Gary Webb, ¡Presente!

(English translation follows)

Querido Gary: Esta noche volví a la casa y en cuatro líneas George Sanchez me explicó por qué esta vez no podrás contestar a mi palabras. Simplemente, como decía el poeta salvadoreño Roque Dalton, decidiste pasar a mejor vida... y eso, por supuesto, no nos incluía a mí, a George y a Reed Lindsay, que mucho te debemos y tanto te hemos querido. Está bien, Master Webb, no contestes, solamente lee... No quiero olvidar la mañana de Cancún en que Al Giordano, sonriente y convencido de hacer algo importante, nos presentó. Ahí, detrás del bigote rubio, sonriendo tiernamente, estaba el hombre, el nombre, Gary Webb... en los días por venir descubriría al amigo, al colega, al periodista que hace más de una década, con sus reportajes en el San Jose Mercury News, hizo que aprendiera a querer mi oficio elegido, le tomara respeto. Aquí, ahora, conmigo y entre mis dedos, en cada palabra que escribo, se quedan todos ellos, para siempre...

Esos diez días en la Escuela de Narco News de Periodismo Auténtico, en mi tierra, en sus playas y en sus calles, fueron memorables, ¿recuerdas? Y para mí, especialmente, se convirtieron en el perenne recuerdo de nuestras conversaciones. “Es alguien a quien siento muy cercano a mí”, le dije a una amiga, “cada vez que comentamos sobre lo que es ser periodista estamos de acuerdo... como si nos conociéramos”.

Aquí se queda esa mañana en Puerto Morelos embarcando maletas en el autobús a Mérida. Te pregunté si notabas esa diferencia en el tamaño de los equipajes de los estudiantes, periodistas todos ellos... era como si una nueva generación de personas se hiciera cargo del periodismo, cargando no sé qué cosas en maletas inmensas, en bolsos a punto de reventar. Nosotros, es decir, “los más veteranos”, apenas cargamos tres ropas, suficientes herramientas y una caja de cigarrillos: lo necesario para moverse, seguir moviéndose siempre, ¿verdad? Esa mañana, decía, nos reímos un buen rato juntos de los afanes de los chicos, intrigados por el contenido de tanto bulto... no dudo que ahora, a dónde te has ido, sigues siendo el mismo: sencillo, ligero de equipaje...

O esa cerveza fresca en medio del calor del Caribe que tomamos para que yo, como adolescente, te confesará que guardo en un rincón de mi casa, en México, algunos ejemplares del “Mercury”, con tus notas todavía frescas, todavía ciertas... por ese entonces, 1996, algún viejo amigo de tiempos duramente humanos recordaba mi amor por la Revolución Sandinista y tuvo a bien enviarme los diarios para que leyera lo que estabas descubriendo: los Reagan, los North, los asesinos de siempre habían traficado cocaína para pagar la más cruel de las guerras en América Latina durante los años ochenta... nunca te dije que mi amigo es nicaragüense, que lo conocí hace más de dos décadas, que peleó una revolución por su vida y las de sus hermanos, que conocía la brutal cotidianidad de los frentes de guerra de la Contra y que, al enviarme tus textos, lo hizo con una nota de esperanza, no por ganar nada ni por conseguir algo, simplemente porque alguna vez, una sola vez, se supiera la verdad de tanta canallada viva...

Oye, ¿y te acuerdas que una mañana, hartos de escuchar a un tipo que ni siquiera nos caía bien, nos escapamos de una sesión de trabajo a tomar un café? Ahí sí que hablamos de lo que es ser periodista: media hora infame para contarnos algunos cuentos de aventuras, algunas desgracias y hasta algunas vergüenzas... de hecho creo que fue en la barra de esa cafetería que nos pusimos de acuerdo sobre cómo trabajar juntos, ya que sabíamos que, al menos por un mes, serías editor responsable de Narco News... y también, para nosotros nomás, hicimos un pequeño balance del taller de periodismo de investigación que habías coordinado en esa sesión de nuestra escuela... pinche Gary, era emocionante charlar contigo de esos temas porque los tenías todos muy claros. Por eso seguí escribiéndote todo este tiempo, porque con la dulzura que caracterizaba todo lo que hacías era más fácil tener todo claro, y seguir escribiendo, seguir cavando en este pozo de mierda: no dejar escapar los detalles, tener claro todo el tema que trabajamos, leer, anotar, escribir... Reed hizo un montón de notas sobre lo que en ese taller se dijo, me acuerdo...

Jefe Gary, perdona la digresión, pero ¿terminaste el libro que estabas trabajando? Me acuerdo que hace unos meses quedó todo en suspenso mientras conseguías trabajo, pero cuando me escribiste por última vez ya eras reportero de nuevo... así que supongo que sí, porque un periodista no deja el trabajo inconcluso, y tú eras de los mejores que conocido, que he leído... ahora, espero que a salga a la venta para saber en qué anduviste estos últimos meses... porque en verdad no lo sé, y esa ignorancia me hace llorar, jefe...

Sé, eso sí, que tú no jalaste el gatillo que disparó contra ti este fin de semana. Sé que a la muerte te estaban condenando con la soledad y el aislamiento, pero ni el New York Times, ni esos otros periódicos de mucho nombre y poca ética pudieron contigo (eras demasiado para ellos, con tu honestidad y tu tranquila fuerza)... y sé que con estas palabras apenas hago lo que dice nuestro cuate Bill Conroy que es mi labor como amigo: distraer al diablo media hora mientras cruzas esa puerta...

“No hay historia pequeña”, dijiste alguna vez para explicar cómo el tema más simple puede convertirse en una buena nota. “En todas partes hay fuentes para trabajar”... cuántas cosas te escuché decir, cuántas palabras tuyas leí para saber cómo se hacen estas cosas... cuantas veces pensé que sí, como dijiste, que debimos haber trabajado juntos una vez más... ¿sigue en pie la oferta, jefe? ¿Sigue la oferta de hospedaje y cervezas en pie? Porque ahora que te me has adelantado espero un día alcanzarte... y reír un rato juntos mientras escribimos nuestras notas...

Mientras, Gary, acá donde me he quedado (bastante más solo sin tu compañía), te digo lo mismo que me dijiste hace como medio año: “Mantén viva la lucha”. Yo, que supe del placentero honor de trabajar un poco contigo y ser amigo tuyo en esta distancia inútil, sigo tratando de ser un buen hombre, y un buen periodista, porque ahora que has cambiado de casa, quedan todavía menos...

Cuídate, jefe Gary, y si te da por comunicarte, manda un reportaje, sobre lo que sea (hasta sobre el sexo de los ángeles)... yo me quedo esperando, haciendo búsquedas abiertas en Internet por tu nombre, un poco enojado por no haber vuelto a encontrarte... y triste, porque allá donde estabas no te merecieron lo suficiente para que te quedaras...

Un abrazo enorme

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