La Evidencia Sugiere que el Candidato Presidencial Donald Trump Podría ser un Informante del FBI

Según ex agentes federales, una larga relación de negocios entre Trump y un activo del FBI que tiene lazos con Rusia y el crimen organizado, plantea esta posibilidad

por Bill Conroy

La relación de negocios entre el candidato presidencial republicano Donald Trump y un informante del gobierno estadounidense llamado Felix Sater plantea algunos interrogantes interesantes acerca de qué sabía Trump y cuando lo supo – y si Trump, en algún momento, también acepto convertirse en informante.

Sater, un estafador convicto de raíces rusas, sin embargo, habla muy bien de Trump en los medios, diciéndole al Washington Post a principios de este año que “será el Presidente más grande de nuestro siglo.” Sater también donó el máximo monto permitido, $ 4.500, a la campaña presidencial de Trump y afirma haber visitado la Trump Tower por negocios “confidenciales” el verano pasado, de acuerdo con informes de la prensa.

A la fecha, Trump le ha dicho a los medios que apenas recuerda a Sater, a pesar de su relación de negocios de larga data, que implicó varias interacciones formales e informales y al menos una aparición pública conjunta.

Entonces, ¿por qué Trump esta tan ansioso por distanciarse de un ex socio y asesor comercial ahora que es candidato presidencial?

Una posibilidad es que el trabajo de Sater como informante del gobierno sea un golpe demasiado cercano para el multimillonario candidato presidencial, cuyo imperio empresarial está apuntalado por una gran cantidad de dinero ruso y que operó en el negocio de los casinos de la mafia entre 1995 y 2009.

De hecho, según el Wall Street Journal, Trump se reunió con agentes del FBI a comienzos de la década de 1980 para debatir sus planes de entrar al negocio de los casinos en Atlantic City, en parte, debido a las preocupaciones acerca de la influencia del crimen organizado en dicha industria y los temores de Trump de que tal jugada manchase la reputación de su familia. Un agente del FBI le aconsejó que invirtiera en otro lado.

Aun así, Trump siguió adelante, controlando a la larga cuatro casinos y amasando una montaña de deuda que finalmente lo obligaría a salirse del negocio en 2009. Uno de los copropietarios del sitio donde Trump construyó su primer casino en Atlantic City a comienzos de la década de 1980 era un informante del FBI vinculado con la mafia, de nombre Daniel Sullivan, a quien Trump luego utilizó como asesor en temas laborales, informó el Wall Street Journal. De modo que Sater no representa la primera vez que Trump ha hecho negocios con un informante del FBI.

No es coincidencia

Es poco probable que la relación entre Trump y Sater se deba a un encuentro casual, de acuerdo con media docena de ex agentes federales recientemente entrevistados por Narco News. Los ex agentes, todos ellos con vasta experiencia en operaciones de inteligencia y manejo de informantes, sostienen que Sater probablemente se haya acercado a Trump a propósito en un esfuerzo de avanzar con sus metas informantes.

Varios de los agentes dijeron que la red de negocios de Trump representa un ambiente rico en blancos, tanto para las fuerzas del orden público como para las agencias de inteligencia. Afirmaron que Sater, de haber estado haciendo su labor como informante, habría estado reportándole a sus encargados del FBI, fuerzas del orden público y agencias de inteligencia acerca de las actividades de Trump.

Sater, al ser interrogado acerca de su relación con Trump en una reciente entrevista por correo electrónico con Narco News, se ha negado a abordar si es que estaba monitoreando a Trump como parte de su rol de informante, o si sus contactos gubernamentales estaban al tanto de sus tratos comerciales con Trump. Sin embargo, Sater sí ha afirmado que “estoy bastante seguro de que el gobierno conocía el peso de mi perro hasta las onzas” – como indicación de que las agencias policiales y de inteligencia a las que informaba estaban bien al tanto de sus negocios con Trump.

Si Trump ya estaba al tanto de que Sater era un informante desde el comienzo, no está claro. Trump, según reportes de la prensa, niega haber sabido acerca del sórdido pasado de Sater cuando se conocieron y comenzaron a trabajar en acuerdos. La secretaria de prensa de Trump, Hope Hicks, no respondió a la solicitud de comentarios.

