Gary Webb, ¡Presente!
Querido Gary: Esta noche volví a la casa y en cuatro líneas George Sanchez me explicó por qué esta vez no podrás contestar a mi palabras. Simplemente, como decía el poeta salvadoreño Roque Dalton, decidiste pasar a mejor vida... y eso, por supuesto, no nos incluía a mí, a George y a Reed Lindsay, que mucho te debemos y tanto te hemos querido. Está bien, Master Webb, no contestes, solamente lee... No quiero olvidar la mañana de Cancún en que Al Giordano, sonriente y convencido de hacer algo importante, nos presentó. Ahí, detrás del bigote rubio, sonriendo tiernamente, estaba el hombre, el nombre, Gary Webb... en los días por venir descubriría al amigo, al colega, al periodista que hace más de una década, con sus reportajes en el San Jose Mercury News, hizo que aprendiera a querer mi oficio elegido, le tomara respeto. Aquí, ahora, conmigo y entre mis dedos, en cada palabra que escribo, se quedan todos ellos, para siempre...
Esos diez días en la Escuela de Narco News de Periodismo Auténtico, en mi tierra, en sus playas y en sus calles, fueron memorables, ¿recuerdas? Y para mí, especialmente, se convirtieron en el perenne recuerdo de nuestras conversaciones. Es alguien a quien siento muy cercano a mí, le dije a una amiga, cada vez que comentamos sobre lo que es ser periodista estamos de acuerdo... como si nos conociéramos.
Aquí se queda esa mañana en Puerto Morelos embarcando maletas en el autobús a Mérida. Te pregunté si notabas esa diferencia en el tamaño de los equipajes de los estudiantes, periodistas todos ellos... era como si una nueva generación de personas se hiciera cargo del periodismo, cargando no sé qué cosas en maletas inmensas, en bolsos a punto de reventar. Nosotros, es decir, los más veteranos, apenas cargamos tres ropas, suficientes herramientas y una caja de cigarrillos: lo necesario para moverse, seguir moviéndose siempre, ¿verdad? Esa mañana, decía, nos reímos un buen rato juntos de los afanes de los chicos, intrigados por el contenido de tanto bulto... no dudo que ahora, a dónde te has ido, sigues siendo el mismo: sencillo, ligero de equipaje...
O esa cerveza fresca en medio del calor del Caribe que tomamos para que yo, como adolescente, te confesará que guardo en un rincón de mi casa, en México, algunos ejemplares del Mercury, con tus notas todavía frescas, todavía ciertas... por ese entonces, 1996, algún viejo amigo de tiempos duramente humanos recordaba mi amor por la Revolución Sandinista y tuvo a bien enviarme los diarios para que leyera lo que estabas descubriendo: los Reagan, los North, los asesinos de siempre habían traficado cocaína para pagar la más cruel de las guerras en América Latina durante los años ochenta... nunca te dije que mi amigo es nicaragüense, que lo conocí hace más de dos décadas, que peleó una revolución por su vida y las de sus hermanos, que conocía la brutal cotidianidad de los frentes de guerra de la Contra y que, al enviarme tus textos, lo hizo con una nota de esperanza, no por ganar nada ni por conseguir algo, simplemente porque alguna vez, una sola vez, se supiera la verdad de tanta canallada viva...
Oye, ¿y te acuerdas que una mañana, hartos de escuchar a un tipo que ni siquiera nos caía bien, nos escapamos de una sesión de trabajo a tomar un café? Ahí sí que hablamos de lo que es ser periodista: media hora infame para contarnos algunos cuentos de aventuras, algunas desgracias y hasta algunas vergüenzas... de hecho creo que fue en la barra de esa cafetería que nos pusimos de acuerdo sobre cómo trabajar juntos, ya que sabíamos que, al menos por un mes, serías editor responsable de Narco News... y también, para nosotros nomás, hicimos un pequeño balance del taller de periodismo de investigación que habías coordinado en esa sesión de nuestra escuela... pinche Gary, era emocionante charlar contigo de esos temas porque los tenías todos muy claros. Por eso seguí escribiéndote todo este tiempo, porque con la dulzura que caracterizaba todo lo que hacías era más fácil tener todo claro, y seguir escribiendo, seguir cavando en este pozo de mierda: no dejar escapar los detalles, tener claro todo el tema que trabajamos, leer, anotar, escribir... Reed hizo un montón de notas sobre lo que en ese taller se dijo, me acuerdo...
Jefe Gary, perdona la digresión, pero ¿terminaste el libro que estabas trabajando? Me acuerdo que hace unos meses quedó todo en suspenso mientras conseguías trabajo, pero cuando me escribiste por última vez ya eras reportero de nuevo... así que supongo que sí, porque un periodista no deja el trabajo inconcluso, y tú eras de los mejores que conocido, que he leído... ahora, espero que a salga a la venta para saber en qué anduviste estos últimos meses... porque en verdad no lo sé, y esa ignorancia me hace llorar, jefe...
Sé, eso sí, que tú no jalaste el gatillo que disparó contra ti este fin de semana. Sé que a la muerte te estaban condenando con la soledad y el aislamiento, pero ni el New York Times, ni esos otros periódicos de mucho nombre y poca ética pudieron contigo (eras demasiado para ellos, con tu honestidad y tu tranquila fuerza)... y sé que con estas palabras apenas hago lo que dice nuestro cuate Bill Conroy que es mi labor como amigo: distraer al diablo media hora mientras cruzas esa puerta...
No hay historia pequeña, dijiste alguna vez para explicar cómo el tema más simple puede convertirse en una buena nota. En todas partes hay fuentes para trabajar... cuántas cosas te escuché decir, cuántas palabras tuyas leí para saber cómo se hacen estas cosas... cuantas veces pensé que sí, como dijiste, que debimos haber trabajado juntos una vez más... ¿sigue en pie la oferta, jefe? ¿Sigue la oferta de hospedaje y cervezas en pie? Porque ahora que te me has adelantado espero un día alcanzarte... y reír un rato juntos mientras escribimos nuestras notas...
Mientras, Gary, acá donde me he quedado (bastante más solo sin tu compañía), te digo lo mismo que me dijiste hace como medio año: Mantén viva la lucha. Yo, que supe del placentero honor de trabajar un poco contigo y ser amigo tuyo en esta distancia inútil, sigo tratando de ser un buen hombre, y un buen periodista, porque ahora que has cambiado de casa, quedan todavía menos...
Cuídate, jefe Gary, y si te da por comunicarte, manda un reportaje, sobre lo que sea (hasta sobre el sexo de los ángeles)... yo me quedo esperando, haciendo búsquedas abiertas en Internet por tu nombre, un poco enojado por no haber vuelto a encontrarte... y triste, porque allá donde estabas no te merecieron lo suficiente para que te quedaras...
Un abrazo enorme


Bill Conroy's words
Submitted on December 13th, 2004 by Luis GomezGary Webb was the real deal
Although I never met Gary Webb in person, he was a friend who helped save my tail-end from the long arm of the FBI.
I had just finished up a major expose about former FBI agent Lok Lau in October 2003. The story exposed the fact that the Bureau had used Lau to spy on China in the late 1980s and early 1990s. Lau claims that in the wake of his dangerous spying mission, the FBI discarded him, eventually firing him in 2000.
The newspaper that I wrote the story for, a small weekly in Texas, went to press on Wednesday and hit the streets on Friday. The story detailed Laus career and was based, in part, on court documents filed with the federal court in Sacramento, Calif. -- where Gary lived.
I recall that while reading over the paper the Friday the story came out, I got a call from a source. She told me the U.S. Attorneys office in Sacramento had filed a motion with the court seeking to declare the public court records I had based the story on as classified for national security reasons. The court pleadings even went a step further: They asked that the government be allowed to seize and scour clean any computers that the FBI suspected might have stored copies of the documents exposing Laus covert China spying mission.
That meant my computer as well.
What was mind boggling about the whole affair is that when we went to press on Wednesday, the court documents -- pleadings in Laus employment discrimination case against the FBI -- had been on file with the federal court for some three weeks. They were clearly public documents. However, two days later, after the newspaper was printed and to the readers, the government was trying to put the documents back into the vault under the shroud of national security.
Thats where Gary Webb came in. I had communicated with Gary previously by e-mail concerning my investigative reporting. He would offer me insight and suggestions on my stories, but mostly he would give me encouragement. When youre in the bunker, with shells going off all around you, its good to have a warrior like that to turn to, someone whos been in that bunker many times before and survived to write yet another story.
