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Reporter's Notebook: Bill Weaver

Sobre por qué Luis Posada Carriles no será extraditado

Uno de los hombres más peligrosos de la última mitad del siglo XX se encuentra recluido en un centro de detención ubicado en  la Avenida Montana de El Paso, Texas, a una corta distancia  de la frontera mexicana.  El peligro que encarna es múltiple y ha afectado a diferentes personas  en distintas circunstancias.  En el pasado, el foco más importante de sus amenazas  estuvo constituido por militantes de izquierda en Centroamérica  y Sudamérica, donde además de eliminar a decenas de ellos,  participó en conspiraciones para llevar a cabo  bombardeos y asesinatos durante más de cuatro décadas. A principios de 1965, Luis Posada empezó  a recibir dinero para efectuar actos terroristas. Mientras trabajaba para la CIA participaba, al mismo tiempo, en estas acciones. Un memorando del FBI relata que “Luis Posada afirmó el 25 del junio pasado que Jorge Mas Canosa del RECE le había pagado $5.000 dólares para cubrir los gastos de un ‘operativo de demolición’ en México. Posada dijo que estaba planeando poner minas ‘lapa’ en una nave Cubana o Soviética que se encontraba  en el puerto de Veracruz, México, y que tenía 100 libras de explosivos C-4, además de detonadores.” Evidencias aplastantes muestran la participación de Posada en el bombardeo de un avión cubano que le quitó la vida a 73 personas, y apenas hasta el 2000 fue arrestado con 33 libras de explosivos C-4 en un intento de asesinato a Fidel Castro.

Condenado por un delito menor  luego de su arresto en Panamá, se cree ampliamente que su indulto, autorizado por la presidenta Mireya Moscoso en noviembre de 2004, fue impuesto por el gobierno de Bush. Esta especulación, aunque no sea del todo cierta, demuestra que tan fuerte es la amenaza que representa  Posada. A pesar de todos los asesinatos y la destrucción que este ha llevado a cabo, actualmente se le considera más peligroso, debido a  lo que sabe y a lo que podría pasar si deja de contar con la protección de Estados Unidos.

Venezuela está llevando a cabo, formalmente, una petición para la extradición de Posada por su participación en la tragedia de Cubana de Aviación. Pero no existe la posibilidad de que el presidente George W. Bush lo entregue a ningún país extranjero. Al final de la audiencia de Posada, que tuvo lugar la semana pasada, este solicitó asilo, así como   protección de extradición y deportación, respaldándose en la Convención Contra la Tortura. El juez, William Abbott, afirmó que Posada no podía ser extraditado a  Venezuela según las evidencias que se habían presentado. Dijo que mientras el gobierno de EU se negara a presentar pruebas de que Posada no sería torturado en Venezuela, no tenía más  elección que admitir que la evidencia de Posada -el testimonio del agente de inteligencia y abogado Joaquín Femando Chaffardet Ramos- era suficiente para dictar una sentencia a su favor.

Pero los argumentos jurídicos son superfluos y la audiencia es irrelevante para el destino final de Posada. Esas decisiones se tomarán en desde los más altos niveles del gobierno de Bush y dependerán más de  la política y de la historia, que de la ley propiamente dicha. Hay muchas razones que serían suficientes para que Posada no saliera nunca de Estados Unidos.

En primer lugar, Posada simplemente sabe demasiado sobre el pasado de Estados Unidos como facilitador e instigador del terrorismo en Centroamérica y Sudamérica. Es inconcebible que el gobierno de Bush diera a un gobierno extranjero la oportunidad de extraer de Posada información pasmosa con respecto a ello. El odio hacia  Fidel Castro y a la izquierda latinoamericana, en general, es una característica importante de la dinastía Bush. Las intersecciones entre esa dinastía y Posada son tan numerosas como fascinantes, aunque no sean contundentes. Ningún miembro del clan Bush jamás sobreviviría a la vergüenza de ser el que decidió entregar un aliado y socio como Posada a los brazos de los enemigos de la dinastía.  La sola participación de Posada en dirigir la operativa “contra” en Nicaragua para el entonces vicepresidente George H.W. Bush y el Presidente Ronald Regan es razón suficiente para mantenerlo fuera de las garras de Hugo Chávez.  

Segundo, si es entregado a Venezuela, oficiales de ese país podrían, simplemente, hacer afirmaciones embarazosas para Estados Unidos y decir que provinieron de las interrogaciones de Posada. El rencor actual  entre los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos podría hacer de Posada una oportunidad demasiada tentadora para que Chávez la deje escapar. El potencial para avergonzar a EU no tendría limites.

Finalmente, y más importante, hay cientos de miles de exiliados cubanos y sus descendientes viviendo en Florida, un estado clave durante cualquier elección presidencial.  Estos cubanos, en su mayoría, han  votado por candidatos conservadores y anti-izquierdistas, que prometen aplicar mano dura contra el régimen de Castro. Así,  si el presidente George W. Bush permitiera que Posada fuera extraditado a Venezuela, Chávez podría entregárselo a Castro. Esto implicaría una indignación enorme para la comunidad cubana en Florida y dañaría gravemente al Partido Republicano, el partido de la dinastía Bush. Las consecuencias serían aun más serias si Jeb Bush, hermano del presidente y gobernador actual de la Florida, se lanzara como candidato a la presidencia del Partido Republicano. Este último -quien convenció a su papá de que liberara al terrorista y socio de Posada, Oralando Bosch, en 1990- vería lastimado fatalmente su futuro político si su hermano causara que Posada terminara en manos de Castro. Todos esos años que los Bush pasaron congraciándose con la comunidad exiliada Cubana se perderían.

No es de extrañar que Posada la esté pasando bien y que casi no parezca preocupado por la extradición, aunque en un momento de descanso durante su interrogación le preguntó a su abogado, “¿me estoy defendiendo bien?”. Al final, no importa que tan bien se esté defendiendo Posada, porque su suerte no se determinará con perspicacia y aptitud jurídica, sino con cálculo político. Por eso, las posibilidades de que tenga un futuro seguro son abrumadores.

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Un socio de Posada Carriles fue arrestado

Santiago Álvarez, el dueño del barco en el que Luis Posada Carriles cruzó medio continente, según descubrieron nuestros colegas de Por Esto!, ha sido arrestado el día de hoy en Miami, como detalla este cable de la Agencia Cubana de Noticias.

Álvarez podría enfrentar cargos "por tráfico de personas hacia Estados Unidos". Eso podría dar un nuevo giro al caso del terrorista amigo de la CIA, acusado de volar un avión civil en 1976 con 73 personas a bordo, pero hasta ahora la Fiscalía del sur de Miami se niega a explicar los cargos por los que arrestó a Álvarez.

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