Por Bill Weaver e
Irasema Coronado
Vestido con un saco azul y la apariencia de ser un Peter Sellers venezolano de cabellos grises, Joaquín Fernando Chaffardet Ramos fue al estrado temprano por la mañana el día de ayer para dar apoyo a su viejo amigo Luis Posada Carriles. Posada, en el segundo día de una audiencia de asilo, en un esfuerzo por pasar sus últimos días en segura paz bajo custodia de los Estados Unidos, recibió a su viejo amigo con una mirada luminosa. Al tiempo de admitir la afirmación del gobierno de que entró a Estados Unidos ilegalmente y por tanto es deportable bajo la ley estadounidense, Posada declaró, sin embargo, que la Convención contra la Tortura (CCT) requiere que los Estados Unidos lo mantenga bajo su custodia. La CCT prohibe la extradición o la deportación de una persona a un país donde la persona deportada o repatriada pudiera ser torturada, y este argumento representa la mejor esperanza legal para que Posada escape a la deportación.
El lunes, los Estados Unidos concordaron rápidamente que, bajo la CCT, Posada no podría ser deportado a Cuba, por tanto implicando que podría ser sujeto a tortura en las manos de Fidel Castro. Al hacer esta implicación, los abogados del Departamento de Seguridad Nacional se negaron a explicar que Castro ya dejó claro que el gobierno cubanno no tiene intenciones de solicitar formalmente la extradición de Posada. La amenaza real para Posada es la solicitud de extradición de Venezuela, donde es requerido por su participación en el bombazo al vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976, que mató a 73 personas. Pero la deteriorada relación entre los Estados Unidos y Venezuela torna improbable, sin importar lo dice la ley, que el Presidente George Bush transfiera a Posada bajo jurisdicción venezolana.
La intención de Chaffardet era ayudar a Bush a salir del dilema, al establecer que si es regresado a Venezuela, Posada sería torturado y entregado a las autoridades cubanas. Mirando calmadamente, Chaffardet cruzó sus piernas dejando que colgar su calzado de su pie levantado, moviéndolo continuamente. Pero bajo esta calma exterior se ocultaban tensión y reticencia en sus respuestas a toda pregunta. Chaffardet, un abogado de Venezuela, tiene una larga carrera en la inteligencia venezolana y otros servicios gubernamentales clandestinos, y parecía invulnerable a las preocupaciones de una persona promedio. Trabajó en Servicios Especiales para el Ministerio del Interior en Venezuela, como jefe de la seguridad general en la investigación y desarrollo de teconología petrolera, un operativo en la oficina del Procurador General de Venezuela, cabeza de la investigación sobre fraude bancario luego de la crisis financiera de 1995 y, finalmente, con Posada en la Dirección de Servicios de Inteligencia de la Policía (DISIP) como Secretario General. Pero aún con la experiencia y la intriga como madres gemelas, Chaffardet parecía reluctante e inquieto sus respuestas.
La primera señal de que Chaffardet estaba fastidiado por su predicamento llegó al responder las primeras preguntas de la defensa de Posada. Agitando las manos hablaría de cualquier cosa menos de lo que le preguntaron. Su tarea de esquivar las preguntas fue facilitada por el abogado de Posada, Matthew Archambeault, quien parecía incapaz de articular lo que quería y luchaba por hacerse entender por el testigo. Luego de un largo chapaleo verbal, Chaffardet finalmente explicó que hay una crisis institucional en Venezuela y que las líneas entre la legislatura, las oficinas del ejecutivo y las cortes están desapareciendo completamente. Al describir por qué Posada no podría ser regresado a Venezuela, dijo que el Presidente de Venezuela Hugo Chávez ha personalmente ido a la televisión y se refirió a Posada numerosas veces como un asesino y un terrorista. Chaffardet continuó diciendo que no hay razón para que Venezuela quiera de regreso a Posada, excepto con fines enfermizos, ya que bajo la ley venezolana, debido a las limitaciones para condenarlo por su edad, Posada podría cuando más recibir cuatro años si es hallado culpable. Y ya que Posada estuvo nuevo años en prisión en venezuela a través de varios procedimientos legales relativos al bombazo al avión cubano, debería ser liberado de inmediato. Pero Chaffardet desechó esa posibilidad, diciendo que Venezuela nunca seguiría sus leyes y que Chávez haría un ejemplo de Posada si fuera regresado.
Afirmando que Posada no tenía nada que ver con el bombazo a Cubana de Aviación, Chaffardet culpó a Castro de maquinaciones contra Posada y Venezuela. Sin duda está en lo correcto, las maquinaciones van en ambos sentidos. Si era una actuación, la realizó perfectamente, forzando a la corte y a los abogados a sacarle la información. Pero cuando finalmente llegó al corazón del asunto, en su discusión sobre la tortura a sospechosos en el asesinato del Fiscal de Distrito de Caracas Danilo Anderson, tuvo poco problema en hacer blanco directo para su amigo Posada. Trazó su experiencia personal para hacerlo, diciendo que observó a tres sospechosos en la corte un día que fueron retenidos el 18 de noviembre de 2004, el día del bombazo al auto de Anderson. Afirmó que los sospechosos decían haber sido secuestrados y golpeados, y que la policía inyectó yodo en sus penes. Impostó la voz diciendo que aquellos de nosotros que vamos a los juzgados diario sabemos [que la justicia es imposible para Posada] porque los jueces responden a Hugo Chávez; las cortes pasaron a la historia. Chaffardet cerró su recuento anotando que estaba avergonzado ese día de Venezuela porque el juez y los funcionario presentes sonrieron más que horrorrizarse ante tal trato a los prisioneros.
Mientras Chaffardet contaba el enfermizo tratamiento al que sería sujeto Posada si regresa a Venezuela, fotos de los asesinados en el vuelo 455 colgaban de alambres al lado de la reja en el silbante calor de El Paso. Los manifestantes en la reja clamaban por justicias, y piensan ver la extradición de Posada. Pero no la tendrán, ya que es inconcebible que el gobierno de Bush mande a Posada donde pueda ser abofeteado por los medios y se convierta en una gran vergüenza para Estados Unidos.
Cuando la abogada en jefe del Departamento de Seguridad Nacional, Gina Garrett-Jackson, hizo su interrogatorio tenía solamente una pregunta: ¿Tenía miedo de regresar a Venezuela? Chaffardet respondió obligadamente que estaba preocupado por su seguridad, pero que era demasiado viejo para tener miedo. Con esa útil pregunta para la defensa de Posada respondida, el juez lo excusó del estrado. Dando el adió a su viejo amigo, Chaffardet se sentó en la sala hasta el siguiente receso. Cuando la corte se reunió de nuevo, Chaffardet se había ido y Posada estaba solo.
Memorial a las víctimas cubanas
Submitted August 31, 2005 - 12:41 pm by Dan Feder