So after learning my computer was being targeted by the FBI, I gave Gary a call. At the time, he was working as an investigator for the California state Legislature. I remember asking him, What the hell do I do now? I gave him a rundown on the story. He suggested I get the documents being targeted by the government out into the sunlight. He gave me a contact at the California First Amendment Coalition. I reached out to them and that same day, Friday, I wrote a story about the whole affair for the coalition, and they posted the story with the court documents on their Internet site. I also sent a copy of the documents along to Al Giordano. He too put the documents up on the Net.
The next week, the story went global after the Associated Press picked it up. I believe the media exposure, coupled with the brave souls who stood up to the FBIs bluff and posted the court documents on the Internet, created enough of a blowback that the federal judge in the case decided to back away from the FBIs strong-arm request to seize computers. The judge rejected that part of the governments motion and to this day has not reconsidered that decision. However, he did rule that the public court documents should be redacted and sealed. (Laus case is currently on appeal.)
But Gary didnt stop there. He took up the charge and dove into Laus story himself and several weeks later published a long expose on the case through the Asia Times Asia Times. He had advanced the story even further and in the process provided me with more shelter from the storm.
Gary and I stayed in touch over the course of this past year, off-and-on by e-mail. He was a big Roxy Music fan, and I remember sending him some obscure stuff I hunted down on the Web about the bands history. We also communicated about the Narco News School of Authentic Journalism held this past summer in Bolivia. He had been a professor at the school the prior year and was invited back again. I was looking forward to finally meeting him in person.
Unfortunately, Gary said he couldnt swing the trip to Bolivia. I figured we would hook up another time for a beer and a war story or two. His final words to me were to make sure I said hello to Narco News Luis Gomez, a fellow authentic journalist for whom Gary had great respect.
So I never met Gary before his untimely death this past weekend, but I didnt need to. He was a friend in my heart, as he continues to be, even now.
And as I read the obits in the commercial media about his death, all of which mention his famous series for the San Jose Mercury News exposing the CIA/Contra crack connection -- and all of which go to great lengths to discuss how the big dogs of the commercial press discredited the series -- I keep in mind the words of social theorist Erich Fromm :
Gary did speak the truth, and in so doing, opened many eyes and has changed the world in the process. His story continues....
Ruppert on Webb
Submitted on December 13th, 2004 by Bill ConroyFrom Ruppert's article:
Some of the details of Gary's death, as reported by Ruppert:
Ruppert also addresses the unspoken thought that is on the mind of many about Gary's death:
Ruppert's right about that. Gary would only call a strike when it was in the zone, in my experience. In this case, all the facts have yet to cross the plate.
Las palabras de Bill Conroy
Submitted on December 13th, 2004 by Luis GomezGary Weeb era el verdadero asunto
Aunque nunca conocí a Gary Webb en persona, fue un amigo que me ayudó a salvar la punta de mi cola del largo brazo del FBI.
Acababa de terminar un gran reportaje sobre el ex agente del FBI Lok Lau en octubre de 2003. La nota exponía el hecho de que el FBI había usado a Lau para espiar en China a fines de los ochenta y principios de los noventa. Lau afirma que en el curso de su peligrosa misión de espionaje el FBI lo descartó, despidiéndolo luego en 2000.
El periódico para el que escribí la nota, un pequeño semanario en Texas, fue impreso el miércoles y salió a las calles el viernes. La historia detallaba la carrera de Lau y se basaba en parte en documentos judiciales archivados en la corte federal de Sacramento, California, donde Gary vivía.
Recuerdo que mientras leía en el diario ese viernes la historia impresa, recibí una llamada de una fuente. Me dijo que la oficina del Procurador General de Estados Unidos en Sacramento había elevado una moción a la corte buscando declarar los registros públicos en los que había basado la nota como clasificados por razones de seguridad nacional. Los pedidos a la corte fueron aún más lejos: pidieron que el gobierno requisara y limpiara cualquier computadora de la que el FBI sospechara que podría contener copias de los documentos que expusieran la historia de la misión de espionaje encubierto de Lau.
Eso quería decir que también mi computadora.
Lo que era alucinante en todo el asunto era que, cuando fuimos a la prensa el miércoles, los documentos declaraciones en el caso de discriminación laboral de Lau contra el FBI- habían estado en archivo en la corte federal por unas tres semanas. Eran evidentemente documentos públicos. En cualquier caso, dos días después, luego de que fuera impreso el periódico, el gobierno estaba intentando regresar los documentos a la bóveda con el alegato de la seguridad nacional.
Ahí fue donde Gary Webb entró. Me había comunicado con Gary previamente por correo electrónico acerca de mi investigación periodística. Él me ofreció su punto de vista y sugerencias sobre mis notas, pero sobre todo me dio ánimos. Cuando estás en el bunker, con bombas cayendo a tu alrededor, es bueno tener un guerrero como ése para voltear a verlo, alguien que ha estado en el bunker muchas veces antes y sobrevivió para escribir todavía una historia más.
Así que, luego de saber que mi computadora era blanco del FBI, llamé a Gary. En ese tiempo estaba trabajando como investigador para la legistatura estatal de California. Recuerdo que le pregunté: ¿Qué demonios hago ahora?. Le hice un recuento general de la historia. Él sugirió que sacara los documentos buscados por el gobierno a la luz del día. Me dio un contacto en la Coalición por la Primera Enmienda en California. Lo busqué y, ese mismo día, viernes, escribí una nota sobre todo el asunto para la coalición y ellos la pusieron junto con los documentos judiciales en su sitio de Internet. También mandé una copia de todo a Al Giordano, quien también puso los documentos en la red.
La semana siguiente, la historia se hizo mundial luego de que Associated Press la retomara. Creo que la exposición mediática, junto con las valientes almas que detuvieron la impostura del FBI, poniendo los documentos judiciales en Internet, crearon suficiente respaldo para que el juez federal a cargo del caso decidiera desestimar la petición del largo brazo del FBI para requisar las computadoras. El juez que rechazó esa parte de la moción solicitada por el gobierno no ha reconsiderado su decisión. De todos modos, sentenció que los documentos judiciales públicos no pueden ser cerrados ni sellados (el caso de Lau está siendo actualmente apelado).
Pero Gary no se detuvo ahí. Tomó a su cargo la historia de Lau y muchas semanas después publicó una larga nota sobre el caso en el Asia Times. Llevó la historia mucho más lejos y, en el proceso, me dio aún más cobijo de la tormenta.
Gary y yo nos mantuvimos en contacto durante el año pasado, de cuando en cuando, por correo electrónico. Era un gran fanático de Roxy Music, y recuerdo haberle enviado algún oscuro material que cacé en la red acerca de la historia de la banda. También nos comunicamos para hablar de la Escuela de Narco News de Periodismo Auténtico que tuvo lugar el verano pasado en Bolivia. Había sido profesor de la escuela el año pasado y fue invitado nuevamente. Quería finalmente conocerlo en persona.
Desafortunadamente, Gary dijo que no podría viajar a Bolivia. Me imaginé que nos reuniríamos alguna otra vez para tomar una cerveza y contarnos una o dos historias de guerra. Sus palabras finales para mí fueron para asegurarse de que saludara a Luis Gómez de Narco News, un colega periodista auténtico por el que Gary tenía mucho respeto.
Así que nunca conocí a Gary antes de su reciente fallecimiento el fin de semana pasado, pero no necesité hacerlo. Era un amigo en mi corazón y continúa siéndolo, aún ahora.
Y mientas leo los obituarios en los medios comerciales sobre su deceso, en los que se menciona su famosa serie de reportajes en el San Jose Mercury News exponiendo la conexión del crack con la CIA y la Contra y en los que todos discuten ampliamente cómo los grandes sabuesos de los medios comerciales desacreditaron la serie- vienen a mi mente las palabras del teórico social Erich Fromm:
Gary decía la verdad, y diciéndola, abrió muchos ojos y ha cambiado el mundo con ellos. Su historia continúa...
Gary Webb
Submitted on December 13th, 2004 by Andrew Grice (not verified)Gary Webb was truly an authentic journalist. To many millions, he exposed the realities of United States government participation in the very drug trade it claims to wage "war" against. His tremendous success and effectiveness in fearlessly pursuing that story can be measured in the hideous array of forces which tried to destroy him because of it. His courageous journalism went far beyond a single great story. But for those that didn't know Gary or even his other work, to remember him as the journalist who shattered the illusions of millions with his Dark Alliance reporting isn't a bad thing. It's a signpost that points to more. I hope that can be a comfort to some, because it has certainly been an inspiration to many. Journalism is better that he lived. In his passing, far more than journalism suffers the loss.
