En acto político con 1.5 millones, Hugo Chávez llama a derrotar al imperialismo estadounidense

Caracas, Venezuela, 5 de febrero de 2006. Con los llamados para “derrotar y enterrar al imperialismo estadounidense”, el presidente venezolano Hugo Chávez Frías encabezó el acto político de la marcha multitudinaria que conmemoró los 14 años del inicio de la frustrada "rebelión militar patriótica, bolivariana y revolucionaria", comandada por el entonces golpista y hoy presidente de la Republica. Durante la mañana, tarde y noche del pasado sábado en el centro de esta ciudad, la histórica asistencia de esta movilización logró reunir a más de 1.5 millones de seguidores de todo el país. Esta impresionante manifestación desarrollada durante "el día de la dignidad nacional" considerada así por el gobierno, fue quizá la más concurrida en este país en los últimos años y cuyo ingrediente principal ha sido el fuerte discurso bélico antiestadounidense por parte de Chávez. Para el líder de la “Revolución Bolivariana”, el 4 de febrero “es consecuencia de la crisis histórica, moral, económica, política y social en la que estamos desde los años setenta"; de igual forma, el verdadero antecedente del despertar del pueblo –según Chávez- emergió de la rebelión popular (en contra del proyecto neoliberal del Pacto de Punto Fijo) y que terminó con la masacre del 27 de febrero de 1989, hecho histórico mejor conocido como el Caracaso.

Ante una enorme multitudinaria marea roja que empezó a fluir por las calles de esta ciudad desde las nueve horas, el discurso de cuatro horas del presidente adquirió fuertes contenidos bélicos que lograron incendiar el ánimo de la gente. Esto como resultado a las fricciones diplomáticas entre ambos países: el pasado miércoles el gobierno venezolano expulsó al agregado naval estadounidense John Correa acusado de espionaje en las entrañas de las fuerzas armadas. Por su parte la Casa Blanca expulsó a una diplomática de la misión de Caracas en Washington como "represalia" a la acción de Caracas.

En la misma línea el secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, reaccionó a la expulsión de Correa, emitiendo la declaración en la cual compara a Chávez, con el nazi Adolfo Hitler. Dijo que el presidente venezolano "es una persona que ha sido elegida legalmente como Hilter, quien luego consolidó el poder".

Y por su parte, en tono amenazante, el director nacional de inteligencia estadounidense, John Negroponte aseguró que "América Latina sigue presentando una serie de desafíos, incluida una tendencia hacia gobiernos socialistas antiestadounidenses, más notablemente en Venezuela". Acusó además que Chávez "está buscando lazos diplomáticos, económicos y militares con Irán y Corea del Norte", dos de los países a los que Washington considera sus principales amenazas externas. Ante estas fricciones, la escalada de agresiones verbales, parece haber llegado la tarde de ayer a un punto de riesgo considerable que llega directamente a las calles de Caracas.

Movilización de las masas y el llamado a la batalla

A lo largo de la movilización, es sumamente notoria la intensidad de los chavistas de apoderarse del centro de Caracas y de la Avenida Bolívar que los conduce al encuentro con su presidente. Para algunos, Chávez es irremplazable y único, mientras que para otros ha sido un enviado directo de Dios. Así, el enamoramiento con el líder militar y político trasciende el debate político, para insertarse en el rojo vestir homogéneo (en alusión al color de las misiones educativas, de salud u organismos de gobierno) como muestra incondicional de apoyo, hasta la penetración de Chávez en el imaginario popular de los que menos tienen. Para esta gente, que en buena medida ha sido trasportada por el gobierno desde diferentes partes del país, el socialismo del siglo XIX propuesto por el líder es un credo y el mejor futuro para Venezuela.

Pero la estrategia de Hugo Chávez al frente del poder político, económico y militar del Estado venezolano no sólo se reduce al carisma y a su elocuente oratoria. Para este gobernante, él mismo es la reencarnación de la lucha y el legado del libertador Simón Bolívar. La Revolución Bolivariana entonces se hace presente cuando se llama a fortalecer la unidad para salvar la patria, la revolución y el futuro de este país y de toda América Latina. "La batalla contra el imperialismo de los EUA estaba comenzando con Bolívar, ahora nosotros hemos tomado la bandera de Bolívar y les pido a todos que hagamos todo lo que tengamos que hacer para que 200 años después derrotemos al imperialismo norteamericano y contribuyamos a salvar la vida en este planeta, echando al mundo entero es una responsabilidad de nosotros uniéndonos con nuestra América y los sectores progresistas de los EUA"

El fuego de la marea roja se enciende paulatinamente. Chávez llama a la unidad pues hoy comienza la II Batalla de Santa Inés: "esta batalla va a ser muy dura, porque no estamos batallando contra la oposición venezolana, ni contra los viejos partidos "(...) estamos enfrentando realmente al imperio más poderoso, inmoral, cínico, asesino que ha existido en toda la historia del planeta; él es el adversario y es necesario tener conciencia, no subestimar al adversario histórico" recuerda Chávez, con efusiva respuesta de sus seguidores.