No obstante, en 2007, el New York Times publicó un artículo acerca de los antecedentes penales de Sater y su supuesta colaboración con el gobierno estadounidense; artículo en el cual Trump es citado. Al parecer Trump ya debería haber sabido a esa altura que Sater probablemente fuera un informante, y aun así continuó haciendo negocios con él.

Uno de los ex agentes federales entrevistados por Narco News, que solicitó mantenerse anónimo, afirmó que si Trump siguió trabajando con Sater incluso después de darse cuenta de que era un informante, puede ser señal de que Trump también estuviera cooperando con autoridades federales.

“Una posibilidad es que Trump estuviera trabajando con los rusos [apoyándose en inversiones rusas para financiar sus empresas] y que el gobierno de EEUU haya plantado a Sater [en la órbita de Trump] para monitorear esa actividad,” dijo Celerino Castillo, un ex agente de la DEA que jugó un papel principal en exponer el rol del gobierno en el narcotráfico en la época del Irán-Contra. “Los rusos lavan mucho dinero.”

Durante el tiempo en que Sater trabajó con Trump, el financiamiento de las empresas del multimillonario se basó en gran medida en inversiones rusas, según el hijo de Trump, Donald Trump Jr., quien en 2008 en una conferencia de bienes raíces en Nueva York dijo: “Los rusos conforman una sección representativa bastante desproporcionada en muchos de nuestros activos. Vemos dinero proveniente de Rusia a raudales.”

Varios de los ex agentes federales entrevistados por Narco News, que solicitaron que no se divulgaran sus identidades, dijeron que si Trump decidió cooperar con las autoridades federales respecto a los rusos, su conocimiento de las actividades del crimen organizado o algún otro asunto, probablemente haya sido para proteger y fomentar sus propios intereses comerciales.

Un agente con larga experiencia en el trato con operaciones tanto del FBI como de la CIA explicó que el FBI opera una división de inteligencia que lleva adelante una función domésticamente similar al papel de la CIA. Sostuvo que dados los intereses comerciales de Trump – que incluyen la industria de los casinos y conexiones rusas – no está fuera del reino de lo posible que haya sido reclutado como fuente de información:

Muchas personas se sienten halagadas de tener a la CIA o al FBI en su puerta pidiendo favores en forma de inteligencia. El ciudadano lo ve como una oportunidad de compensación [protección] para evitar cargos de corrupción, fraude, robo, o incluso mala publicidad. La CIA puede considerar de interés el ayudar a un ciudadano a expandir su negocio, y que coincidentemente mejore su acceso a la información. En la mayoría de los casos las suposiciones de los ciudadanos resultan ser ciertas. Una vez más, hago énfasis en que esas agencias consideran la recolección de alto nivel de inteligencia mucho más importante que detener el crimen.

Y ese enfoque, de acuerdo con el ex agente encubierto de la DEA Mike Levine, es lo que lleva a la corrupción en el mundo del manejo de informantes.

Levine, quien ahora testifica regularmente en la corte como testigo experto, explicó:

Estoy involucrado en un caso donde estoy representando a un pandillero mafioso contra el FBI. 

Él era un informante de alto rango de 18 años de edad que en su momento ganaba un total de alrededor de $ 30.000 en honorarios no especificados. [Eso] significa que le fue concedida una licencia para cometer cualquier crimen necesario a fin de mantener su posición dentro de la mafia para que los agentes del FBI pudieran presentar informes super interesantes. Pero no pude encontrar ninguna condena en la cual el informante fuera instrumental para conseguirla en todo ese período de tiempo. ¿Suena como el caso Whitey Bulger?

Ese es el problema. El FBI y la CIA han generado una situación en la cual, si te encuentras bien posicionado en una organización criminal, puedes obtener una licencia del FBI o la CIA para cometer todo tipo de crímenes (para mantener tu tapadera) a cambio de la cual les das mierda a los federales.

Ergo, si Sater et al. son algo inteligentes, se volverán informantes para el FBI o la CIA, porque no tienen nada que perder y mucho que ganar. El crimen sí paga.

