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Reporter's Notebook: Al Giordano

El COHA difama a los Zapatistas

El Consejo de Asuntos Hemisféricos (Council on Hemispheric Affairs, o COHA, en inglés), con sede en Washington, demostró la semana pasada que el camino “liberal” puede estar pavimentado con buenas intenciones… pero aún tiene como destino el infierno.

Una organización “bienhechora” como COHA, dirigida por el veterano observador de Latinoamérica, Larry Birns, utiliza a internos, por lo general recién salidos de la universidad, para escribir borradores de los reportes de investigación que son distribuidos ampliamente a la prensa sobre noticias y política a lo largo del hemisferio. De acuerdo a algunos exinternos, el borrador llega al escritorio de Birns para la edición final. Muchos de estos reportes han sido de gran ayuda para sacar a la luz información verídica. Pero a veces ha habido algunos que pierden el foco hasta extremos vergonzosos. Cuando una organización gringa como COHA hace investigaciones sobre los movimientos políticos de los pueblos económicamente empobrecidos al sur de la frontera (que a fin de cuentas reciben muy poca cobertura adecuada en la prensa al norte de la frontera y merecen que ésta mejore), tiene la responsabilidad especial de hacerlo correctamente. Las consecuencias podrían no sentirse sobre la Avenida Connecticut N.W. en Washington, pero sí son sentidas acá abajo, a menudo traducidas en arrestos, encarcelamientos, torturas y asesinatos. Y más si esas acusaciones tienen que ver con cargos fraudulentos o asociaciones inventadas sobre narcotráfico y expresidentes corruptos, como acusó severamente el COHA la semana pasada en su “comunicado de prensa”, que se supone trata sobre México y la reciente alerta roja zapatista.

El documento del COHA llevaba un título bizarro: “Los zapatistas emiten una alerta roja general y vuelven desagradables recuerdos a México” (¿Es ese el título de un reporte de investigación? ¿O un libro de autoayuda personal sobre el síndrome de los recuerdos reprimidos?). Supuestamente el ensayo trata sobre el gobierno mexicano y los rebeldes indígenas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Pero al raspar la superficie, el “comunicado de prensa” del COHA emplea hechos falsos para sugerir una solución permanente y violenta a la guerra de exterminio contra la minoría indígena de México.

Supuestamente el texto es autoría del “investigador asociado” Federico Lozano. Una investigación en Google demuestra que Lozano no tiene experiencia alguna en analizar el tema (el COHA, sin embargo, pone a disposición al novato “zapa-experto” para entrevistas en inglés y español a los reporteros crédulos).

Sin embargo, su informe, inspirado principalmente en conjeturas, repite un reciente narco-rumor contra el movimiento indígena mientras provoca una vieja y desacreditada conexión con los criminales políticos que ha sido impulsada por el gobierno mexicano desde hace una década, pero rechazada por la sociedad civil y los Periodistas Auténticos como absurda y falsa.

La repetición de una narco-difamación

De acuerdo al COHA, en la alerta roja zapatista del pasado mes “al anuncio siguió una declaración el 19 de marzo (sic: la declaración fue hecha en junio, no en marzo) por las unidades de las fuerzas armadas mexicanas estacionadas en Chiapas, presumiendo la destrucción de 44 plantaciones de mariguana ‘en el área de influencia del grupo rebelde, mejor conocido como EZLN’. No obstante el 23 de junio el vocero presidencial, Rubén Aguilar, se retractó completamente de la anterior declaración, señalando que los plantíos se encontraban en realidad fuera del área del EZLN. Este desmentido probablemente salió al público por temor a las hipotéticas consecuencias desestabilizadoras de la Alerta Roja en el orden político y económico de México”.

Esta es una declaración claramente falsa del COHA. La aceptación del error del gobierno mexicano sobre el narco-rumor fue necesaria porque la mentira de la acusación inicial había sido descubierta por los periodistas, causándole una importante vergüenza pública al gobierno de México.

Aguilar es el secretario de prensa presidencial de Vicente Fox. El 23 de junio enmendó las declaraciones falsas de los secretarios de la defensa y de gobierno, pero no “por el miedo de las… consecuencias desestabilizadoras”. Sino que corrigió lo dicho, ya que fue ampliamente demostrado las acusaciones originales eran inventadas y estaban basadas en una ubicación geográfica errónea.

