El día en que renunció Mesa

Ayer, cientos de miles de bolivianos inundaron La Paz, para exigir que se nacionalicen  los recursos energéticos, dando inicio así a  la tercera semana que cumple esta fase de la guerra del gas en Bolivia. Aunque quizás fue la marcha más grande de la historia reciente de este país, esta se constituyó solamente como la parte más visible de algo mucho mas grande.   Mientras las calles de La Paz se convirtieron en ríos de personas, wiphalas, pancartas, y banderas, los paros y bloqueos por todo el territorio nacional seguían haciendo posible una mágica estrategia: El Alto ha estado paralizado por días; La Paz se ha convertido en una isla virtual, con bloqueos en todas las entradas, sin combustible y sin algunos alimentos; Cochabamba y Potosí están colapsadas por los manifestantes. Hay mas de 70 bloqueos que hacen impenetrables las carreteras nacionales y que impiden el paso de todo tipo de transporte. Desde cualquier aspecto, fue un día distinto a todos los demás.  

Ya por el mediodía, la gente había llenado San Francisco para llevar a cabo un cabildo abierto que demostró cuanto estaba creciendo la unidad y la confianza. Luego de unos minutos de clausurar el cabildo para cercar la Plaza Murillo, Los policías, implacablemente, mandaron una lluvia de gas y balines a la multitud, en todas las direcciones. Una hora después, la policía empujó, cuadra por cuadra, a los manifestantes , alejándolos cada vez mas de San Francisco y la Plaza. Mientras subíamos desde Plaza Murillo, podíamos escuchar, a lo lejos, las explosiones de dinamitazos (manifestantes) y cartuchos de gas (policía.

Por efecto de los gases, todos tenían los ojos rojos y la nariz afectada pese a las hojas de coca o a que se habían puesto papel higiénico dentro de las fosas nasales para protegerse.  Fue entonces - antes de que los ojos pudieran recobrar su claridad, antes de que siquiera pararan las explosiones-cuando recordé otra vez la increíble fuerza y voluntad del pueblo boliviano.

“¡Bajaremos!”,empezó a gritar la gente. Y luego de un rato, la gente que se encontraba en nuestra esquina fue  más abajo, a una zona  cada vez más nebulosa. Teniendo  en cuenta que los compañeros que bajaban  estaban escribiendo la historia, Luis Gómez y yo lo hicimos también. Las próximas horas pasaron como olas: la gente formó una cruz cerca de la Plaza Murillo, o se congregó en San Francisco. Como siempre,  la policía al notar la presencia de una masa crítica emprendió la dispersión.

La calles se habían calmado al anochecer, pero los rumores no. Todo el día se había especulado sobre como el gobierno y/o las fuerzas armadas responderían a los hechos de hoy y a la creciente presión de los paros y bloqueos. No era muy claro si Mesa iba a renunciar, de un momento a otro; si habría un golpe militar derechista, o si tendríamos que esperar hasta hoy para que se emprendiera alguna acción decisiva. Pero todo se aclaró a las 9:45 pm, cuando Mesa renunció ante el Congreso Nacional en un discurso transmitido en vivo desde el palacio.  

Aunque pareciera un hecho decisivo, la renuncia de mesa produce mas preguntas que respuestas, pues mientras mucha gente en las calles quema muñecos que lo caricaturizan, su renuncia no parece tener mayores implicaciones con respecto a las demandas por la nacionalización.

Existen varias complicaciones: Primero, la efectiva renuncia al poder de Mesa depende todavía de la aprobación parlamentaria, y no sabemos cuando se haría esta sesión en el congreso, ni como se votaría. Segundo, quien tiene derecho a sucesión, Hormando Vaca Díaz, el Presidente del Senado, es de corte derechista y autonomista. Tiene un apoyo muy mínimo afuera de Santa Cruz y es rechazado por los movimientos sociales. Su llegada al poder solo ocasionaría una oposición izquierdista feroz;tercero, si se propicia que Vaca Díez también renuncie, habría que convocar a nuevas elecciones en tres meses. Esta es, en teoría, la mejor opción que hay sobre la mesa y, de hecho, es  lo que el MAS y otros movimientos sociales exigen. Sin embargo, las elecciones en sí no se constituyen como un aporte para lograr la nacionalización de los recursos naturales de Bolivia.  Los grupos izquierdistas tendrían que trasladar el ímpetu de las calles a las urnas si quisieran que los resultados de esta batalla tuvieran efecto en su objetivo principal. En un país donde la gente tiene poca fe en sus funcionarios públicos ( quizás con mucha razón…), esta es una tarea bien arriesgado y difícil.  

La cuarta complicación - y quizás la más importante ahora - se refiere a lo que sucedió hoy. El Congreso no va a sesionar pese a su promesa, lo que quiere decir que  las inquietudes anteriores probablemente quedarán sin respuesta. Basada en las reacciones inmediatas de los dirigentes sociales, la renuncia de Mesa sólo fortalece el empeño de la gente. Los bloqueos y los paros siguen vigentes. Los trabajadores de La Paz anunciaron ayer que a partir de hoy darían inicio a un paro indefinido. Todos los que estuvieron presentes ayer  en las calles, piensan volver a ellas mañana, junto con otros. Los mineros y la mayoría de los campesinos del altiplano - los dos movimientos mas aguerridos - se harán presentes. Con la adición de estos, y la creciente intolerancia que la policía mostró ayer, los sucesos de hoy podrían ser distintos a todo lo que hemos visto hasta el momento.  

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