Los ex agentes federales que hablaron con Narco News dejaron en claro que, en su experiencia, los informantes y otros colaboradores rara vez actúan por altruismo o un sentido de patriotismo. Su cooperación casi siempre se basa en el ego y los intereses propios. Si Trump estaba trabajando como fuente cooperante, o informante, ya sea en relación a sus vínculos con la industria de los casinos, inversores rusos o alguna otra cuestión, los agentes manifestaron que probablemente fuera porque se beneficiaría de esta cooperación, de manera similar a Sater.

Existen precedentes para ese tipo de cooperación por parte de personajes acaudalados del mundo de los negocios. El ex dueño de los New York Yankees, George Steinbrenner, trabajó como informante del FBI asistiendo con cuestiones de investigación criminal y seguridad nacional de 1976 hasta 1987, según el libro del ex agente de la DEA y abogado Dennis Fitzgerald, Informants, Cooperating Witnesses, and Undercover Investigations (Informantes, Testigos Cooperantes, e Investigaciones encubiertas. En el caso de Steinbrenner, de acuerdo con el libro, se encontraba motivado por el deseo de obtener un perdón presidencial por su condena de la época de Watergate por autorizar contribuciones ilegales a la campaña presidencial de Richard Nixon.

“El 20 de enero de 1989, el Presidente Reagan tenía al menos tres celebridades buscando perdones: el industrial Armand Hammer, la heredera y ladrona de bancos del Ejército Simbionés de Liberación Patty Hearst, y George Steinbrenner,” escribe Fitzgerald en su libro. “Sólo uno de ellos ganó la lotería: el perdón de Steinbrenner fue uno de los últimos actos oficiales del ex informante del FBI y Presidente, Ronald Reagan.” Sí, Reagan, un ex actor (como Trump), trabajó como informante del FBI durante la década de 1940 como parte del esfuerzo para purgar “infiltrados comunistas” de la industria cinematográfica en Hollywood.

Tiempo de Sater

Sater, al tiempo que servía como informante del gobierno estadounidense, era un ejecutivo con una compañía de desarrollo de bienes raíces llamada Bayrock Group LLC, que ya en 2003 alquiló espacio de oficinas en la Trump Tower en el centro de Manhattan.

Mientras estuvo con Bayrock, Sater se acercó a Trump y el dúo pronto estaba persiguiendo negocios multimillonarios en Rusia y EEUU entre 2005 y 2007, incluyendo un proyecto de desarrollo de condominios llamado Trump SoHo en el centro de Manhattan.

En 2005, Trump cerró un trato con Bayrock para construir un hotel en Moscú, pero el proyecto no resultó. Sin embargo, más adelante sí se alió con Bayrock en el proyecto Trump SoHo, que  en 2007 recibió un espaldarazo, junto con varios otros proyectos de Bayrock, bajo la forma de una inversión de $ 50 millones de dólares de una compañía de inversión islandesa. Esa compañía, el Grupo FL, estaba respaldada por rusos “que estaban a favor del [Presidente ruso] Putin,” alegan escritos en una demanda contra Bayrock.

Bayrock es actualmente el objetivo de una demanda civil por chantaje presentada por el ex director de finanzas de la compañía y otro empleado. Los demandantes alegan en sus escritos que Bayrock “pertenece y es secretamente administrada por la mafia” y acusan a los directores de la compañía de participar en “lavado de dinero, conspiración, soborno, extorsión y malversación de fondos.”

Bayrock fue fundada y dirigida por un ruso de nacimiento llamado Tevfik Arif, quien se desempeñó como funcionario comercial durante la era Soviética, de acuerdo con el litigio, que sigue pendiente y está siendo disputado por los abogados de Bayrock en la corte federal en Nueva York.

Sater fue contratado por Bayrock después de haberse declarado culpable en 1998 de los cargos de chantaje en relación a su papel en una maniobra de lavado de dinero y fraude en compraventa de acciones de Wall Streer por $ 40 millones, que fue llevado a cabo en conjunto con sindicatos del crimen organizado de Rusia y Nueva York, según los documentos legales e informes de la prensa relacionados con el caso. De hecho, Sater trabajó en Rusia desde aproximadamente 1996 hasta 1998, cuando volvió a EEUU para enfrentarse a los cargos criminales pendientes en su contra en ese caso, conforme a la transcripción de la audiencia de sentencia.

