aeropuerto.

Entre la corrupción que Kleiman sacó a la luz estaban las sospechosas muertes de tres agentes antinarcóticos en el JFK.

Kleiman inclusive se las arregló para que el senador nacional Joe Lieberman (demócrata por Connecticut), mirará sus alegatos sobre que tres agentes federales en el JFK murieron bajo circunstancias sospechos a principios de los años noventa (uno de ellos trabajaba para la DEA).

Los agentes estaban asignados a una unidad antinarcóticos en el aeropuerto, afirma Kleiman, que supervisaba en ese tiempo Thomas Flood —quien más adelante se convirtió en el supervisor de Kleiman. En una carta enviada por Kleiman en julio de 2001 a la Oficina de Asesoría Especial (una agencia gubernamental de monitoreo), afirma que dos de los agentes federales murieron por sobredosis de heroína y que el tercero se suicidó —supuestamente luego de que los tres hubieran estado implicados en el robo de drogas a su unidad.

La Aduana respondió por escrito en abril de 2003 a la solicitud oficial del senador Lieberman sobre el tema de esta manera:

En su carta, la señorita Kleiman habla de temas en torno a las muertes de los agentes especiales de aduana Thomas Sullivan y Thomas Calamia. El señor Sullivan fue arrestado en junio de 1991 luego de que se comprobó su participación en el robo de drogas en custodia de la Aduana. En febrero de 1992, luego de su sentencia en una corte federal, el señor Sullivan se quitó la vida.

El señor Calamia murió en septiembre de 1992 mientras era empleado aduanal. La muerte del señor Calamia fue investigada por el Departamento de Policía del Condado de Nassau y estableció una sobredosis de droga. Los empleados de Aduanas no estuvieron involucrados en el descubrimiento del cadáver del señor Calamia y no estuvieron implicados en su muerte. Una subsecuente investigación dirigida por la Oficina de Asuntos Internos determinó que el señor Calamia estaba involucrado en el robo de drogas en custodia de la Aduana.

El agente especial Gary St. Hillaire era empleado de la Drug Enforcement Administration. En consecuencia, BICE (el Buró de Control en Migración y Aduanas, parte del Departamento de Seguridad Nacional) no poseee registros acerca de los alegatos de faltas por parte del señor St. Hillaire…

Kleiman afirma que mínimamente los robos de drogas y las muertes son evidencia de que sus acusaciones de corrupción no están fuera de orden cuando se trata de las operaciones de la Aduana en el JFK.

Kleiman agrega: “Tres agentes murieron, con un año diferencia entre ellos, y hubo robo de drogas en su unidad”.

Vidas desechables

Las vidas de los informantes son a menudo también desechables en los rincones oscuros de la guerra contra las drogas. Un caso de 2004 presentado en la corte de distrito en Georgia muestra esa realidad.

En el caso, un ex informante de la DEA acusa a un policía de haber violado su privacidad por los detalles revelados sobre su vida en el libro del polícia, Sin placa: encubierto dentro de la organización criminal más mortífera del mundo.

El informante, Paul Lir Alezander, ayudó a la DEA a realizar emboscadas a narcotraficantes latinoamericanos, hasta que fue atrapado en duplicidad de acciones por los agentes federales, mientras mantenía su propia operación de narcotráfico en paralelo. Alexander, de acuero al litigio, se declaró culpable en 1993 de conspirar para importar cocaína a Estados Unidos, y ha estado en prisión desde entonces.

El autor, Gerald Speziale, es un ex policía antinarcóticos de Nueva York que escribió sobre emboscadas encubiertas en las que trabajó con la asistencia de Alexander.

De la demanda:

Speziale explica cómo pudo infiltrar los poderosos cárteles de distribución de drogas y hacerles creer que era un miembro confiable de una red de tráfico ilegal de droga. De hecho, Spezial y otros involucrados en la investigación encubierta arreglarían que los embarques fueran incautados, y luego intentaron echarle la culpa a otros miemgros de la red de importación. Esta culpabilización fue clave para el éxito de las actividades encubiertas porque la gente hallada responsable por las incautaciones no recibía más confianza y podría ser asesinada por los barones de la droga colombianos que controlaban los cárteles de la cocaína. En su libro, Speziale describe cómo la sofisticación de Alexander y su familiaridad con los hábitos de estos barones de la droga y la red de distribución fueron clave para el éxito de estas empresas del gobierno.

Al final, la corte falló que el libro de Speziale no violaba la privacidad de Alexander y el caso fue desechado. Parece que las vidas de individuos que fueron engañados para caer, para ser asesinados, por parte de los agentes de la ley en las emboscadas, también han sido desechadas.

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