Y para muchos medios de comunicación nacional e internacional, el discurso excesivamente militarista del presidente Chávez ha pasado un poco inadvertido. Durante el acto, no sólo ha solicitado al pueblo y a la Asamblea Nacional una nueva adquisición de “otro lote de armamento” que incluye además de los 100 mil fusiles rusos, equipo para guerra nocturna, “lanzacohetes bien buenos y bien modernos”, sino que también ha llamado al reclutamiento de un millón de hombres y mujeres: “vamos a formar ese millón de hombres y mujeres bien equipados y bien adiestrados en la guerra de resistencia, en la guerra asimétrica. Porque si al imperio norteamericano se le ocurre la locura, de venir aquí a vomitar su carga de fuego y de muerte, pues aquí comenzaría la guerra de los 100 años; ¡aquí enterraríamos al imperio de los Estados Unidos¡" La marea roja hace escuchar su coro con fuerza al término de cada frase beligerante: “¡Así es que se gobierna, así es que se gobierna!” dicen los sectores sociales más pobres que avalan la confrontación verbal.

En el hipotético escenario de un enfrentamiento bélico, Chávez llevaría al pueblo venezolano al borde de una guerra innecesaria si Washington sale de Irak en el mediano plazo. El líder parece olvidar que el país del norte cuenta con armas nucleares y bacteriológicas de alto poder. Pero para este militar, el fin justificaría los medios: ¡qué Dios nos libre de una guerra! pero tenemos que prepararnos para defender la patria ¡si aquí tenemos que morir defendiendo a Venezuela, aquí moriremos defendiendo la soberanía de nuestra patria, ¡tendrían que pasar por encima de millones de venezolanos, defenderemos la patria libre de Bolívar!"

El poder del petróleo

Antes de cualquier escenario bélico, resulta más probable la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambas naciones. El presidente Chávez se encuentra en pié de guerra, ya que si Washington rompe relaciones con Caracas la amenaza energética del sur está latente: “(…) a mi no me cuesta nada mandar a cerrar las refinerías que tenemos en los Estados Unidos, ya veríamos a cuánto llega el barril de petróleo, ya veríamos a cuánto llega el galón de gasolina; a mi no me constaría nada venderle el petróleo que le vendemos a los EUA a otros países del mundo, y aquí vienen a cada rato pidiendo más petróleo y verdaderos aliados como China, como India, países europeos y latinoamericanos”

Venezuela es miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y actualmente también el quinto exportador del mundo; vende a Estados Unidos cerca de un millón y medio de barriles diarios. Lo anterior, pone a Chávez en una posición de fuerte poder geoestratégico del que pocos líderes antiestadounidenses pueden disfrutar.

En la calle, la flama roja de la marea multitudinaria se enciende al tiempo que el discurso beligerante sube de tono al hacer referencia al energético: “Y estoy seguro, una guerra contra nosotros llegaría a su propio territorio (estadounidense), les haríamos la guerra por dentro si es que ellos aspiran que van a venir aquí a adueñarse de nuestro petróleo, olvídense, ¡el petróleo venezolano es de nosotros los venezolanos o no es de nadie!, ese petróleo es nuestro y es para compartirlo, pero en paz y con respeto a nuestra soberanía"

Escenarios después de la elección

En la última parte de su intervención, Chávez hizo especial énfasis en la democracia electoral y participativa que se construye en el país sudamericano; llama a que "que no se quede nadie sin votar". Y sin reprimir a la oposición, desea que de esta surjan “verdaderos contendientes”. En proselitismo electoral, insta a sus simpatizantes a “lograr los 10 millones de votos" para su reelección del 3 de diciembre próximo. No obstante, para el líder militar existen dos escenarios posibles que el “imperio” fomentará:

1) Se hará creer que ha habido un empate artificial, argumentando que Chávez ha bajado en las encuestas; se buscaría deslegitimar el proceso electoral con apoyo de las derechas internas y de América Latina, lo cual llevaría a una situación de inestabilidad. 2) Por otra parte, la oposición se podría retirar de la contienda, acusando al proceso de ilegítimo y fraudulento. Se trataría de lograr una alta abstención para luego desconocer el gobierno “revolucionario” y llevar al país a la inestabilidad.

Hugo Chávez tiene la seguridad de que logrará la reelección e incluso consolidarse en el poder por varios años más; algunos incluso hablan de su permanencia hasta el año 2021 o el 2050. Al tono de los alaridos de la multitud que lo aclama como un verdadero jefe militar y espiritual, este líder carismático despierta también el odio de la oligarquía empresarial y algunos sectores de la clase media de un país que se encuentra polarizado por extremos ideológicos casi irreconciliables. Por su parte, el discurso excesivamente bélico-militarista, pone ahora a Chávez en la posición política más radical frente a la superpotencia militar del norte. El sentimiento antiimperialista y la rabia que se siembra entre sus seguidores, podrían llevar a estos a la eventual y nada deseable exigencia de la acción violenta a su líder.

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