A principios de la década de 1990, Sater también fue condenado y cumplió un año en prisión por apuñalar a un hombre en el rostro con el tallo de una copa margarita durante una pelea en un bar.

Sin embargo, el pasado criminal de Sater se mantuvo oculto de la mirada pública debido a que su caso legal fue sellado después de que llegara a un acuerdo en 1998 para convertirse en informante del gobierno estadounidense a cambio de la esperanza de una sentencia más leve en el caso de fraude de valores. Eso también quiere decir que su pasado criminal y trabajo como informante probablemente se hayan mantenido en secreto ante Bayrock y Trump.

Eso fue hasta 2007, cuando un artículo del New York Times expuso los errores del pasado de Sater y el hecho de que probablemente accediera a cooperar con el gobierno de EEUU para evitar una larga pena de prisión. Aun así, en 2010, después de que Sater dejara Bayrock como consecuencia de la exposición pública de su pasado, la Organización Trump todavía conservó a Sater como consultor y le emitió una tarjeta de negocios con el título de “Asesor Principal de Donald Trump.”

Uno de los encargados del FBI de Sater, Leo Taddeo, cuya especialidad eran los sindicatos de crimen organizado de EEUU y Rusia, le dijo al juez en la audiencia de sentencia de Sater en 2009 que “sin su cooperación, hubieran pasado unos años más hasta que el FBI eliminara de forma efectiva a La Cosa Nostra [las familias de la mafia de Nueva York] del negocio de las acciones de centavo.”

Enlace: transcripción de la sentencia en PDF

Años más tarde, a comienzos de 2015, en su declaración escrita ante el Congreso, la actual Fiscal General de EEUU, Janet Lynch, también reveló que además del trabajo de Sater como informante del FBI dirigido al crimen organizado, también proporcionó “información crucial para la seguridad nacional.”

Para el momento de su audiencia de sentencia en 2009, Sater había trabajado unos 11 años como informante (o testigo cooperante en términos técnicos) – la mayor parte de ese tiempo durante la presidencia de Bush. El juez en el caso de Sater al parecer creyó que había sido redimido. Sater salió caminando de su juicio con una multa de $ 25.000 y sin tiempo de prisión, o la restitución requerida por su papel en una estafa de fraude de acciones ligada con la mafia por $ 40 millones.

Sin  embargo, la leve sentencia de Sater no es necesariamente un reflejo fiel del valor de su trabajo y carácter. El juez federal del caso de fraude de acciones de Sater, Leo Glasser, ya había dictado una sentencia leve similar años atrás al notorio Salvatore “Sammy the Bull” Gravano, quien había participado en unos 19 homicidios trabajando como sicario de la mafia. Gravano luego se convirtió en informante del FBI y ayudó a condenar a su jefe, el llamado Teflon Don, John Gotti.

El Juez Glasser sentenció a Gravano en 1994 a un periodo de cinco años en prisión, es decir, alrededor de tres meses por cada homicidio. No obstante, la evaluación de carácter del juez en ese caso resultó defectuosa, dado que Gravano luego fue condenado por dirigir una importante red de distribución de éxtasis en Arizona, en connivencia con un grupo de blancos supremacistas, y en 2002 fue sentenciado a 20 años de prisión.

La Casa de los Espejos

Las advertencias del ex agente de la DEA, Levine, acerca de la naturaleza del negocio de los informantes y del potencial para que los informantes y otros colaboradores abusen del sistema, parecen merecer cierta atención en el caso de Sater, dadas sus reclamaciones recientes acerca de su trabajo en “seguridad nacional.”

Sater le dijo a Narco News lo siguiente a través de correos electrónicos:

Yo fui la persona que compró los 20 stingers [misiles portátiles] en Afganistán, no Rusia, en nombre de la CIA. Necesitábamos reunirlos todos. Los viejos stingers no contaban con el chip que les impedía disparar a los aviones estadounidenses, y cuando algunos cayeron en manos de Al-Qaeda, tuvimos que retirar el resto del mercado tan rápido como fuera posible. Ya estaba en el terreno dirigiendo una operación para la inteligencia militar de EEUU, así que la CIA me dejo manejar ésta también.