My heart goes out to all of Gary's family and friends facing the shock of his passing.
Gary's words as weapons
Submitted on December 13th, 2004 by Jennifer WhitneyAfter reading Luis Gomezs tear-jerking elegy to Gary, I went back and reread The Dark Alliance, and was reminded of all Ive learned and all Ive yet to learn about journalism, and about courage. And then I read his article calling for support of Narco News, published today in Counterpunchs obituary. And I cried, for all the lost stories hell never write, the lost lessons Ill never learn from him, and for the times when Ive felt fear or trepidation about writing, about journalism. Gary reminded me from a greater distance than I can imagine that I dont live in a world which can afford such luxuries as fear and trepidation about documentation and truth-telling.
I never met Gary, but I have learned from him, and continue to do so. His talent as teacher, writer, and authentic journalist lives on, not only in his work, archived all across the internet, but also in those he taught, befriended, and defended. Who knows where Bill Conroy would have been, had Gary not saved his computer from the FBI and joined him in the fight for the truth? Who knows how Al Giordanos case against Banamex might have gone, without Garys support and encouragement? And who knows where I, and other journalists just starting out, might be, had we not been inspired by Garys Dark Alliance series and his steadfast defense of his work as the corporate media lined up to toe the CIA line and trash his research?
Garys death is a wake-up call to me, a call to action, a reminder of basic things: that life is short and fragile, the stakes are high, and words are pointed and dangerous weapons, when wielded with skill. We have lost a great writer and investigator, and I feel that we all are charged with deepening our ties, strengthening our networks, sharpening our weapons, and honing our talents to try and compensate for that loss.
Re: Gary Webb Presente!
Submitted on December 14th, 2004 by Ron SmithI learned a few weeks later of Gary's dismissal from the SJMN and saw what the mainstream media do to a real journalist as the New York Times began a smear campaign against his meticulous hard work and reputation. The website was impeccable. Gary's work on Dark Alliance was one of the rare gems, completely documented, irrefutable, dangerous. At the time, the commotion around the exposé was palpable. I can remember reading about the CIA director at the time being pelted in Southern California, addressing an audience from some of the communities most affected by the crimes Gary had documented. The hiphop community rose up and demanded, with members of the Congressional Black Caucus, an end to the CIA. It smelled like revolution.
I didn't meet Gary until 2002, when my good friend Angelo Sacerdote and I made the drive to Sacramento to interview Gary for my documentary project on the impacts of US military aid to Colombia. Gary could be heard from time to time on Flashpoints and other programs on KPFA in Berkeley, California. I thought maybe we'd have a chance to get one of the true heroes of journalism on tape. Gary welcomed us into his home, allowed us all the time we needed for a great interview, and was encouraging for the work we planned to carry out. Gary was warm, forthright, and eschewed conjecture for cold facts. When I read of his death, I was shocked into silence, then yelled out in the middle of a Seattle Coffeeshop.
What the Fxck.
I don't know what else to add.
I know the facts of Gary's death will emerge, but only through the kind of investigation for which he was both famous and infamous. Whatever happened to you Gary, we'll do our best to follow in your footsteps. You are a true martyr and we'll never forget the work you've done for us.
Paz con Justicia y Libertad.
George Sanchez's words: What Gary Webb did
Submitted on December 14th, 2004 by Luis GomezSuicide is.
It cannot be understood and therefore, I dont try to understand why. It just is.
The obituaries here in the United States of America all read the same. Words like contended, controversial, and criticized are used to again diminish his work.
As if they could do anymore damage to a man that withstood the pressure of an entire industry after his own editors chose to back away from the ugly, ugly truth the reporter uncovered.
Gary was a contender. He didnt buy the official line. He stepped forward, asked for everything they got and shot back with a barb and hook in the form of a question. He leaned into the controversy and pulled it back with him, into the light, before the public, and out of the dark realm of buried secrets. And he criticized. Damn him if he didnt. He wouldnt be worth our time or the ink that ran his stories if he didnt report what he did and not have some criticism for the powers that be.
By this, and this only, we have existed
Gary never gave up. Even after Knight-Ridder shipped him to the Siberia of the Mercury News reach, Cupertino. Even after he left the paper in 1997, he took a job with the California Assembly Speakers Office of Member Services and the Joint Legislative Audit Committee.
Some one singled out, derided, and nearly black listed like him would likely have left newspapers, journalism, and maybe even the country. But not Gary Webb.
Ever the contender, he stuck at it, continuing his expose of the CIAs collaboration with known drug smugglers connected to the Contras in Nicaragua a year after he left the Merc in a freelance piece for the LA Weekly. His report for California Assembly Speakers office on racial profiling among California Highway Patrol Officers and his investigation of ousted California governor Gray Davis and his $95 million no-bid contract to Oracle were critical and controversial. Running with Bill Conroys piece on Lok Lau and investigating how much Sacramento County made off red-light cameras, he never shied away from the truth.
It didnt matter where he was; investigative reporting is what Gary Webb did.
Long before he took his life, Gary gave his life for us, for those who dared to wonder if there was something more to the official line, if there was another story lurking, trapped, beneath the surface of a placid, moralistic nation. He showed us it could still be done.
Which is not to be found in our obituaries
Its the little things Im going to remember. The practical advice he gave to a budding young reporter, whos still a budding young reporter, only no longer living off a pittance of freelancers wage, but the pittance of a daily reporters wage for the very company that backed away from Gary when the heat became scorching.
Why I should go work for a daily with a good editor to get my chops down (Guess what Gary, I did, and hes a colleague of yours.) How I should approach reporting this wild story I was just starting to dig into about the FBIs investigation of some California Prison Gang (Shit, Gary, you never even heard all that it took for Julie and I to finally get that published in the United States).
I found some notes I took from his presentation in Merida about working under a deadline, the very same speech I gave this year in Cochabamba with my beloved brother Reed and beloved sister Clau.
Q: What if the speaker actually says nothing and its more of a performance for the press?
I think as a journalist, you have two choices. You can not write a story or you can expose it as a press event, which sometimes tells you a lot more about that organization than doing a phony story or no story. What you can say is the speaker said nothing new. Hes said this fifteen times before. There were two journalists in attendance and it stirred no public reaction whatsoever.
Q: How do we figure out what our story is?
Your story, often, will choose itself for you, when you sit down to write it. Do not worry early on what your story is going to say at the end of your research because if you do, you will miss everything else that youre not looking for. (GBS NOTE: DAMN GARY, THATS A GOOD POINT!) Take everything in, take it all in, and see at the end of it, what is the most interesting, what you were the most curious about, what you found the most fascinating.
Accuracy and the truth are accuracy and the truth, regardless why youre here.
Journalists are revolutionaries, despite what youve been told.
One more thing
At the paper today, my co-worker and I are working on this story about a 19-year-old who held up a fast food joint after hours and ended up stabbing someone to death. My co-worker comes across an unreported fact: the kid used a security uniform to get into the joint.
After a little digging through court records and talking to the security company folks, I discovered the kid had been arrested six days after the state granted him his security license in July. A big no-no. Had the company known about the arrest, he would have been fired. Had he been fired, he wouldnt have the uniform anymore (well, that may be up for speculation). But why didnt the company know the kid had been arrested, I asked the companys president. Because the state agency that keeps tabs on our guards hadnt informed us, he said. Because the state hadnt informed you
Hmmm, what would Gary do
So whats the name of the government agency that should have informed you
Palabras de George Sanchez: lo que Gary Webb hacía
Submitted on December 15th, 2004 by Luis GomezEl suicidio ocurre.
No puede comprenderse y, por tanto, no trato de entender por qué. Solamente ocurre.
Los obituarios aquí en los Estados Unidos de América están escritos igual. Palabras como retado, controversial y criticado son usadas otra vez para rebajar su trabajo.
Como si pudieran hacerle más daño a un hombre que aguantó la presión de una industria entera luego de que sus editores decidieron retitarse de la fea, fea verdad del reportero sin cobertura.
Gary era un peleador. No se comía la línea oficial. Iba más allá, pedía todo lo que tenían y disparaba dardos y ganchos en forma de preguntas. Se apoyaba en la controversia y la empujaba hacia la luz, con él detrás, ante el público y fuera del descanso oscuro de los secretos enterrados. Y criticaba. Jodido no hacerlo. No habría valido nuestro tiempo ni la tinta que corría por sus historias si no reportara como lo hacía y no tuviera algún criticismo de los poderes existentes.
