Nuevo Laredo: La ley marcial es un espectáculo mediático en la fallida guerra contra las drogas

“No estamos en la era de Al Capone o de la Prohibición”.

-Jefe de policía Alejandro Domínguez, antes de su muerte

Es un sueño húmedo para los periodistas de los medios comerciales: el nuevo jefe de la policía mexicana en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo (Tamaulipas) llegó al cargo el pasado miércoles. Nueve horas después fue balaceado. El embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, rápidamente emitió un comunicado de prensa, tocando las notas de la canción de se los advertí: “Hace unas semanas le pedí al Departamento de Estado que publicara un aviso público sobre la violencia imperante en la región de la frontera”. Para el sábado el presidente mexicano Vicente Fox envió un convoy de policías federales hacia el camino de acceso de un club campestre cerca de la ciudad y terminó con un tiroteo con la policía municipal. Los editorialistas comenzaron a salivar: “Hasta que México tome medidas agresivas para luchar contra el crimen y combatir la violencia que se ha desbordado a las calles, el país se mantendrá inseguro para los residentes y los turistas”, sermonea un texto prefabricado en el San Antonio Express-News, que en un irresponsable acto de la pluma declaró al país –a una nación entera, no sólo a la ciudad fronteriza– insegura.

Pero como declaró ayer un agente de la Aduana de EEUU en un extraño momento de lucidez, ni todo este gran espectáculo de fuerza podría hacer sentir seguro a alguien.

La historia de Nuevo Laredo bajo la Ley Marcial puede servirnos para una gran película de Hollywood, y hasta para avergonzar al mismo Steven Soderbergh, y hace que los corresponsales de la prensa jadeen y parloteen, sintiéndose valientes por tomar las declaraciones oficiales desde sus cuartos de hotel en la frontera. Ninguno de ellos, todavía, ha investigado o ha hecho preguntas sobre los motivos sistémicos de la violencia. ¿Y por qué tendrían que hacerlo? ¡Los medios comerciales adoran la violencia! Les ayuda a vender periódicos, aumenta los raitings y sin duda les concederá premios a los peores infractores entre los simuladores de profesión.

El lunes Fox envió a las Fuerzas Armadas a ocupar la ciudad y detuvo a 720 oficiales de policía para interrogarlos, someterlos a pruebas poligráficas y de orina para detectar drogas, decomisándoles sus teléfonos celulares, pero no sus armas, en el caso de uno que se quitó la vida la noche de lunes mientras era interrogado, según la oficina del procurador general de justicia.

Pero de acuerdo a un  agente franco del Departamento de Seguridad Interior del Buró de Inmigración y Procuración Aduanal (ICE), todos estos gastos y este derroche de fuerza no servirán para hacer sentir segura a la población.

“Cuando el gobierno mexicano los presiona, es como una fumigadora, y cruzarán la frontera como cucarachas”, dijo Al Peña, que encabeza las investigaciones delictivas para el Buró de Inmigración y Procuración Aduanal”, reportó el Houston Chronicle. Desde luego que el agente para no perder la seguridad de su empleo tuvo que retroceder y ponerle una cara feliz a todo el asunto: “Creo que podremos ver resultados positivos, pero es desafortunado que toda esa gente tengan que morir para llegar a este punto”.

Es la prohibición, estúpido

Alejandro Domínguez, el jefe de policía masacrado le dijo a los reporteros el pasado enero: “No estamos en la era de Al Capone o de la Prohibición”. Sí, claro. Este es un epitafio muy apropiado para su tumba.

Al menos en cierto grado el jefe de la policía tenía razón: Durante la época de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos (1918-1933), a diferencia de hoy, México no adoptó esa política. El sitio Tijuana.com, de otra famosa ciudad fronteriza mexicana, resume:

“En 1917, San Diego prohibió los bailes de cabaret. Tijuana se aprovechó de esta idiotez construyendo muchos centros nocturnos y casinos. Para entonces la volátil comunidad de Hollywood ya se había enterado de Tijuana y de sus irresistibles tres horas de distancia por la costa californiana. El viaje terminó por convertirse en un peregrinar cuando en 1920 los Estados Unidos lanzaron la prohibición y volvieron ilegales las bebidas alcohólicas. ¡Tijuana recibió gustosa, con los brazos abiertos (que nunca se han cerrado) y con una vida nocturna que jamás duerme, a los sedientos ciudadanos estadounidenses!”

Nuevo Laredo, hasta hace muy poco tenía una vida nocturna muy popular, igual que Tijuana (en gran parte por las estrictísimas leyes para poder beber y por la procuración de justicia en el lado de los Estados Unidos). Pero como reportó el diario El Mañana, acabó la era dorada de los restaurantes. Los bares Tex-Mex de mal gusto como el “Señor Frog’s” (o las cadenas de “Carlos & Charlie’s) son otros aguajes gringos que han cerrado sus puertas en el centro histórico de Nuevo Laredo, aún desde que las “advertencias para el viajero” del Departamento de Estado comenzaran a asustar a los texanos.

“Nuestra clientela es 80 por ciento norteamericana y 20 por ciento nacional”, le comentó a El Mañana Pablo Longoria, propietario del restaurante Dorado en Nuevo Laredo. “Uno puede ver cómo está la situación: no hay clientes”.

De nueva cuenta México tiene que cargar con la “Guerra contra las Drogas” de los Estados Unidos y se encontró con la ley marcial en Nuevo Laredo. El columnista político mexicano, Carlos Ramírez, se pregunta si esta es la más reciente maniobra “que podría ser el primer paso a un Plan Colombia para México”.

El martillo ha caído sobre Nuevo Laredo, hoy una ciudad en estado de sitio. Pero mientras los gobiernos mantengan una política prohibitiva a las drogas (en vez del tipo de normatividad que en 1933 terminó con una violencia parecida que alguna vez rodeó a la prohibición del alcohol en los Estados Unidos), el narcotráfico y toda la violencia pandillera que lleva consigo seguirán sin parar.

Es como la bola de golf bajo la alfombra: Aplastémosla bajo Nuevo Laredo y saldrá en otra parte, como admitió el agente de Seguridad Interior.

México no necesita un “Plan Colombia”. Necesita un “Plan Tijuana”, del tipo que existió en 1920. Cuando se trata de acabar con la guerra contra las drogas, México es una esposa golpeada. Necesita divorciarse de la brutal prohibición que le ha impuesto históricamente una boda improvisada con las políticas antidrogas de los Estados Unidos.

Traducción: Eric Moncada

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