El día anterior a esa retracción, el 22 de junio, en el diario nacional mexicano La Jornada Hermann Bellinghausen escribió el artículo “Confunde Secretario de la Defensa la geografía zapatista”, documentando que los campos de mariguana estaban claramente en el exterior del territorio zapatista. También el mismo 22 de junio Narco News publicó algunos fragmentos del articulo de Bellinghausen y añadió más investigaciones y análisis propios: “México: La calumnia de narcos contra los zapatistas”. Otras agencias noticiosas en español, inglés y otros idiomas, también se unieron a la corrección.

El día siguiente, 23 de junio, muchos reporteros se lanzaron a exigir al secretario de prensa de Fox que explicara las discrepancias verdaderas de la geografía. Esto provocó el desmentido: el temor del gobierno de haber sido atrapado diciendo una mentira. No fue el temor de las “consecuencias desestabilizadoras” de la alerta roja zapatista, como inventó de la nada el COHA.

Un ataque macartista

En una sección particularmente dudosa del comunicado de prensa del COHA titulado “orígenes sospechosos”, el COHA asegura:

“The fact that several of Mexico’s most criticized political leaders have been allegedly linked to the origins of the EZLN, if true, makes the Zapatista movement more than just a cause in search of indigenous rights.  One of these is Raúl Salinas, the ex-president’s elder brother…”

En español:

“El hecho de que varios de los líderes políticos más criticados de México hayan sido relacionados con los orígenes del EZLN, si resultara cierto, haría que el movimiento zapatista se convirtiera en algo más que una causa a favor de los derechos indígenas. Uno de ellos es Raúl Salinas, el hermano mayor del expresidente…”.

¿Encontraste el detalle en la frase, querido lector? Sobre todo en la manipulación especial de las palabras: “El hecho… si resultara cierto”.

El escritor quiere que creamos un chisme que no puede demostrar. Así es como comienza a declarar que es un “hecho” y luego entierra su calificación con la idea “si resultara cierto”. Él sabe muy bien que no es verdad, pero sigue repitiendo la enorme mentira disfrazándola con el poder del “hecho”.

Más adelante en la declaración de prensa del COHA, después de mencionar una lista extraña de posibles conspiradores entre los zapatistas y los hermanos Salinas que data de hace tres décadas, Lozano añade otra reflexión: “Todas estas son acusaciones, no hechos comprobados”. Bueno, si no son hechos comprobados, ¿por qué hay que verter tanto análisis en ellos?

El escritor revela entre tal descuido que está al tanto de que propaga una mentira. No revela sus motivos o sus puntos de vista personales sobre por qué desea que uno se trague una acusación que no puede documentar. Pero de alguna forma hizo que su artículo pasara por Larry Birns y ahora tiene plasmada la firma del COHA, y ahora la mentira se ha esparcido a lo largo de medio mundo antes de que la verdad pueda ser revelada como es.

Las difamaciones del COHA continúan:

“Raúl Salinas, mejor conocido como el ‘hermano incómodo’, según publicaciones nacionales tuvo supuestos vínculos con las facciones maoístas tradicionales de México durante la década de 1970 y 1980. Los movimientos Antorcha Campesina, así como Política Popular, fueron identificados por la revista mexicana Proceso como los posibles precursores del EZLN”.

Después de todo, ¿qué sería de un rumor al estilo macartista de “culpar por asociación” sin la referencia obligada a las “facciones maoístas” que se parecen tanto a la terminología del cazador de comunistas?

La acusación de Lozano está inspirada en un artículo de la revista semanal y nacional Proceso, y está redactada de tal forma que demuestra la ignorancia del COHA y de Lozano sobre la historia política mexicana. Por ejemplo, el grupo Antorcha Campesina jamás ha sido relacionado en lo más mínimo o por fuente alguna con los zapatistas, y tampoco por el articulo de Proceso, aunque el COHA asegure que así fue. Como saben todos los mexicanos, el grupo Antorcha es una fachada clara del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI), ante el cual se levantó en armas el EZLN para derrocarlo.