Por esto, y sólo por esto, existimos...
Gary no se rindió nunca. Inclusive luego de que Knight-Ridder lo mandara a la Siberia del reino del Mercury News, Cupertino. Ni siquiera cuando dejó el diario en 1997, porque aceptó un trabajo en la oficina del vocero de la legislatura de California para servicios y se unió al Comité de Auditoría Legislativa.
Alguien señalado, ridiculizado y prácticamente en la lista negra como él hubiera dejando los periódicos, el periodismo o hasta el país. Pero Gary Webb no.
Siempre un luchador, se mantuvo en pie, continuando con su exposición de la colaboración de la CIA con conocidos contrabandistas de droga ligados a los Contras en Nicaragua, un año después de haber dejado el Mercury News, en una nota escrita como free lance para el LA Weekly. Su reportaje para la oficina del vocero de la Asamblea de California sobre el perfil racial entre los oficiales de la Patrulla Carretera de California y su investigación del derrocado gobernador californiano Gray Davis en su contrato sin concurso de méritos de 95 millones de dólares, otorgado a Oracle, todos fueron críticos y controvertidos. Apoyando la nota de Bill Conroy sobre Lok Lau e investigando cuánto había escondido el condado de Sacramento, él nunca se escondió de la verdad.
No importaba dónde estuviera; lo que Gary Webb hacía era periodismo de investigación.
Mucho antes de quitarse la vida, Gary dio su vida por nosotros, por aquellos que se preocupaban en preguntarse si había algo más que la línea oficial, si había otra historia bullendo, atrapada, bajo la superficie de una nación plácida y moralista. Él nos mostraba que aún podía hacerse.
Y no puede hallarse en los obituarios...
Son la pequeñas cosas la que voy a recorda. El consejo práctico que daba a un joven reportero en ciernes, que todavía es un joven reportero en ciernes, solamente que sin vivir ya de la pitanza de un salario de free lance, sino de la de un reportero de diario de la misma compañía que se retiró Gary cuando el calor comenzó a escocer.
¿Por qué debería ir a trabajar diario con un guen editor para conseguir mi alimento? (Advina, Gary, fui y es un colega tuyo) ¿Cómo debería aproximarme a reportar esta salvaje historia que estaba comenzando a revisar sobre las investigaciones del FBI acerca de una pandilla penitenciaría en Calfornia? (Mierda, Gary, nunca supiste cuánto nos costó a Julie y a mí finalmente publicar esta nota en Estados Unidos).
Encontré algunas notas que tomé de su charla en Mérida sobre trabajar con un tiempo de entrega; el mismo discurso que dí este año en Cochabamba con mi amado hermano Reed y mi amada hermana Clau.
Pregunta: ¿Qué pasa si el vocero no dice nada y es más un evento para la prensa?
Creo que como periodista tienes dos opciones. Puedes no escribir tu nota o puedes exponerlo como un evento de prensa, lo que algunas veces te dice mucho más acerca de la organización que hacer una mala historia o ninguna historia. Lo que puedes decir es que el vocero no dijo nada nuevo. Que dijo esto quince veces anteriormente. Que asistieron dos periodistas y no hubo público para conseguir alguna reacción.
Pregunta: ¿Cómo sabemos cuál es nuestra nota?
Su nota, a menudo, los escogerá a ustedes, cuando se sienten a escribirla. No se preocupen con anticipación sobre lo que va a decir su nota al final de su investigación, porque si lo hacen se perderán todo lo demás que no están buscando (NOTA DE GEORGE: JODER, GARY, ¡MUY BUEN PUNTO!). Tomen todo y métanlo ahí, y vean al final qué pasa, qué es más interesante, sobre qué fueron ustedes más curiosos, qué encontraron más fascinante.
La precisión y la verdad son la verdad y la precisión, no importa porqué están ustedes aquí.
Pese a lo que les hayan dicho, los periodistas son revolucionarios.
Una cosa más...
Hoy en el periódico, mi compañera de trabajo y yo estuvimos trabajando en una nota sobre un chico de 19 años que se quedó en un puesto de comida rápida hasta muy tarde y terminó apuñalando a alguien a muerte. Mi compañera halló un hecho no informado: el chico usó un uniforme de seguridad para entrar al puesto.
Luego de buscar en los registros judiciales y hablar con la gente de la compañía de seguridad, decubrí que el chico fue arrestado seis días antes de que el estado le otorgara su licencia de agente de seguridad en julio. Un gran no-no. Si la compañía hubiera sabido del arresto, lo hubiera despedido. Si hubiera sido despedido, no hubiera usado más el uniforme (bueno, tal vez es una especulación). Pero, ¿por qué la compañía no supo que el chico fue arrestado? Pregunté al presidente de la compañía. Porque la agencia estatal que guarda los registros sobre guardias no nos informó, me dijo. Porque el estado no le informó a nadie...
...Hmmm, lo que Gary haría en este caso...
Habría que saber cuál es el nombre de la agencia gubernamental que debería haberles informado...
Reed Lindsay's words: What Gary taught
Submitted on December 14th, 2004 by Luis GomezGarys reputation preceded him, so my expectations were already high when I met him in Mexico nearly two years ago. I wasnt disappointed. Gary wasnt the type of guy who wasted time bullshitting. He cut straight to the heart of the matter just like the hard-nosed newspaper reporter he was.
Ill never forget our first conversation. We were going somewhere on a bus and I nervously asked him if I could ask him for some advice on a story I was working on. I feared he might be annoyed with my request, but he couldnt have been more friendly and encouraging. I told him I wanted to learn how to be an investigative journalist, and he recommended three books: Endless Enemies by Jonathan Kwitny, CIA Diary by Philip Agee, and The Hidden History of the Korean War by I.F. Stone.
I get recommended books all the time, and most of them are sitting on a bookshelf unread or their names are shelved in the back of my mind. But its not every day Gary Webb recommends I read a book, and shortly after leaving Mexico I bought all three and devoured them. For this advice alone I am eternally grateful as these books had a tremendous impact on how I understand both investigative journalism and the concrete ways in which my government frequently undermines the very principles of democracy and freedom for which it purportedly stands. But there was so much more to come, in talks and seminars, as I filled my notebook with Garys words of wisdom and listened with rapt attention to his stories of rooting out corruption and malfeasance in Kentucky and Cleveland. Gary was always willing to impart his wisdom on ignorant rookies like myself and in that same spirit, maybe the best way to say goodbye to him is to pass on that wisdom to other aspiring reporters. Here is some of what I learned from Gary about investigative journalism:
I realize now I never talked with Gary about anything but nuts-and-bolts investigative journalism. But I didnt need to know about his personal life to know what kind of person he was a man with passion, courage and rock-solid ethics.
Unlike many of his colleagues, journalism was not a career for him nor just a job, and he proved it when he left the newsroom to continue his search for the truth in the California state legislature. For Gary, journalism was a means of exposing corruption and abuses and injustice, of keeping a check on the rich and powerful, of telling the truth. And it is this unwavering commitment to the truth by which I will always remember him, and which will continue to inspire me as I do my best to follow his example.
Garys presence will be dearly missed, but the legacy of his work, and his teaching, are still very much alive.
NarcoNews: Gary Webb Award
Submitted on December 15th, 2004 by Richard PilkingtonPalabras de Reed Lindsay: lo que Gary nos enseñó
Submitted on December 15th, 2004 by Luis GomezLa reputación de Gary le precedía, así que mis expectativas estaban ya muy altas cuando lo conocí en México hace casi dos años. No me decepcionó. Gary no era el tipo de persona que perdía el tiempo con tonterías. Cortaba directo al corazón del tema tal como el agudo reportero de periódico que era.
Nunca voy a olvidar nuesta primera conversación. Estábamos camino a alguna parte en un autobús y le pregunté nerviosamente si podía pedirle algún consejo sobre una nota que estaba trabajando. Tenía miedo de que él se molestara por mi pedido, pero no pudo ser más amistoso y estimulante. Le dije que quería aprender cómo ser un periodista de investigación, y me recomendó tres libros: Endless Enemies de Jonathan Kwitny, CIA Diary de Philip Agee y The Hidden History of the Korean War de I.F. Stone.