Desarrollé una estrecha relación con [nombre redactado] y empezamos a organizar la compra de stingers en base a la directiva del Presidente Clinton. También estuvimos planeando ataques y la eliminación de UBL [Osama Bin Laden] en 1998, un par de años antes del 9/11.

Sí, he jugado un papel principal en el bombardeo del Presidente Clinton del campamento de UBL en el ’98. Y después del 9/11, me fui a toda marcha sobre los bombarderos del World Trade Center, su red financiera, a la caza de operarios sueltos, etc., a la vez coordinando el bombardeo de objetivos en Afganistán, etc. etc. etc.

[Énfasis añadido.]

 

Un ex agente de la CIA que habló con Narco News, pero solicitó que su nombre no fuera divulgado, dijo respecto de las afirmaciones tipo Forest Gump de Sater: “No confiaría en él. Mi sensación de estar en el negocio de la inteligencia sería la de dejarlo ir. Si tenía negocios con Trump, eso es problema de Trump. Si Rusia lo estaba utilizando, los embaucaron a ellos también. Simplemente no querría ensuciarme las manos con él.”

Como evidencia de los problemas de confianza del agente de la CIA con Sater, dos de las afirmaciones hechas por Sater en el relato de sus supuestas aventuras a la caza de Al-Qaeda no pasan la prueba de credibilidad.

Primero, es difícil imaginar a los comandantes militares estadounidenses permitiéndole a Sater, un estafador convicto con conexiones con la mafia rusa, “dirigir una operación para la inteligencia militar de EEUU.” Segundo, con respecto a la declaración de Sater de que “jugó un papel principal en el bombardeo del Presidente Clinton del campamento de UBL en el ’98,” la línea de tiempo simplemente no concuerda.

Esos bombardeos ocurrieron en agosto de 1998. Sater no se convirtió en informante del gobierno estadounidense hasta diciembre de ese año, casi cinco meses después de los bombardeos, de acuerdo con el convenio de cooperación que firmó con la Fiscalía de EEUU en el este de Nueva York.

Por último, en el correo electrónico de Sater a Narco News presumiendo de su trabajo en seguridad nacional, revela la identidad de su supuesta fuente de información en Afganistán. Narco News ha decidido no publicar esa información, porque incluso si Sater no estuviera diciendo la verdad, la vida de esa persona aún podría correr peligro de ser expuesta en un artículo de prensa – simplemente porque algunos podrían creer en las afirmaciones de Sater.

Narco News le pidió a Levine que opinase sobre el relato de Sater acerca de su trabajo encubierto en seguridad nacional. He aquí lo que Levine dijo al respecto:

Todos los soplones cuentan fantásticas historias de película. Este tipo no es la excepción. Las historias se derrumban cuando aplicas los estándares de corroboración que aún enseño. Tengan en cuenta que la Operación Agente Brush reveló que el 60 por ciento de todos los agentes de la CIA [informantes] les estuvieron vendiendo mierda a sus oficiales/encargados durante décadas. A grandes rasgos la historia de este tipo [Sater] apesta a mierda. Se está vendiendo a sí mismo en lugar de la verdad.

El pasado criminal de Sater y su voluntad de exponer los detalles de su trabajo en seguridad nacional, o, como probablemente sea el caso, de tergiversar los detalles de ese trabajo para su propio engrandecimiento, plantea serios interrogantes acerca de su credibilidad como informante. También cuestiona gravemente el juicio del candidato presidencial Donald Trump en su elección de hacer negocios con semejante individuo, conociendo o no su estatus de informante en ese momento. Una vez presidente, las oportunidades de ser engañado por estafadores con mucho más poder que Sater se magnifican exponencialmente.

No cabe duda de que Sater ha sido informante del FBI por años, y de que contribuyó información que algunos agentes federales consideraron valiosa para la seguridad nacional de EEUU, pero la veracidad de dicha información sigue siendo en gran medida una incógnita, al igual que el papel de Trump en el avance de las mecanizaciones de Sater.

“Un tipo como Sater haría cualquier trato que pudiera [con el gobierno] para conseguir esa ´licencia para cometer crímenes,´” agregó Levine.

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