Y en lo que se refiere a Política Popular y a otros integrantes de la plétora de brigadas izquierdistas que existieron en México en los setentas y ochentas, casi cualquier activista estudiantil de esa época –muchos de los cuales tienen hoy en día posiciones de poder en todos los partidos políticos y en el empresariado– participó en marchas o en grupos celulares en estos supuestos grupos radicales. ¿Eso los relaciona directamente con los zapatistas o viceversa? Por supuesto que no: ¿entonces por qué los gimnastas retóricos intentan hacer que tal basura tenga cabida en un comunicado de prensa del COHA?

Lozano parece idear una teoría de la conspiración de “seis grados de distancia” casi de la nada. Su lógica es que si el desafortunado Raúl Salinas de Gortari y Carlos, su hermano narcopresidente, estuvieron involucrados con la política de izquierda durante la universidad y algunas personas fueron asociadas (o no, ya que ni el COHA ni Lozano lo documentaron) con movimientos políticos de izquierda durante esa misma época y luego tuvieron algo que ver con los zapatistas, entonces existen “orígenes sospechosos”, que de acuerdo al investigador y a su institución “hace al movimiento zapatista algo más que una causa justa por los derechos indígenas”.

¿Cuántas cosas están equivocadas en esa declaración? Los zapatistas siempre han dicho abiertamente que son “más que una causa por los derechos de los indígenas”. El juego de insinuaciones de Lozano es innecesario y nada verídico en su discurso y en sus objetivos, como si él los estuviera descubriendo por que son como ellos dicen ser. En una palabra, sus acciones son maliciosas.

¿Pero porqué Lozano no sale a la luz y dice lo que se propone: que el narcopresidente Carlos Salinas y su “hermano incómodo” (lo que Federico traduce como “uncomfortable brother” aunque la palabra “inconvenient” sería mucho mas correcto) creó a los zapatistas para que tomaran las armas contra su propio gobierno, para destruir a su propio partido político, para dar origen a la situación actual en la que los dos hombres viven bajo la investigación de varios gobiernos, convirtiéndolos en un fugitivo y en un pájaro presidiario, ya que estos locos hermanos Salinas han estado jalando los hilos de los indígenas de Chiapas desde entonces?

¿No tratan de lograr eso las acusaciones? Lozano no puede decirlo en voz alta porque es claramente ridículo. En cambio prefiere insinuarlo, engañando al lector para que desconfíe de este movimiento indígena, sugiriendo fraudulentamente que los zapatistas no son lo que parecen ser, como si no pudieran probar lo contrario durante doce años que han mantenido su palabra bajo intensa vigilancia.

Pero aún Lozano y el COHA tomaron lo que en esencia fueron trascendidos chismográficos y reflexiones del articulo de la revista Proceso (cuya información se centró más en señalar la irónica coincidencia de que Raúl Salinas, cuando era joven, se involucraba con la militancia de izquierda y tenía contactos entre uno de esos grupos y el arzobispo de Chiapas) y los convirtieron en la tesis central para su comunicado de prensa.

Es un hecho que hay una clase alta de mexicanos que hablan y piensan en inglés (Vicente Fox, es el ejemplo perfecto, así como Carlos Salinas, por la oligarquía que cayó en desgracia). Y también es un hecho que en esos nobles círculos la gente siempre ha buscado teorías de la conspiración en las que “alguien debe de estar detrás de esos malditos indios”. En esencia es una forma de racismo alguien que piensa “es obvio que los indígenas no pudieron organizarse a sí mismos en una fuerza tan potente” y por tanto, en conclusión, debe haber alguna figura oscura detrás de ellos.

Los mexicanos y la inteligencia de Estados Unidos y sus jefes han apoyado durante doce años esas teorías de la conspiración, a través de esos crédulos aspirantes a oligarcas y de sus niños consentidos en las universidades de prestigio porque, a fin de cuentas, los zapatistas son lo que dicen ser y ese es un motivo de vergüenza internacional, por la forma en que se ha tratado a los indígenas desde hace siglos hasta estos días. También los fanáticos de arriba han impulsado estas fantásticas teorías de la conspiración, empleando periodistas en renta como Bertand Lagrange, excolaborador de Le Monde en Francia, y Maite Rico, excolaboradora de El País en España, para escribir seudolibros inspirados en documentos de gobierno que tratan de probar estas teorías descerebradas sobre los zapatistas y sus supuestos orígenes.