Tengo siempre libros que me recomiendan, la mayoría de ellos están en una repisa sin leer o sus nombres están archivados en mi memoria. Pero no todos los días Gary Webb me recomienda leer un libro, así que apenas salí de México compré los tres y los devoré. Por este solo consejo le estoy muy agradecido, ya que estos tres libros tuvieron un tremendo impacto en cómo entiendo tanto el periodismo de investigación como las maneras concretas en que mi gobierno mina frecuentemente los mismos principios de democracia y libertad que supuestamente sostiene. Pero había mucho más por venir, en charlas y seminarios, mientras llenaba mi libreta con las mágicas palabras de Gary y escuchaba con arrobada atención sus historias de descubrir la corrupción y mala conducta en Kentucky y Cleveland. Gary siempre estaba dispuesto a impartir su magia sobre novatos ignorantes como yo y, con ese mismo espíritu, tal vez la mejor manera de decirle adiós es pasar la magia a otros aspirantes a reportero. Aquí hay parte de lo que aprendí de Gary sobre periodismo de investigación:
Me doy cuenta de que nunca hablé con Gary sobre nada más que temas relativos al periodismo de investigación. Pero no necesito saber nada de su vida personal para saber qué clase de persona era un hombre con una pasión, con valor y con una ética sólida como una roca.
A diferencia de muchos de sus colegas, el periodismo no era una carrera para él, ni sólo un trabajo, e investigó cuando dejó la sala de redacción para continuar su búsqueda de la verdad en la legislatura estatal de California. Para Gary, el periodismo era un medio para exponer la corrupción, los abusos y la injusticia, o para mantener vigilados a los ricos y poderosos, para decir la verdad. Y esto es un compromiso irrenunciable con la verdad que siempre recordaré en él, y que continuará inspirándome mientras hago lo mejor que puedo por seguir su ejemplo.
La presencia de Gary será queridamente extrañada, pero el legado de su obra y su enseñanza están todavía muy vivos.
Parry: La deuda con Gary Webb
Submitted on December 14th, 2004 by Luis GomezPero seguía preocupado porque la muerte de un amigo como ése quedara en manos de los medios que lo atacaron hasta dejarlo sin trabajo. Pensé en escribir yo mismo una nota para dejar las cosas en claro frente a las infamias de agencias como Reuters o Associated Press, de medios como el New York Times, Los Angeles Times y el San Jose Mercury News (donde publicó su legendaria serie sobre la relación de la Contra nicaragüense y el tráfico de cocaína en Estados Unidos)... pero ya alguien, con elegancia y mucho más conocimiento del tema, lo había hecho en inglés.
La nota de Robert Parry en Consortiumnews es para mí, con todo respeto a Mike Ruppert y otros talentosos colegas, la mejor pieza de recuento y homenaje a Gary Webb... por ello la he traducido y la pongo acá. Para que Laura y mis otros camaradas que no hablan inglés puedan leerla y estar al tanto...
Parry es un veterano periodista que lanzó muchas de las historias del caso Irán-Contras en los años ochenta para Associated Press y Newsweek... y eso, como a Gary, le costó el trabajo y ser atacado desde varias trincheras en los medios comerciales. Quiero agradecerle profundamente haber accedido a la publicación en esta página de la versión en español de su nota...
La deuda de América con el periodista Gary Webb
por Robert Parry
Diciembre 13, 2004
En 1996, el periodista Gary Webb escribió una serie de artículos que forzaron una investigación muy amplia sobre un capítulo muy oscuro en la política exterior reciente de los Estados Unidos la protección dada por los gobiernos de Reagan y Bush a traficantes de cocaína que operaban bajo la cobertura de la Contra nicaragüense en los años ochenta.
Por su valiente reporteo para el San Jose Mercury News, Webb pagó un precio alto. Fue atacado por colegas en el New York Times, el Washington Post, el Los Angeles Times, la American Journalism Review e inclusive en la revista The Nation. Bajo esta presión mediática, su editor Jerry Ceppos saldó la historia y removió a Webb, llevándolo a renunciar al Mercury News. Hasta el matrimonio de Webb se quebró.
El viernes 10 de diciembre, Gary Webb, de 49 años, murió de un aparente suicidio, una herida de bala en la cabeza.
Sin importar los detalles de la muerte de Webb, la historia estadounidense tiene con él una enorme deuda. Aunque denigrado por muchos de los medios noticiosos nacionales, la serie de Webb sobre la Contra y la cocaína provocaron investigaciones internas en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Justicia, pruebas que confirmaron que miembros de unidades de la Contra e individuos conectados con ella estaban implicados en el comercio de drogas. Las pruebas también mostraron que el gobierno de Reagan y Bush frustró investigaciones sobre esos crímenes por razones geopolíticas.
Medios fallidos
Sin intención, Webb también expuso la cobardía y conducta antiprofesional que se volvieron las nuevas marcas de los grandes medios noticiosos de Estados Unidos a mediados de los noventa. Los grandes centros noticiosos siempre estuvieron a la caza de algún cintilante escándalo el caso de O.J. Simpson o el escándalo de Monica Lewinsky- pero los grandes medios ya no podían confrontar serios crímenes de estado.
Inclusive luego de que el inspector general de la CIA presentó sus hallazgos en 1998, los grandes diarios no pudieron hallar el coraje o el talento para explicar esas extraordinarias admisiones del gobierno ante el pueblo estadounidense. Ni tampoco se disculparon por el injusto trato que dieron a Gary Webb. Ensombreciendo la incompetencia de los medios que fallaría en refutar el caso de George Bush en la guerra contra Irak cinco años más tarde, las grandes organizaciones de noticias efectivamente escondieron la confesión de la CIA al pueblo estadounidense.
El New York Times y el Washington Post nunca dieron mucho espacio al resumen ejecutivo de la CIA, que intentaba dar el mejor giro a los hallazgos del Inspector General Frederick Hitz. El Los Angeles Times ni siquiera escribió una nota luego de que fuera publicado el documento final del informe de la CIA, aunque la nota inicial de Webb se enfocaba justamente en los embarques de cocaína al sur y al centro de Los Angeles que involucraban a la Contra.
El encubrimiento del Los Angeles Times continúa después de la muerte de Webb. En un cruel obituario sobre Webb, el reportero del Times, que llamó para entrevistarme, ignoró mis comentarios acerca de la deuda que la nación tiene con Webb y la importancia de los hallazgos del inspector general de la CIA. En vez de usar la muerte de Webb como una oportunidad para finalmente corregir esa historia, el Times actuó como si nunca hubiera existido una investigación oficial que confirmaba los muchos alegatos de Webb [Los Angeles Times, Diciembre 12, 2004].
Al mantener el encubrimiento sobre la cocaína y la Contra inclusive luego de que la CIA admitiera los hechos-, los grandes diarios parecen haber comprendido que podrían evitar cualquier consecuencia por su egregia conducta en los noventa, o por su negligencia hacia el tema Contras-cocaína cuando apareció por vez primera en los ochenta. Después de todo, los medios conservadores el principal competidor de los grandes medios- no van a pedir una revisión de los crímenes de los años de Reagan y Bush.
Esto quiere decir que sólo unos cuantos medios pequeños, como nuestro Consortiumnews.com, regresarán a los hechos ahora, al igual que solamente unos cuantes de nosotros explicamos el significado de las admisiones del gobierno a fines de los noventa. He compilado y explicado los hallazgos de las investigaciones de la CIA y el Departamento de Justicia en mi libro de 1999, Lost History: Contras, Cocaine, the Press & Project Truth. [La historia perdida: los Contras, la cocaína, la prensa y el Proyecto Verdad]
El caso Contra-Cocaína
La historia perdida, que tomó su nombre de una serie publicada en este sitio web, también describe cómo la historia de la Contra y la cocaína llegó por primera vez al público en una nota que escribimos Brian Barger y yo para Associated Press en diciembre de 1985. Aunque los grandes diarios abuchearon nuestro descubrimiento, el Senador John Kerry siguió nuestra historia con su propia investigación de campo. Gracias a sus esfuerzos, Kerry también encontró el rídiculo de los medios. Newsweek tachó al senador por Massachusetts de ser un cachondo entusiasta de la conspiración [Para más detalles, vean en inglés Consortiumnews.coms Kerrys Contra-Cocaine Chapter.].
Así que cuando Gary Webb revivió el tema de la Contra y la cocaína en agosto de 1996 con una serie en tres partes de 20 mil palabras, titulada La alianza oscura, los editores de los grandes diarios ya tenían un poderoso interés en dejar caer una historia que ya habían desechado la década pasada.
