por Bill Weaver e
Irasema Coronado
Luis Posada Carriles apareció en corte ayer para comenzar a presentar su caso de asilo y permanecer en Estados Unidos. Fortalecido y más enérgico que su audiencia de julio pasado, habló con una voz que revela su edad pero que apenas esconde la ferocidad que ha alimentado su vida como el quizá más prolífico terrorista en el hemisferio occidental. La baba caía frecuentemente de su boca, aún cuando incesantemente limipiaba sus labios con una servilleta: la consecuencia de balazos aparentemente asesinos a su rostro en Guatemala en 1991. Cuando los abogados del Departamento de Seguridad Nacional entraron a la sala, Posada inmediatamente para acomodar sus sillas, como un gracioso anfitrión haciendo espacio en su mesa a los invitados. Vestido en un traje naranja de presidiario y usando audífonos para la traducción, respondió las preguntas del juez William Abbott cortés, precisa y firmemente. Abbott preguntó a Posada si su solicitud de asilo era un recuento verdadero de los incidentes que relataba. Posada, con un chaleco a prueba de balas bajo su traje de presidiario, respondió en voz alta: Sí, señor, por supuesto.
Afuera, los manifestantes coreaban, pidiendo la extradición de Posada a Cuba o a Venezuela y colgaron fotografías de las 73 víctimas del vuelo 455 de Cubana, volado el 6 de octubre de 1976 por Posada, su colega terrorista Orlando Bosch y dos empleados de Posada. Dos hermanas de Raymond Persaud, una de las víctimas de Cubana de Aviación, rogó para que le permitieran estar en la audiencia y ver al hombre que destruyó a su hermano, pero los asientos estaban solamente disponibles para los medios. Mientras el gobierno de Estados Unidos niega su involucramiento en el bombazo al avión, la evidencia indica que el director de la CIA en ese tiempo, George H. W. Bush, estaba al tanto de la conspiración y no hizo nada para adevertir a los cubanos.
Mientras los bloqueadores en la calle lanzaban su mensaje de recuerdo por el asesinato a través de los micrófonos, en la sala la abogada en jefe del gobierno, Gina Garrett-Jackson, anunció en una declaración pública que el gobierno no rebatiría la afirmación de Posada de que su extradición a Cuba podría violar la Convención contra la Tortura (CCT). La CCT, entre otras cosas, prohibe la extradición o el regreso de personas a países donde es posible muy posible que sean sometidas a torturas. Ratificada por Estados Unidos en 1994, y apoyada por varios estatutos, el gobierno de Bush, a través de Garrett-Jackson, estaba solamente muy contento de implicar públicamente que la extradición a Cuba de Posada podría resultar en su tortura. Es el mismo gobierno que secuestró a Maher Arar, ciudadano canadiense, en Nueva York y lo hizo volar encadenado y embozado al Oriente Medio para ser entregado al gobierno sirio para que fuera torturado durante meses. Justificando estas acciones por la afirmación de que Arar estaba asociado a conocidos miembros de Al Qaeda, se supo sin embargo que Arar no tenía nexo alguno con terroristas. Es similar desconocimiento de la ley, Bush ha enviado sospechosos de terrorismo a Uzbekistán, donde la tortura a prisioneros es común y donde los interrogadores a veces hierven a sus cautivos hasta la muerte. El gobierno de Bush ha realizado docenas de estas entregas extraordinarias, secuestrando y entregando para su tortura a personas en terceros países, y pareció poco preocupado sobre la CCT en esas ocasiones. En este caso, como sea, un conocido terrorista que ha participado en numerosos actos violentos y mortales contra objetivos civiles recibe a pesar de todo protección meticulosa bajo la CCT, protección que a Maher Arar, que no era para nada un terrorista, le fue negada.
Aunque inútilmente, Posada llegó preparado con testigos listos para explicar por qué la CCT prevendría una entrega a Cuba. Posada tenía amigos preparados para testificar que su extradición a Cuba resultaría en su tortura bajo el régimen de Castro, y el señor René Cruz, que afirmó haber estado en prisión en Cuba de 1962 a 1979, luego de su captura durante la invasión a Bahía de Cochinos, estaba claramente molesto por el predicamento de Posada. Nos dijo que visitó a Posada el domingo pasado y que el acceso al edificio era como un circo, y que Sería una ingratitud del gobierno de los Estados Unidos [negarle el asil], ya que Él ha estado a la disposición de todos en las fuerzas armadas, él fue oficial del ejército americano.
Con la extradición a Cuba predeciblemente fuera de la jugada, Posada debe ahora convencer al juez Abbott de que la extradición a Venezuela es asimismo una violación a la CCT. Pero el gobierno ha decidido retraerse en este punto. Hablando sobre la solicitada extradición de Posada por parte de Venezuela, la señora Garrett-Jackson eligió con cuidado sus palabras, explicando que el gobierno se reservaba su posición acerca de la solicitud venezolana de extradición hasta que los departamentos de Estado y de Justicia pudieran ser consultados sobre ellos y el testimonio y la solicitud de Posada fueran evaluados. Pero el tono fue muy diferente del que uno esperaría normalmente en una acción contraria, donde los abogados del gobierno normalmente rechazan con fuerza los argumentos de defensa. En este caso, el gobierno optó por el bádminton en vez de la pelota caliente, lo que dejó una impresión distinta de que los recientes contratiempos con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pudieran influir en la decisión del gobierno sobre la extradición de Posada. Cruz se mofó de la idea de que Posada pudiera o debiera ser extraditado a Venezuela, describiendo a Hugo Chávez como la Primera Dama de Cuba y ¿Has visto un enamoramiento como el del Cuba y Venezuela?.
Igual, con pocas opciones, los abogados de Posada concedieron que estaba ilegalmente en los Estados Unidos y que era deportable sobre esa base, si no por otra. El juez Abbott preguntó entonces si el gobierno tenía alguna preferencia sobre a dónde podría ser deportado Posada, si se llegaba a ello, y el gobierno admitió que si la deportación se hacía, debería ser a Venezuela.
Mientras salíamos de la sala de corte, Posada se volteó a mirar a la excitada multitud y lanzó una enorme sonrisa, una sonrisa que René Cruz regresó y saludando con la mano derecha. Cruz nos miró luego y preguntó ¿A quién se lo van a mandar?. La respuesta es probablemente a nadie; hay pocas oportunidades de que Bush mande a Posada a las manos de gente a la que él y su familia han combatido por décadas. Posada es su empleado, su espíritu, su amigo.