(Por ejemplo, Lagrange y Rico, en especial, hicieron acusaciones de que mi buen amigo y colega, el periodista mexicano Mario Menendez, ¡fue a Chiapas como colaborador de los primeros organizadores de los zapatistas en la década de 1980 y les ofreció un bombardero B-52, cortesía de Fidel Castro, para ayudar a la guerra de guerrillas! La ridiculez de tales acusaciones ha enterrado a estos autores en el basurero de la historia. Ahora Lozano y la COHA parecen estar dispuestos a saltar dentro junto a ellos).

¿De dónde viene toda esta falta de respeto y racismo contra los indígenas? Y más preocupante, ¿cómo es que COHA terminó patrocinando a estos difamadores salvajes?

Lozano y su claro llamado a la violencia de Estado

Los objetivos transparentes en el comunicado del COHA han sido revelados por sus propias declaraciones. Dice en los encabezados inferiores:

“México debe resolver pronto el asunto de la situación del EZLN si el país desea aumentar la confianza de los inversionistas y quiere participar en el mercado mundial como un jugador internacional confiable”.

Esas son palabras escalofriantes y evocan el memorando del Chase Manhattan Bank de 1995 que llamaba al estado mexicano a aplastar la rebelión zapatista. Aquel memo decía:

“El gobierno deberá eliminar a los zapatistas para demostrar su control efectivo del territorio nacional y de su política de seguridad”.

Al tararear armónicamente ese intento de 1995 para que el gobierno mexicano buscara una “solución final” para eliminar a los zapatistas militarmente, Lozano asegura lo mismo al sugerirle al presidente Vicente Fox que será recordado con cariño por la historia si comete un poco de genocidio:

“Si la situación no cambia en el futuro cercano las tensiones crecerán hasta que los enfrentamientos con los zapatistas sean inevitables, haciendo retroceder los constantes esfuerzos de Fox para hacer de México un ambiente estable y seguro para los inversionistas… de hecho Fox podría concluir que un encuentro armado con los zapatistas sería tan bueno para su imagen como para su legado, una vez que termine su encargo. Sus compatriotas mexicanos podrían estar dispuestos a decir (de acuerdo a la forma de pensar de Fox) que el presidente estaba dispuesto a preservar la soberanía y la cohesión de México a cualquier precio”.

(La aseveración de que los zapatistas son de alguna forma una amenaza a la soberanía y a la cohesión de México, como si México tuviera actualmente una verdadera soberanía o cohesión, también fue creada sin base alguna y no refleja nada cercano a la realidad).

Lozano y el COHA continúan:

“…si México desea ser percibido internacionalmente como un país que está preparado para competir con los pesos pesados de China e India en el comercio internacional, necesitará resolver el problema del EZLN con prontitud. Si los políticos del país fracasan al hacerlo por las fricciones internas de sus partidos o por la lucha interna por el poder, los pasos constantemente aplaudidos y a menudo criticados que da México hacia el desarrollo y que iniciaron con el TLC (Tratado de Libre Comercio / North American Free Trade Agreement) en 1994, disminuirán rápidamente”.

Ahí lo tenemos. COHA se pronuncia por una solución violenta y final para exterminar a los zapatistas indígenas de Chiapas para salvar el “aplaudido” Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

Cada uno de los comunicados de prensa del COHA asegura que la organización fue halagada en el Congreso de los EU como “uno de los cuerpos más respetados de académicos y constructores de políticas de la nación”.

Después de esta insinuación llena de falsedades contra los zapatistas, así como su llamado sangriento a la violencia estatal para “resolver con prontitud el problema del EZLN”, el COHA es menos respetado hoy en día.

COHA le debe una disculpa no sólo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional sino a todos los indígenas que sobreviven de la tierra y que tienen sus bases en Chiapas, México, y en cualquier parte.

Llamar narcotraficante a una persona pobre o asegurar que tiene relaciones con un político acusado de narcotráfico, es en sí mismo difamatorio. Pone a la gente inocente bajo un riesgo más grande de ser encarcelados o de sufrir torturas. Es injusto. Es un comportamiento abusivo inspirado en falsedades y refleja la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica que emana de Washington, en contraste con los mismos abusos e injusticias que el COHA asegura rechazar. La mentira termina aquí.

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