El reto a sus juicios previos era doblemente doloroso porque el sofisticado sitio web del Mercury News hizo posible que la serie deWebb hiciera un gran ruido en Internet, que estaba apenas surgiendo como una amenaza para los medios tradicionales. También, la comunidad afroamericana estaba furiosa con la posibilidad de que las políticas del gobierno de Estados Unidos hubieran contribuido a la epidema del crak y la cocaína.
En otras palabras, los editores, casi todos hombres y blancos, de los grandes diarios vieron su preminencia para juzgar noticias disputada por un creciente periódico regional, por Internet y por ciudadanos estadounidenses comunes, que también por cierto eran negros. Así que, aunque la CIA estaba lista para llevar a cabo una relativamente completa y honesta investigación, los grandes diarios parecían más dispuestos a proteger su reputación y sus bases.
Sin duda, la serie de Webb tenía sus limitaciones. Rastreaba primariamente una red de traficantes contras de cocaína en la Costa Oeste de principios a mediados de los ochenta. Webb conectaba la cocaína a una temprana red de producción de crack que proveía a las pandillas callejeras de Los Angeles, los Crips y los Bloods, llevando a la conclusión de Webb de que la cocaína alimentó la temprana epidemia de crack que devastó Los Angeles y otras ciudades de Estados Unidos.
Contrataque
Cuando los líderes negros comenzaron a demandar una investigación a fondo sobre estos cargos, los medios de Washington se unieron al establishment político como en vagones enganchados. Cayó en el derechista Washington Times del reverendo Sun Myung Moon el turno de iniciar el contrataque contra la serie de Webb. El Washington Times volteó hacia algunos ex funcionarios de la CIA, que habían peleado en la guerra de la Contra, para refutar los cargos de drogas.
Pero en un patrón que se repetiría a sí mismo en otros temas en los años por venir- el Washington Post y otros grandes medios rápidamente se alinearon detrás de los medios conservadores. En octubre 4 de 1996, el Washington Post publicó un artículo en primera plana tirando abajo la historia de Webb.
El acercamiento del Post tenía dobleces: primero, presentaba los alegatos sobre la Contra y la cocaína como noticia pasada inclusive el personal de la CIA testificó ante el Congreso que sabía de esas operaciones encubiertas que involucraban a narcotraficantes, informaba el Post- y segundo, el Post minimizaba la importancia de un canal de contrabando Contra que Webb había descubierto- que no había jugado un rol importante en la surgimiento del crack. Un recuadro del Post desechaba a los afroamericanos como proclives a temores de conspiración.
Pronto, el New York Times y el Los Angeles Times se unieron al montón contra Gary Webb. Los grandes diarios hicieron mucha cosa de las revisiones internas de la CIA en 1987 y 1988, que supuestamente liberaban a la agencia de espionaje de un rol en el contrabando Contra de cocaína.
Pero la cobertura de una década de la CIA comenzó a quebrarse el 24 de octubre de 1996, cuando su Inspector General Hitz concedió ante el Comité de Inteligencia del Senado que la primera investigación a la CIA duró solamente doce días y la segunda solamente tres. Prometió una revisión más completa.
Burlándose de Webb
Mientras tanto, como sea, Gary Webb se convirtió en blanco de los ridículos e incorrectos medios. El influyente crítico de medios del Post Howard Kurtz se burló de Webb por decir en una propuesta de libro que exploraría la posibilidad de que la guerra de la Contra fuera primeramente un negocio para sus participantes. Oliver Stone, chequea tu correo de voz, ser reía entre dientes Kurtz [Washington Post, octubre 28, 1996].
La sospecha de Webb, sin embargo, no carecía de fundamento. El emisario del asistente de la Casa Blanca Oliver North, Rob Owen, señaló el mismo punto una década antes en un mensaje, en marzo 17 de 1986, sobre los chicos sobre el terreno. Pocos de los así llamados líderes del movimiento... realmente se preocupan sobre los chicos sobre el terreno, escribió Owen, ESTA GUERRA SE HA CONVERTIDO EN UN NEGOCIO PARA MUCHOS DE ELLOS [mayúsculas en el original].
Sin embargo el empalamiento de Gary Webb estaba en marcha, iba en serio. El ridículo tuvo también un efecto predecible en los ejecutivos del Mercury News. A principios de 1997, el editor Jerry Ceppos iba en retirada.
El 11 de mayo de 1997 Ceppos publicó una columna en primera plana diciendo que la serie se quedaba corta para mis parámetros. Criticó las notas porque implicaban con fuerza un conocimiento de la CIA de las conexiones de la Contra con los negociantes de drogas en Estados Unidos que estaban fabricando crack. No tenemos pruebas de que altos funcionarios de la CIA supieran de dicha relación.
Los grandes diarios celebraron la retirada de Ceppos como una vindicación de su propia desestimación de las notas sobre la Contra y la cocaína. Ceppos detuvo la investigación continuada del Mercury News sobre la Contra y la cocaína y reasignó a Webb a una pequeña oficina en Cupertino, California, lejos de su familia. Webb renunció al periódico en desgracia.
Por cortar el trabajo de Webb y otros reporteros en la investigación sobre la Contra, Ceppos fue alabado por la American Journalism Review y recibió en 1997 el Premio de la Ética en Periodismo de la Sociedad de Periodistas Profesionales. Mientras Ceppos recibía aclamaciones, Webb miraba su carrera colapsar y a su matrimonio romperse.
El avance en las investigaciones
Igual, Gary Webb puso en movimiento investigaciones internas que sacarían a la superficies hechos largamente escondidos sobre cómo el gobierno de Reagan y Bush había manejado la guerra de la Contra. La línea defensiva de la CIA contra los alegatos sobre la Contra y la cocaína comenzó a romperse cuando la agencia de espionaje publicó el primer volumen de los hallazgos de Hitz el 29 de enero de 1998.
Pese al extenso comunicado de prensa exculpatorio, en el primer volumen de Hitz se admitía que no solamente muchos de los alegatos de Webb eran ciertos sino que de hecho había subestimado la seriedad de los crímenes de la Contra y la droga, así como el conocimiento de la CIA. Hitz reconoció que los contrabandistas de cocaína juraron un temprano y significativo rol en el movimiento Contra en Nicaragua y que la CIA intervino para bloquear una investigación federal que amenazaba su imagen en 1984 sobre un círculo de drogas con sede en San Francisco del que se sospechaban sus vínculos con los contras [para más detalles, ver el libro de Robert Parry Lost History: Contras, Cocaine, the Press & Project Truth].
El 7 de mayo de 1988, otra desclasificación de la investigación del gobierno sacudió las debilitadas defensas de la CIA. La diputada Maxine Waters, demócrata de California, instrodujo al Registro Congresal una carta de entendimiento, de 11 de febrero de 1982, entre la CIA y el Departamento de Justicia. La carta, que había sido revisada por el director de la CIA William Casey, liberaba a la agencia de requerimientos legales para reportar debidamente el contrabando de drogas realizado por gente de la CIA, una previsión que cubría tanto a los Contras de Nicaragua como a los rebeldes afganos que habían peleado contra el régimen apoyado por los soviéticos en Afganistán.
El informe del Departamento de Justicia
Otra ruptura en el muro defensivo se abrió cuando el Departamento de Justicia entregó un informe de su inspector general, Michael Bromwich. Dado el clima hostil alrededor de la serie de Webb, el informe de Bromwich comenzaba criticando a Webb, Pero, como el primer volumen de la CIA, el contenido revelaba nuevos detalles sobre la inconducta del gobierno.
De acuerdo a evidencia citada en el informe, el gobierno de Reagan y Bush sabía casi desde el principio de la guerra de la Contra que los traficantes de cocaína permeaban la operación paramilitar. El gobierno tampoco hizo nada para exponer o detener las actividades criminales. El informe revelaba, ejemplo tras ejemplo, de pistas no seguidas, corroboraba a testigos desestimados, a investigaciones judiciales oficiales saboteadas e incluso el facilitamiento por parte de la CIA al trabajo de los traficantes de droga.
El informe Bromwich mostró que los Contras y sus simpatizantes realizaron muchas operaciones paralelas de contrabando de drogas, no solamente la que estaba en el centro de la serie de Webb. El informe también encontró que la CIA compartía muy poca información sobre las drogas de la Contra con las agencias de prosecución legal y en tres ocasiones desbarató investigaciones sobre tráfico de cocaína que amenazaban a los contras.
Aunque presentaba una operación más amplia de la Contra con la cocaína de lo que Webb había entendido, el informe del Departamento de Justicia también dio alguna importante confirmación acerca del traficante de drogas nicaragüense, Norwin Meneses, que había sido una figura clave en la serie de Webb. Bromwich citaba a informantes del gobierno de Estados Unidos que proveyeron detallada información acerca de la operación de Meneses y su ayuda financiera a los contras.
Por ejemplo, Renato Peña, un correo de drogas y dinero para Meneses, dijo que a principios de los ochenta la CIA permitió a los contras meter droga a Estados Unidos por aire, venderla y guardar las ganancias. Peña, que también era el representante en el norte de California para el ejército contra FDN [Frente Democrático Nacional] apoyado por la CIA, dijo que el tráfico de drogas fue impuesto a los contras a causa de los inadecuados niveles de asistencia del gobierno de Estados Unidos.
El informe también descubrió repetidos ejemplos de cómo la CIA y las embajadas estadounidenses en Centroamérica desalentaron investigaciones de la DEA, incluyendo uno sobre supuestos embarques de cocaína de la Contra hechos vía el aeropuerto en El Salvador. En una subestimada conclusión, el Inspector General Bromwich escribió: No tenemos duda de que la CIA y las embajadas estadounidenses no estaban ansiosas porque la DEA siguiera esta investigación en el aeropuerto.
El volumen dos de la CIA
A pesar de las notables admisiones en el contenido de estos informes, los grandes diarios no mostraron inclinación a leer más allá de los comunicados de prensa y sumarios ejecutivos. Para el otoño de 1998, el Washington oficial estaba obsesionado con el escándalo sexual de Monica Lewinsky, que hizo más fácil ignorar aún más los sorprendentes descubrimientos en el volumen dos de la CIA.
En el volumen dos, publicado el 8 de octubre de 1998, el Inspector General de la CIA Hitz identificó más de 50 contras y entidades relacionadas implicados en el comercio de droga. También detalló cómo el gobierno de Reagan y Bush había protegido estas operaciones de droga y frustrado investigaciones federales, que habían amenazado con exponer los crímenes a mediados de los ochenta. Hitz inclusive publicó evidencia de que el tráfico de drogas y el lavado de dinero llegaba hasta el Consejo de Seguridad Nacional de Reagan, donde Oliver North supervisaba las operaciones de la Contra.
Hitz reveló también que la CIA colocó y admitó a un lavador de dinero a cargo del Frente Sur de los contras en Costa Rica. También, de acuerdo a la evidencia de Hitz, el segundo al mando en las fuerzas contras en el Frente Norte en Honduras había escapado de una prisión colombiana donde cumplía una sentencia por tráfico de drogas.
En el volumen dos, la defensa de la CIA contra la serie de Webb se había reducido a una hoja delgada: que la CIA no conspiraba con los contras para conseguir dinero a través del tráfico de cocaína. Pero Hitz dejó claro que la guerra de la Contra tenía precedencia sobre la aplicación de la ley y que la CIA retuvo evidencia de los crímenes de la Contra al Departamento de Justicia, el Congreso y hasta la división de análisis de la misma agencia.
Hitz encontró en los archivos de la CIA evidencia de que la agencia de espionaje sabía desde los primeros días de la guerra de la Contra que sus nuevos clientes estaban involucrados en comercio de cocaína. De acuerdo a un cable de septiembre de 1981 a los cuarteles de la CIA, uno de los primeros grupos de contras, conocido como ADREN [Alianza Democrática Revolucionaria de Nicaragua], había decidido usar el tráfico de droga como un mecanismo de financiamiento. Dos miembros de ADREN hicieron la primera entrega de drogas a Miami en julio 1981, informaba el cable de la agencia.
Los líderes de ADREN incluían a Enrique Bermúdez, quien surgió como principal comandante militar contra en los ochenta. La serie de Webb identificaba a Bermúdez dando luz verda al financiamiento a la Contra por parte del traficante de drogas Meneses. El informe de Hitz agregaba que la CIA tenía otro testigo nicaragüense que implicaba a Bermúdez en el comercio de droga en 1988.
Prioridades
Aparte de rastrear la evidencia del tráfico de drogas de la Contra a lo largo de la década de guerra, el inspector general entrevistó a importantes funcionarios de la CIA que reconocieron haber estado al tanto del problema de la Contra y la cocaína, pero no querían que su exposición minara la lucha para derrocar al izquierdista gobierno sandinista.
De acuerdo a Hitz, la CIA tenía una prioridad fundamental: terminar con el gobierno sandinista... [Los funcionarios de la CIA] habían determinado que las varias dificultados que encontraban no debían prevenir la implementación efectiva del programa de la Contra. Un funcionario de campo de la CIA explicaba: El enfoque estaba en hacer el trabajo, conseguir el apoyo y ganar la guerra.
Hitz también anotó quejas de analistas de la CIA sobre que los funcionarios operativos de la agencia a cargo de la guerra de la Contra escondieron evidencia del tráfico de droga contra aún de la división de análisis de la CIA. A causa de esta evidencia retenida, los analistas de la CIA conluyeron incorrectamente a mediados de los ochenta que solamente unos cuantos contras podrían haber estado involucrados en tráfico de drogas. Esta falsa afirmación fue pasada al Congreso y las grandes organizaciones de noticias siriviendo como una base importante para denunciar a Webb y su serie de 1996.
Aunque el informe de Hitz era una aceptación extraordinaria de culpa institucional por parte de la CIA, pasó casi sin notarse en los grandes diarios.
Dos días después de que fuera publicado el informe de Hitz en el sitio de Internet de la CIA, el New York Times hizo un artículo corto que contiuaba mofándose del trabajo de Webb, mientras reconocía que el problema de la Contra y la cocaína podría de hecho haber sido peor de lo que se entendía antes. Muchas semanas más tarde, el Washington Post entró a escena con un artículo similarmente superficial. El Los Angeles Times nunca publicó una nota sobre la publicación del volumen dos de la CIA.
Consecuencias
Hasta el día de hoy, ningún editor que se perdió la historia de la Contra y la droga ha sido castigado por su negligencia. De hecho, muchos de llos son ahora altos ejecutivos en sus organizaciones de noticias. Por otra parte, la carrera de Gary Webb nunca se recuperó.
Con la muerte de Webb, sin embargo, debe notarse que su gran regalo a la historia estadounidense fue que él junto a los enojados ciudadanos afroamericanos- forzó al gobierno a admitir algunos de los peores crímenes alguna vez consentidos por un gobierno estadounidense: la protección de contrabando de droga dentro de Estados Unidos como parte de una guerra encubierta contra un país, Nicaragua, que no representaba ninguna amenaza real para los estadounidenses.
La verdad era fea. Ciertamente, las grandes organizaciones de noticias podrían haberse autocriticado si hubieran hecho su labor y poner esta problemática historia a disposición del pueblo estadounidense. Los defensores conservadores de Ronald Reagan y George H. W. Bush seguramente hubieran aullado en protesta.
Pero la tragedia real del histórico regalo de Webb y de su vida cortada tempranamente- es a causa de la cobardía y la insensbilidad de los grandes medios, este capítulo oscuro de la era Reagan-Bush permanece ampliamente desconocido para el pueblo estadounidense.
Luis Gomez's words on Gary Webb: a translation
Submitted on December 14th, 2004 by Dan Feder--
Dear Gary:
I got home tonight and George Sanchez explained to me, in four lines, why you won’t be able to answer me this time. As Salvadoran poet Roque Dalton said, you simply decided to pass on to a better life… one which, of course, does not include me, or George, or Reed Lindsay, who owe you so much and have loved you so much. All right, Master Webb, don’t answer me, just read.
I don’t want to forget the morning in Cancun when Al Giordano, smiling in the belief that he was doing something important, introduced us. There, behind that blond mustache, smiling kindly, was the man, the name, Gary Webb. In the coming days I would discover a friend, a colleague, and a journalist who, more than a decade ago, with his reports in the San Jose Mercury News, made me learn to love my chosen profession, to respect it. Those days are with me here, now, forever, between my fingers, in every word I write…
Those ten days at the Narco News School of Authentic Journalism, in my own land, on its beaches and in its streets, were memorable. Do you recall them? For me, especially, they have become an enduring memory of our conversations. “He is someone I feel very close to,” I told a friend. “Every time we talk about what it means to be a journalist we agree… as if we already knew each other.”
I am left with the memory of that morning in Puerto Morelos, loading baggage onto the bus bound for Merida. I asked if you had noticed the difference in size between our bags and the bags of our students, journalists all of them. It was as if a new generation had taken charge of journalism, carrying I don’t know what in their gigantic suitcases, in bags bursting at the seams. We, that is, “the veterans,” carried hardly a three days’ change of cloths, the tools we needed and a pack of cigarettes – the bare necessities to travel, to keep on moving forever, right? We laughed together for a good while that morning, intrigued by the contents of so much luggage. I’m sure that now, where you’ve gone, you’ve stayed the same: simple and packing light.
Or the memory of that cool beer we drank in the Caribbean heat, so that I, like some teenager, would admit that I still have, stashed in a corner of my house in Mexico, a few issues of the “Mercury,” containing your stories that are still fresh, still true. An old friend of mine in 1996 remembered my love for the Sandinista Revolution and was nice enough to send me those papers so that I could read about what you were discovering: the Reaganites, the North, the killers, had been trafficking cocaine to pay for the cruelest war in Latin America of the eighties. I never told you that my friend is Nicaraguan, that I met him more than 20 years ago, that he fought in a revolution for his life and for the lives of his brothers, that he knew firsthand the daily brutality of the front lines of the Contra war. He sent me your writing with a note of hope – not the hope of earning or getting anything, but that once, just once, the truth about these rotten people would be known
Hey, do you remember that one morning, sick of listening to a guy we didn’t even like very much, we escaped from a work session to grab a coffee? We talked about what it really means to be a journalist. It was a half hour of telling each other stories about adventures, misfortunes, and even a few embarrassments… in fact, I think it was at that café that we agreed that, at least for one month, you would be the acting editor of Narco News. We also did a private evaluation of the investigative journalism workshop that you had coordinated at that session of the J-School. Damn, Gary, it was exciting to chat with you about all that because you understood it so well. That’s why I’ve kept writing to you all this time, because, with the sweetness that characterized everything you did, it was easier to understand things clearly, to keep writing, to keep digging in this well of shit. Don’t miss the details, be clear on your subject, read, take notes, write… Reed made a ton of notes about what was said in that workshop, I remember….
Chief Gary, pardon this digression, but did you finish that book you were working on? I remember that a few months ago everything was up in the air while you looked for work, but when you wrote to me again for the last time, you were already a reporter again. So I suppose that it is finished, because a journalist does not leave work hanging, and you were one of the best that I’ve known, that I’ve read. Now, I hope it gets released, so that we can find out what you were doing these last few months… because I really don’t know, and that ignorance makes me cry, chief…
What I do know is that it wasn’t you that pulled the trigger that shot you this weekend. I know that loneliness and isolation had condemned you to death, but that neither the New York Times, nor those other big-name, little-ethics newspapers could take you (you were too much for them, with your honesty and quiet strength)… and I know that with these words I am doing, barely, what our friend Bill Conroy says is my job as a friend: distract the devil for half an hour while you cross that door…
“There is no small story” you said one time, to explain how the simplest subject could become a great article. “There are sources everywhere if you want to work.” How many things did I hear you say? How many of your words did I read in order to learn to do these things? How many times did I think that, as you said, we should have worked together one more time? Does the offer still stand, chief? How about the offer for a place to crash and a few beers? Because now that you’ve gotten away from me, I hope to catch up some day, and laugh a while together while we write our stories.
Meanwhile, Gary, I remain here (much more alone without your company), where I’ll tell you the same thing you told me about six months ago: “Keep the struggle alive.” I – who knew the pleasant honor of working a bit with you and being your friend across this useless distance – keep trying to be a good man, and a good journalist, because now there are even fewer left.
Take care, Chief Gary, and if you can, send us a report, about whatever (even about how sex is among the angels)… I’ll be here waiting, searching for your name on the Internet, a bit angry for not having seen you again… and sad, because where you were they didn’t deserve you enough for you to stay.
Un abrazo enorme.
Las palabras de Alex Contreras sobre Gary Webb
Submitted on December 14th, 2004 by Dan FederDespués de varios días de estar virtualmente incomunicado, sin teléfono y menos internet, realizando un viaje por los centros mineros del sur de Potosí, exactamente por un pueblito llamado Quechisla, el lugar donde nací, hoy retorné a Cochabamba.
Fiel a mi estilo de trabajo, lo primero que hice fue desempolvar mi laptop, conectarme al internet, revisar las noticias de algunos medios comerciales que son las mismas y las mismas, luego buscar medios alternativos e ingresar a nuestra página: www.narconews.com.
El primer artículo que leí fue de Luis Gómez: “Gary Webb ¡presente!”.
¿ Gary murió ? se me cruzó la idea varias veces por la mente mientras deslizaba la vista por las líneas escritas con mucho sentimiento por nuestro camarada y recordaba imágenes de nuestra primera escuela de Periodismo Auténtico, el año pasado, en Isla Mujeres y Mérida (México) donde le conocimos al maestro.
Como aún no creía lo que leí, lo volví a leer y aún no lo creo.
Recuerdo siempre que Gary en su exposición con los estudiantes y maestros de varios países de nuestra América, en esa oportunidad, nos dijo con firmeza: “Un periodista es y debe ser ante todo un revolucionario…”
Desde ese momento no sólo que comprendí el periodismo que profesaba Gary sino que compartí mucho más esa pasión por el noble oficio que también lo lleva en el alma, nuestro jefe Al Giordano.
Y en este día, cuando llueve en esta ciudad donde realizamos la segunda escuela del Periodismo Auténtico, como si el cielo también estaría llorando, recuerdo una frase del Sub Comandante Marcos: “puede ser que haya muerto…puede ser que no”.
En mayo de este año, a propósito del deceso del periodista mexicano y primer gobernador en rebeldía de San Cristóbal de las Casas, Amado Avendaño, el Sub Marcos escribía: “La mera verdad, no sé si murió o no, pero sí sé que su historia, su tiempo, está aquí, con nosotros, con los que estamos en su casa porque él nos abrió la puerta”
Ahora, pienso y pienso y, no sé si Gary murió o está más cerca entre nosotros, entre los periodistas que a lo largo y ancho del continente estamos construyendo un nuevo periodismo, el Periodismo Auténtico.
Creo que Gary Webb está y estará más cerca de nosotros porque quienes compartimos que un periodista debe ser un revolucionario, sabemos que la vida es para gastarla por los demás…
Cochabamba (Bolivia), 14 de diciembre de 2004.
Alex Contreras' words on Gary Webb
Submitted on December 15th, 2004 by Dan FederAfter several days of being virtually incommunicado, without a telephone let alone internet, traveling through the mining regions of southern Potosi, precisely through a small town called Quechisla, the place I was born, today I got back to Cochabamba.
Faithful to my work style, the first thing I did was dust off my laptop, get connected to the internet, look over some of the commercial news which is always just the same, & more of the same, and then look to alternative media & come to our page: www.narconews.com
The first article I read was Luis Gomez Gary Webb !Presente!
Gary died? The idea went through my mind several times while my vision ran blurrily over the words written with so much feeling by our friend. I recalled scenes from our first School of Authentic Journalism, last year, at Isla Mujeres and Merida, Mexico where we met the master himself.
As I just didnt believe what Id read, I read it again, and I still dont believe it.
I will always remember that Gary, in his presentation to students & teachers from different countries all over our América, steadfastly told us: A journalist is, and must be, above all, a revolutionary.
From that moment on, I didnt just recognize and understand the journalism that Gary was talking about; I also shared much more deeply in that passion for this noble calling that our chief Al Giordano, too, has in his very soul.
And today, while it rains in this city where we saw the second school of Authentic Journalism happen, as if the sky itself were crying too, I remember a phrase from Subcomandante Marcos: It could be that he has died but it could be that he has not.
In May of this year, after the death of Mexican journalist & first rebel governor of Chiapas, Amado Avendaño, Sub Marcos wrote: the truth is, I dont know if he died or not, but I do know that his story, his time, is here, with us, with the ones who are in his house because he opened up the door to us.
Now, I think and think about it, and I dont know if Gary has died or if hes come even closer to us, between & among us journalists who far & wide across the continent are building a new journalism, Authentic Journalism.
I think that Gary Webb is and will stay closer to us because those of us who share in this idea that a journalist must be a revolutionary also know that this life of ours is for giving to others.
Cochabamba, Bolivia. December 14, 2004.